una semana de muchos números

18 Ene

1 vuelta


Flekke nos ha dado la bienvenida de la mejor forma que ha podido. Cuando volvimos de nuestros hogares o viajes, muchos de un clima que comparado con el noruego se puede calificar de templado como mínimo, Nina y Joaquín tostados como granos de café y Daniela con marcas de bikini, nos encontramos en medio de una postal navideña nada más saltamos del autobús. Había nevado en nuestra ausencia y el campus estaba cubierto con una capa de medio metro de nieve. La luna le daba a todo un resplandor banco y brillante y se adivinaban los distintos edificios por las pequeñas luces naranjas de las ventanas. El aire frío nos despejó en un segundo las cabezas embotadas por las horas de aeropuertos, aviones, esperas y carretera, y nos fuimos corriendo, medio deslizándonos por el hielo, con las maletas fuera de control, a nuestras respectivas casas para ponernos algo encima antes de salir a saludar a la gente. Todo sea dicho, después de una semana, el dios del tiempo decidió que ya habíamos tenido suficientes cosas bonitas, y dejó de nevar suavemente para empezar a llover y a hacer un poco más de calor, algo que convirtió los caminos del campus en un territorio peligroso como un campo de minas. Los últimos dos días han sido los más deslizantes desde que estoy aquí: la lluvia derritió parte de la nieve, inundándolo todo, y por las noches se helaba para convertirse en una consistente capa de hielo, que se derretía de nuevo por el día, convirtiéndose en una combinación de agua y hielo mortal. No sé cómo no me he caído todavía, pero desde luego soy de las pocas que han tenido esa suerte. Yo creo que es porque no me quito mis botas de montaña… Hoy le decía a Gareth que el fiordo parefe una puesta en escena del futuro del casquete polar en los próximos cincuenta años, narrado en un día. Con la lluvia, ha ido adelgazando más y más la capa de hielo que lo cubría hasta que a eso de la media tarde, incluso las gaviotas que se habían estado paseando por ella alzaron el vuelo alarmadas.

Aunque la mayoría de nosotros nos sentimos bastante extraños en nuestra propia casa, para mí tampoco fue como volver al sitio al que pertenezco. Más bien, como si me hubiera quedado atrapada en medio. Probablemente será cierta la teoría de que el alma viaja a su propio ritmo, y que hay que esperarla con paciencia, porque ahora ya me siento como si no me hubiera ido, por lo menos en ese sentido. En otros aspectos, sí se nota que me ha sentado bien salir de la burbuja flekkeriana por algunas semanas. Una vez aquí, estoy mucho más segura de lo que quiero hacer, y de lo que no quiero hacer, de lo que creo que es correcto, cuál es una buena hora para irse a dormir, cuándo sentarme a estudiar biología en vez de ver una película y cuándo pasar un poco de todo y ver Desayuno con diamantes con Karolina. Me parece más fácil tomar decisiones y tengo claro que no puedo hacer todo lo que parece interesante, y ya no tengo miedo de que todos mis amigos se olviden de mí porque pase una tarde con la nariz enterrada en los libres, sino que luego aparecerán en la kantina con la misma expresión amodorrada que yo y probablemente tengamos una cena un poco más ruidosa de lo normal para liberar parte de la energía física y compensar la pérdida de energía intelectual. Os prometo que a veces hay tal desequilibrio entre una y otra que no querríais participar en nuestras cenas…

También me he dado cuenta de la seguridad que da estar en un entorno con gente que piensa parecido a uno mismo, o que por lo menos no cuestiona continuamente tus ideas o creencias. Las increíbles diferencias de opinión, creencias e ideologías nos hacen un poco susceptibles a comenzar a debatir enseguida, a que una conversación amigable se convierta rápidamente en una discusión acalorada y a que siempre necesites argumentos fuertes para respaldar tu opinión. Algo que a veces cansa mucho, pero que al fin y al cabo es una de las cosas para las que hemos venido aquí, y que, una vez que has aprendido a cambiar de opinión cuando realmente estás convencido, o a convencer cuando piensas que tienes la razón, te ayuda a encontrar las filosofías con las que estás más de acuerdo y liberarte de equipaje que has adquirido aquí y allá casi en contra de tu voluntad.

