bye bye, love…

25 May

Cuesta un poco escribir de nuevo cuando pasa cierto tiempo desde la última entrada. Se acumulan las cosas que contar, que aquí además tienen lugar en los extremos opuestos del espectro emocional, y aunque me gustaría contaros todo lo que ha pasado en estas semanas, es muy difícil, porque el presente es demasiado intenso como para que tenga tiempo de revivir el pasado. Ayer se fueron nuestros segundos años, acabaron sus dos años en el pequeño Flekke a las orillas del fiordo de Flekke, y cogieron sus maletas, cerradas a duras penas, con ayuda de pesos humanos y fuerzas sobrehumanas, y se metieron en sus autobuses, aviones, ferrys y trenes para regresar a sus casas, viajar por otros países o llegar a otros destinos.

Fue una despedida inmejorable, triste y alegre, “bittersweet”, que suena mucho mejor que agridulce, como son todas las buenas despedidas, amargas por el final que significan, pero dulces por los recuerdos que dejan y por los comienzos que pueden significar. Hubo una fiesta por todo lo alto, completamente loca e inolvidable en Flekke, y una ceremonia formal y emocionante, con varios discursos, uno divertido, otro verdadero, un baile que nos hizo llorar y canciones que nos hicieron bailar, con sonrisas de orgullo y los padres de Rafael, que agitaron la bandera de Venezuela cuando recibió su diploma. Siguieron besos salados y abrazos de dos, de tres, de más, de todos los latinos, deseos y felicitaciones y últimas palabras y regalos. Y se fueron.

Nos hemos quedado los primeros años, sintiéndonos un poco solos y abandonados bajo la lluvia, en un campus un poco más vacío y silencioso de lo acostumbrado. Pero nos tenemos los unos a los otros y de alguna manera, sobreviviremos. Después de algunas horas, para unos más, para otros menos, de abrazos, lágrimas y consuelo, conseguimos dar el primer paso y levantarnos de las camas, para limpiar las habitaciones, ir despojándonos de los restos que los segundos años han dejado por sus esquinas y ocupar paulatinamente y con cuidado su espacio. Detrás de las ventanas, los escritorios privilegiados a los que llega la luz del día están siendo tomados por nosotros, y yo ya estoy sentada en uno de los muchos sillones, hamacas o sillas especiales que han rondado por el colegio por miles y miles de años y han pasado de generación en generación hasta acabar en nuestros rincones, en mi caso a través de Irene. Hemos lavado ropa, nos hemos duchado y quitado las trazas de maquillaje, hemos ordenado relativamente los regalos que hemos ido recibiendo y nuestras propias pertenencias que hemos tirado en nuestros rincones durante la última semana, cuando siempre tuvimos cosas más importantes que hacer que algo tan banal y sinsentido como ordenar.

En algún momento entre la cena y ahora, he notado que la tristeza no ha remitido, pero ha dejado de doler, y que ahora puedo sonreír a la llama de sal boliviana de la oreja partida que me ha regalado Sara y me divierte el hecho de que en el mapa canadiense que me ha regalado Rafa, Méjico está exactamente en el centro. En algún momento podré escuchar otra vez música más animada que Leonard Cohen o Tom Waits, dejaré de quedarme parada medio segundo cada vez que entro en mi habitación y me falta la mitad de su contenido, y con mucha, mucha suerte dejaré de olisquear una manta que también me han regalado, que la verdad es un poco patético, ¿verdad?

Este sitio ya no será el mismo. No será peor, probablemente incluso mejore. Y aunque echaremos de menos a muchos, seguiremos siendo seres felices en este mundo maravilloso.

Mucha suerte a todos, donde quiera que estéis o estaréis, un beso y… gracias.

Una respuesta to “bye bye, love…”

  1. M.Laplana 25/05/2011 a 10:27 pm #

    Las palabras huecas caen en el olvido. Los sentimientos que transmites en esta despedida seguro que acompañaran a esos compañeros que ya forman parte del recuerdo colectivo de los seguidores de Ylvi.
    Animo que pronto estarán pegando a la puerta los nuevos saltadores al fiordo ávidos de emociones y sonrisas con las alejar la añoranza de sus casas.
    Saludos desde el sur del sur.
    Nos leemos en la red.

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