eseitís y vacaciones

6 Nov

¡Vacaciones de noviembre! Esa semana sin clase para la que ya estábamos contando los días hace un mes. Desde el jueves se han ido yendo los distintos grupos, mañana se va el resto: el de Praga, los que se van a Berlín, de los que me he despedido con un poco más de envidia (de la buena, por supuesta), los nórdicos, de los que la mayoría se va cada uno a su casita… Las comidas son mucho menos ruidosas, el campus está más vacío y no es tan difícil pillar una lavadora libre en Uncle Tom’s Cabin. La verdad es que cambia todo el ritmo del colegio, sobretodo durante el fin de semana, los dos primeros días de las vacaciones. La piscina está llena de gente, se usan más las cocinas de las casas para hacer bollos de canela y calentar pizzas y cuando bajo al pasillo de Denmark House, parece que Dios acaba de repetir la jugada de la torre de Babel: todos aprovechan para “eskypear” con sus familias, que seguramente ya los daban por desaparecidos: Omar en árabe, Jimmy en español, Axel en sueco… Se agradece mucho este ambiente relajado, después de los últimos meses…

Para mí no ha sido un comienzo tan idílico, ya que ayer escribí mi SAT (pronunciesé “eseití”) 1, un examen necesario para estudiar en los Estados Unidos. Es algo a lo que he tenido rabia desde que comenzó el año. El SAT, o Standard Aptitude Test 1 es un examen que supuestamente evalúa nuestro conocimiento básico en matemáticas, comprensión lectora y escritura, pero en realidad no funciona, al menos no para nosotros. Viene de un sistema educativo completamente distinto tanto del que estábamos acostumbrados en nuestros países de origen como del que usamos aquí. En los colegios de secundaria estadounidenses se prepara a los estudiantes para estos exámenes con prácticas constantes, metiéndoles la estructura, la forma de contestar, el control del tiempo en la cabeza, mientras que para nosotros es algo completamente nuevo que se añade a todo el trabajo que tenemos ya de por sí, que además tenemos que pagar y para lo que adquirimos un conocimiento que no nos sirve para nada más que para esas seis horas. Eso sin contar que para nosotros el inglés es nuestra segunda o tercera lengua.

La experiencia en realidad no fue tan mala. No estaba nerviosa, porque estaba convencida de que había hecho lo humanamente posible por estar preparada, y sabía más o menos lo que me esperaba. Además, no era la única, éramos como treinta personas los que nos levantamos el sábado a las siete de la mañana y nos fuimos con nuestra calculadora, dos lápices del número dos, una goma, un sacapuntas y algo para picar al Hoegh. El corrillo que se formaba en los descansos alrededor de una bolsa de pan de pipas del Hacendado casi se podría describir como “koselig” (unos post atrás escribía sobre la imposibilidad de traducir este adjetivo, que se puede usar para describir tanto un gato ronroneando en tu regazo como una tarde que pasas en tu rincón con té, chocolate y una buena amiga). El examen consiste de diez secciones de preguntas tipo test: tres de matemáticas, tres de escritura (una de las cuales es un ensayo), tres de comprensión lectora y una décima que puede ser de cualquier grupo y se usa para estadísticas, pero no influye en nuestra nota. Claro que nosotros no sabemos cuál es. Las secciones duran 20, 25 o 10 minutos y lo que más fastidia no es la dificultad de las preguntas, sino el poco tiempo que hay para contestar y la velocidad a la que hay que pensar. En general, creo que no me salió mal. Las secciones de matemáticas fueron mis preferidas, ya que no eran especialmente retorcidas y siempre me ha gustado resolver problemas. Sin embargo, en las secciones de inglés hubo algunas preguntas en las que dudé bastante. Por un lado, encontrando minúsculos errores de gramática y eligiendo la mejor alternativa entre cinco opciones que en muchos casos eran bastante similares, o encontrar la palabra que mejor encaja en un hueco entre un puñado de términos que parecen sacados de un tratado sobre lingüística, escrito encima por alguien extremadamente redicho. Menos mal que al menos tenía la ventaja de hablar una lengua romance, con lo que pude reconocer las raíces latinas y deducir los significados de algunas palabras, pero aún así… Por otro lado, había preguntas sobre la intención del autor en distintos textos, la relación entre dos extractos, etc., y las opciones eran tan parecidas y abstractas que a veces tenía la sensación que al menos tres de ellas eran perfectamente válidas y justificadas, y no se trataba de responder lo que creías correcto, sino lo que creías que el SAT consideraba correcto… En fin… Luego las universidades son comprensivas y tienen en consideración que tenemos desventaja, pero es frustrante estar sentada ahí seis horas y pagar 78 dólares sólo porque quieren que pasemos todos por el mismo canal. Me pregunto a dónde va todo el dinero…

Como dice nuestra profesora de español, aquí todo con alegría. Así que mañana me apuntaré para los SAT 2 de diciembre. Esos son más cortos y van por asignaturas. De nuevo, da absolutamente igual que asignaturas escoja – lo que quieren es un papel que diga que he tomado dos SAT 2. Así que para mí será alemán y mates, probablemente. Casi me da vergüenza, pero bueno…