Otro de los factores que posiblemente nos ayudó a sentirnos rápidamente como en casa es que nos vimos sumergimos en seguida en un torbellino de actividades y trabajo. Después de una semana de bastante trabajo para el colegio y de “reengancharse” las asignaturas, vino un fin de semana extraordinariamente activo…

 

2 despedidas


Y nada más llegar, nos tuvimos que despedir de algo, o mejor dicho, de alguien. Una de mis Campus Responsibilities, es decir, los servicios con los que ayudo a que el campus funcione y en algunos casos tenga ciertos beneficios añadidos, es cuidar de los dos caballos que mantiene Haugland, el centro de rehabilitación, para una de las actividades en las que pueden participar sus pacientes. Por las mañanas siempre los puedes ver paseando delante del ventanal del aula de Historia, o te los encuentras por la tarde cuando vas de camino a… donde sea que vayas. Cuidar de los caballos es uno de los servicios más bonitos que tenemos, por lo menos en mi opinión. Tanto, que a la mayoría de los que lo hacemos no nos importa levantarnos pronto (luego nos cunde más el día), que después nos apeste la ropa (la motivación perfecta para hacer la colada) ni que tengamos que caminar diez minutos para llegar por la nieve o el hielo o acarrear paladas de caca de caballo durante otros diez. Ulf y Nikita son dos caballos preciosos, bastante grandes, que antes eran caballos de carreras. Nos ocupamos de que tengan los establos limpios, las herraduras en buen estado, comida suficiente, el pelaje cepillado, les damos un poco de conversación y de vez en cuando media manzana que hemos robado de la kantina.

Ulf

Nikita

El otro día, Angie, la profesora responsable de nuestro grupo, nos convocó para una breve reunión antes de la cena, para explicarnos por qué ese fin de semana había puesto a todos en los turnos, cuando normalmente siempre libran tres o cuatro, para que no nos tropecemos los unos con los otros. Pues resulta que el establo necesita una restauración integral y a Haugland no le compensa gastar dinero en los caballos, así que los va a retirar, o, como se diría en alemán, “abschaffen”, un verbo que me hace pensar en alguien sacudiéndose algo pegajoso con cara de asco encima de la papelera, y que en este caso es un eufemismo para llevarlos al matadero. Es una auténtica pena, porque son caballos fuertes y rápidos y tampoco son tan viejos. El problema es que no se pueden usar para el trabajo en el campo, por lo que no han encontrado a nadie que quiera quedárselos. También han rechazado nuestra propuesta de intentar recaudar fondos o ayudar de alguna forma, aunque supongo que desde un punto de vista objetivo, nos hubiera resultado muy difícil conseguir el dinero necesario o incluso una parte relevante.

Así que este fin de semana los hemos tratado especialmente bien. Como un último placer les traje un poco de azúcar de la kantina, los cepillamos dos veces y les preparamos una cama extra-acolchada y un comedero lleno hasta los bordes. Nos dimos cuenta de que ya les habían cortado la crin y la cola y nos llenó de indignación ver el destrozo que habían hecho al quitarles las herraduras. No paraban de rascar el suelo de dolor y les faltaba la mitad del borde de la pezuña. Horrible.

Pero bueno, aunque creo que no tuvieron una vida de caballo maravillosa, al menos recibían visitas de veinte estudiantes de diferentes países de los que cada uno les contaba sus penas en un idioma distinto, y que intentaron cuidarlos lo mejor posible.

3 visitantes

¡Este fin de semana he tenido visita! Sí, yo, Lea Sánchez Milde, he tenido visita en Flekke. Resulta que estos dos días estuvo en el colegio un experto del programa Youth in Action, que financia proyectos desarrollados y llevados a cabo por jóvenes, para dar unos talleres informativos sobre el programa y prácticos acerca de planear y presentar proyectos. Para participar en ellos, vinieron desde el United World College del Atlántico, en Gales, Yassin, de Marruecos, Stine, de Noruega, y Sergio, de… ¡España! Así que les estuvimos enseñando un poco el campus, la kantina, el auditorio, las clases, y la vida en el colegio durante un típico viernes por la tarde. Fue un placer tenerlos aquí, primero porque fue genial ver a uno de mis coaños perdidos por el mundo, y segundo porque adquirimos un conocimiento general de cómo es el Atlantic College comparado con el nuestro. La verdad es que tenemos mucha, mucha suerte, aunque a veces no nos lo parezca. Primero, por la libertad y segundo, por los medios de los que dispone Red Cross Nordic United World College, y que en general damos por supuestos.

