sun and the city, snow and pigs

15 Feb

La casa de mi familia de acogida, casi enterrada en la nieve

“Me gustan los centros comerciales. Me gustan mucho los centros comerciales. Me encanta pasar el día en un centro comercial, gastar dinero si acaso está presente y revolcarme en el fango del consumismo para satisfacer los oscuros deseos de la parte maligna y sin principios de mi alma.”

Lea Sánchez Milde, alumna del Colegio del Mundo Unido RCNUWC en Flekke

El marco incomparable en el que vive mi familia de acogida

El martes nos dio Barbara la buena noticia: ¡Fannie, mi coaño de Canadá, y yo teníamos una familia de acogida! Se trata de un programa del colegio con el que familias residentes en la zona se pueden ofrecer para acoger estudiantes durante un fin de semana al mes, más o menos, y sumergirles en la “noruegidad” real. A pesar de que no suelen coger a europeos, porque…. no sé exactamente por qué, pero el caso es que hablan un poco de español y un poco de francés, y como Fannie es de Québec y yo de España, hacemos la pareja perfecta para que puedan practicar. Desafortunadamente, este fin de semana Fannie no pudo venir, así que el viernes por la tarde emprendí el viaje yo sola. Hacía una tarde preciosa, la primera de sol después de tres meses de lluvia y nieve, y el campus entero estaba radiante de alegría, paseando, haciendo fotos, riendo, corriendo, parados con la cara orientada hacia la fuente de calor, sentados en los bancos a las orillas del fiordo y disfrutando de los colores y del brillo de la nieve.

Sol, por fin. En el campus ya casi oíamos la primavera susurrando promesas de calor, baños en el fiordo, helados, crema de sol, excursiones… Pero la vuelta al gris h sido irremediable.

En Forde había mucha más nieve que en Flekke, más de metro y medio. Mi familia vive en un pueblo no muy lejos de Forde (una ciudad de diez mil habitantes, más o menos)) y tiene una casa muy bonita, con varios anexos en los que guardan la madera para la chimenea, las ovejas, las gallinas, el coche, los trineos y el tractor. Los padres se llaman Maalfrid, ella, y Ronny, él, y tienen tres hijos, dos chicas, más o menos de mi edad, Alisse y Silje, y un chico de trece años, Torbjorn, que con su pelo rubio y su seriedad me recuerda un poco a Uli. Se está genial aquí, un relax que no os podéis ni imaginar, después de esta semana llenas de exámenes de biología, presentaciones de literatura y “campaña electoral” para el consejo escolar. En lo que tengo la sensación de haber empleado la mayor parte del tiempo ha sido en comer, recreándome en la variedad y la calidad de la comida: gofres con mermelada de fresa, fruta, uvas heladas, lasaña, pizza, arroz con leche, pan con una gran oferta de distintos quesos y embutidos, miel, mantequilla de cacahuete, aceitunas, tarta, bombones de chocolate, zumo de naranja natural y otros caprichos que normalmente quedan insatisfechos en el colegio. Pero bueno, tenía que parar de vez en cuando, así que también hemos hecho otras cosas. El viernes por la tarde estuvimos jugando a las cartas y después fuimos a la única tienda que hay por aquí, una gasolinera-cafetería-supermercado que está abierta hasta las nueve de la noche. El caso es que aprovechamos la inclinación del pueblo, nos cogimos cada uno un trineo, pero no un trineo normal, sino un trineo 2.0 con volante incluido, y bajamos a toda velocidad por la carretera, que había sido limpiada, pero donde quedaba una buena capa de nieve aplastada e ideal para nuestro propósito, cogiendo las curvas a duras penas. ¡Fue una pasada!

Puh. Tengo la cara llena de nieve.

El sábado por la mañana volvimos a salir a la nieve y pude echar un vistazo a la cueva de hielo que habían estado construyendo Alisse y su madre el fin de semana pasado. Después nos estuvimos tirándonos cuesta abajo detrás de la casa con otro tipo de trineo más parecido a un recogedor enorme y flexible para sentarse: simple pero efectivo. Esto del transporte sobre nieve es un mundo.