El caso es que lo he sobrevivido sin más secuelas que una sensación general de embotamiento y un ligero dolor de cabeza, pero creo que los daños no son permanentes. Así por lo menos tuve la excusa perfecta para no hacer nada de utilidad el resto del día. Me dejé mimar por Mia, mi primer año alemán con un té sabor a “flirteo atrevido” (suena mejor en alemán), me quedé dormida en la cama de Rodrigo mientras veíamos V de Vendetta por ser el 5 de Noviembre, me duché, me fui a cenar, pasé mi turno de socorrista escuchando el nuevo disco de Tom Waits que me ha pasado Max. Buenísimo, por cierto. Todavía no lo he escuchado suficientes veces como para acordarme de todas canciones, pero al menos New Year’s Eve es preciosa. Entre el saxo que se puede distinguir en el fondo, la letra y la voz del cantante casi se puede sentir sobre la piel la melancolía que aparece a veces alrededor de la Navidad… Los latinos andaban haciendo el tonto con las piraguas, la habitación 201 de Denmark House estaba intentando convencer a Ben de que se metiera en la piscina fría y Ieva y Vita, primer y segundo año de Lituania, disfrutaban de los chorros de agua.

Más tarde hice una olla enorme de palomitas, que sabían muy, muy, muy parecidas a las de Juanjo, y Rodrigo y yo nos las zampamos durante los primeros veinte minutos de El ataque de los clones. Casi me siento como si estuviera en Puentetoma, y estos días que tenemos visita de Elsie, la hermana pequeña de Olga, mi compañera de cuarto, es una pena que no pueda venirse Uli. Tengo la impresión de que se llevaría genial con gente como Rodrigo. Hoy probablemente haremos la otra mitad del paquete de maíz para acompañar La amenaza fantasma. Se han sumado también Álvaro y una promesa de bollos de canela… A ver si es verdad.

A partir de mañana sí que voy a ponerme a trabajar, pero de vez en cuando estos fines de semana sabáticos no vienen nada mal… Me tomaré el tiempo de escribir más a menudo, al menos durante esta semana. Un beso desde el relax absoluto…

4 comentarios to “eseitís y vacaciones”

  1. amilde 06/11/2011 a 10:47 pm #

    Bueno, me ha costado reconocerlo y pronunciarlo correctamente: es-ei-tí. Ya sabes, que el dinero siempre, SIEMPRE, se coge de los vivos. Así que no pienses demasiado en ello, que es peor.

    Yo también quiero escuchar… ups, vielleicht besser auf Deutsch: ich würde diese CD auch gerne hören. Lass sie also nicht in Flekke liegen, wenn du den Koffer packst.
    Die Aussichten auf etwas häufigere Blogeinträge sind verlockend. Ich meine, man trägt hier die Stille mit Gleichmut und Geduld, aber manchmal ist sie etwas bedenklich.

    Und wie ich lese, scheinen diese kleinen poppigen Kombinationen von “haute cuisine” und “haute cinemá” die ausgelaugten kleinen grauen Zellen schnell wieder auf die richtige Wellenlänge zu bringen…. Viel Spass!!!

  2. Rosa 07/11/2011 a 7:30 pm #

    Hola Lea, sólo unas líneas para darte las gracias por explicarme que es SAT…El otro día me comentó Jorge que un amigo suyo que está estudiando en New York tiene que hacer algo parecido para hacer el doctorado en música… Existen colonialismos de muchos tipos y muchas formas de recoger tributos: el cultural-educativo en forma de tasas por examen es una de las fuentes de riqueza en el mundo anglosajón… Sea como sea, seguro que te ha salido estupendo. Disfruta del relax y coge fuerzas para lo que queda hasta Navidad… Aquí (Madrid de mis pecados) llevamos varios meses de verde, protestando en defensa de la escuela pública. Esta siendo un comienzo de curso muy raro, cansado donde todo está bastante dislocado y una tiene la sensación de que los días van llegando casi sin avisar ni llamar a la puerta.Un montón de besos y hasta pronto, Rosa

  3. M. Laplana 11/11/2011 a 10:53 am #

    Lea permíteme una indiscreción respecto a los “eseteis” ¿son obligados para todos los alumnos de WCU o piensas completar estudios universitarios en los USA?
    Gracias y espero que los hayas superado con buenos resultados.

    saludos desde el sur del sur.

  4. Víctor Navarro 11/11/2011 a 7:58 pm #

    Lea, sólo quería darte las gracias por publicar este diario, ya que así, gente como yo (que estamos interesados en en hacer el bachillerato en los UWC) conocemos, por boca (letra en este caso) de una alumna, del día a día en RCN.
    La verdad, por lo que cuentas, es que tiene que que ser una experiencia alucinante, en la que, a parte de disfrutar mucho, también aprendes un montón.
    Si me permites, sólo una pregunta. Yo tengo un nivel de inglés de un chico normal en 4º de ESO, ¿es suficiente? Es que yo veo los vídeos que subes ( en los que sale gente de allí hablando en inglés y pillo cosas, pero la verdad, ¡si ahora mismo estuviera allí no me enteraría de nada!
    Pues si más preámbulos me despido sin decir nada más que gracias, gracias por contarnos el día a día en UWC de Noruega.
    ¡Adiós y ojalá pueda yo vivir esa experiencia el curso que viene!

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