Desde el interior de la cueva de hielo

Torbjorn, explorador de las regiones árticas

Silje fabricando habitantes de los cielos

Las sartenes-trineo

Silje, Torbjorn y Ronny en la meta, después de una de las muchas paradas a duras penas de la mañana del sábado

Por la tarde nos fuimos a Forde, donde estuvimos dando una vuelta por los múltiples centros comerciales de la ciudad, algo que después de seis meses de sequía comercial me hizo gracia, aunque cada vez que dividía el precio entre ocho para calcularlo en euros, me salía una sonrisilla incrédula. Este país es increíblemente caro. Pero fue divertido echar un vistazo por las tiendas noruegas. Una me gustó especialmente: “Ting”, una tienda de diseño en la que vendían de todo un poco y algunos de los productos eran realmente graciosos (la mayoría de Alemania, por cierto). ¡Cuando sea rica, volveré!

No sé si quedarme con estos vasos, decorados de forma tan realista y acertada…

(Forde)

… o con este molde para imprimir el rostro de la virgen María en mis tostadas.

Por lo demás, explayamos en la actividad trineística y de nieve en general, con varias rondas de carreras cuesta abajo y un trabajo de ampliación en la cueva de hielo el domingo por la mañana, y en el juego de cartas el sábado por la noche, al que siguió el genial invento de “pasar el cerdo”, un maravilloso juego en el que se tiran dos cerdos como dados, y dependiendo de las posiciones en las que caigan, se ganan o pierden puntos. Por lo que contaba Ronny, el origen del juego se basa en la tradición vikinga de tirar cerdos de verdad, pero no sé si me estaba tomando el pelo…

Lo mejor fue, no pensar en nada relacionado con el colegio en dos días, aunque al volver parecía que habían sido dos semanas, tenía la sensación de haberme perdido un montón de cosas, cuando en realidad todo… era nada (como diría Juanjo), así que valió la pena.

1 punto si caen los dos del mismo lado, 20 puntos si caen los dos de espaldas o de pie, 40 puntos si su punto de apoyo es la nariz, 60 si es la nariz y la oreja… Cada jugador puede tirar cuantas veces quiera, hasta que los cerdos caen cada uno en un lado y pierde todos los puntos de ese turno (lo que convierte el juego en arriesgado). Si los cerdos se tocan, el jugador vuelve a comenzar de cero, y si acaban en la posición mostrada en la esquina inferior derecha, extremadamente inapropiada para dos cerdos bien educados, el jugador es eliminado. ¡Gana el primero en llegar a 100!

Para quien quiera probarlo, el link del siglo: ¡pass the pigs online!

http://www.toptrumps.com/play/pigs/pigs.html

3 comentarios to “sun and the city, snow and pigs”

  1. Toñi 15/02/2011 a 10:05 pm #

    Me encanta el juego, si ves una tienda que se llama PAN DURO, entra te encantará. Un beso y abrazos a la familia de acogida

  2. andrea milde 17/02/2011 a 3:42 pm #

    Sieht aus wie das Haus von Pettersson. A Uli le da mucha envidia ver tanta nieve junta, y trineos con volante…..
    A mi esta María tostá!!! Que pasada. ¿Tengo que escribir una carta a tu familia de acogida por haberles vaciado frigorífico y despensa? Pensarán que no os dan de comer. Menos mal que no habeís ido las dos juntas la primera vez, se hubieran quedado con hambre.

    PD: ¿55, 57, 59, 61……..?

  3. Danixa 23/02/2011 a 3:48 pm #

    la virgen ,como dice tu madre, es una pasada…no puedo imaginar tener una tostada en mis manos e hincarle en diente a la virgen…pero bue…lo que más me alucina son esos chanchitos, cerditos perdón! que andan por mi casa revolcándose en cuanto cajón viejo abro y que nunca supe para qué eran!!! Hace como veinte años los conservo, me los regalaron en Alemania, una amiga colombiana! y jamás jamás, por dios! supe para qué eran más que para merecer la suerte que ella me deseaba!! gracias Lea, por desasnarme una vez más! beso

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