Relativo a la libertad, no podíamos creer lo que oíamos cuando nos contaron que allí tienen toque de queda a las diez y media, hora a la que todos deben estar en sus respectivas casas y pasan los profesores comprobando que cada oveja esté en su corral. A partir de esa hora, los chicos no pueden estar en el pasillo de las chicas, ni en sus habitaciones, faltaría más, o salir de la casa. Si lo hacen, corren el riesgo de ser pillados por uno de los que hacen guardia fuera (sí, guardia), y que escribirán el nombre del criminal en sus tablillas de pizarra. Yo me sentiría encerrada, simplemente por saber que fuera hay gente vigilando que no salga, me volvería muy inquieta. En nuestro colegio, tenemos pasillos compartidos y no existe un toque de queda. Sólo hay un sitio en el que no puedes estar a partir de las doce de la noche, y ese es otra habitación, pero siempre tenemos las clases, el auditorio, la biblioteca, el salón de la casa o, si quieres, las montañas, para estar siempre que queramos. Y los profesores son extremadamente flexibles con lo de estar en otras habitaciones. Además, fuera del campus podemos hacer lo que queramos, mientras no regresemos completamente fuera de control. En Gales, puedes ser castigado por algo que haces fuera del campus. A pesar de todo, hay muchísimo más alcohol que aquí, donde es muy, muy discreto. Sin embargo lo que más me ha chocado, es que en el Atlantic College está mal visto lo que aquí respetamos todos en cualquier circunstancia y defendemos con uñas y dientes si es necesario, por la importancia que tiene: la privacidad. En Gales no tienen cortinas como nosotros, con las que convertimos nuestra cama en una cueva aislada del mundo cuando queremos, para estar solos o para compartirla sólo con la gente que realmente está invitada. Algo sin lo que, en mi opinión, no es posible una vida equilibrada o sana, ¡allí ni siquiera existe!

En cuanto a los medios, tenemos habitaciones más grandes , un baño por habitación y no tres por casa, Internet a una velocidad razonable en las habitaciones y excelente en el edificio de ciencias, y una oferta de actividades mucho más variada, a parte de un sistema que permite cambiar de opinión, probar distintas cosas, quedarse con lo que mejor encaja… En el Atlantic College, se quedan con las mismas actividades todo el año.

En general, la visita nos ha hecho abrir los ojos y mirar un poco fuera de nuestra burbuja. Parece que es cierto eso de que somos el Colegio más liberal y el único que no está pasando estrecheces económicas. Algo que no nos debe frenar al intentar mejorarlo, pero sí debería someter a una segunda reflexión muchas de las críticas y quejas que lanzamos a nuestro alrededor.

Cuidamos a nuestros visitantes para que no se cayeran con el hielo, encontraran las clases a las que tuvieran que ir y se llevaran una buena impresión del colegio. Nos encanta tener visita del exterior de vez en cuando, para que sople un poco de aire fresco entre las mesas abarrotadas de nuestra kantina. Ya sabéis, si por un fin de semana queréis ser objeto de atenciones y del interés de ojos y oídos de todo el mundo…

 

6 invasores

¡Las de los terceros años! Seis ex-alumnos que graduaron el año pasado vinieron a pasar unas pequeñas vacaciones en el campus, visitar a algunos amigos y, me imagino, ver cómo ha ido todo desde que se fueron. Los segundos años los han tolerado con desconfianza, no vaya a ser que se quedaran aquí y ellos volvieran a ser los pequeños, nosotros los hemos observado con curiosidad y a la vez nos hemos sentido observados como “la siguiente generación” y ellos han ido a lo suyo con los amigos que tienen entre los segundos años. Pero da la casualidad de que una de ellos era mi tercer año de Alemania, Joane, con la que estuve charlando un rato. Me hizo mucha ilusión conocerla en una de esas casualidades que ocurren en la red de los UWC, y por el poco tiempo que hablamos, me pareció una chica muy simpática. Me contó que por parte del padre es portuguesa (sí que viajan las alemanas, ¿no?) y que ha vivido la mayor parte de su vida en París y Berlin-Kreuzberg, uno de los barrios que en libros siempre veo retratado como la mezcla perfecta de culturas, mentes pensantes, ideologías, nacionalidades y revolucionarios, en una ciudad que ya de por sí me la imagino activa, energética y extremadamente interesante. Algo que quizá no sea más que una fantasía producida por las ganas enormes de visitarla, pero en la que me suelo recrear mirando al vacío y con una sonrisa dirigida a nadie en particular.

Joane está estudiando ahora en Glasgow, Escocia, y me habló de un proyecto que tenían para “okupar” y reutilizar una casa en un pueblo abandonado, por lo visto medio-invadido por la naturaleza. Algo que casi podría ser perfectamente una acción del KuKuProjekt, ¿no? En todo caso les deseo suerte en la lucha contra una burocracia y unas leyes que en este caso no parecen especialmente productivas.

1 fiesta

Como no podía ser, al final fui a la fiesta, perdón, a la “prom” en Dale, y paseé mis pantalones de Desigual por un bosque de piernas femeninas cubiertas sólo de medias de seda, si acaso, y mi jersey de colorines entre un mar de vestidos que se pueden describir como los de la cena de Navidad, sólo con un toque más… provocativo. Pero provocativo no exactamente en el mismo sentido que el aplicable a mi conjunto de pantalones y colorines, creo.

Lamentablemente, como ya había esperado, no trabamos amistad con los pocos noruegos que aparecieron. El único chico con el que entablé conversación fue un francés que vive en Dale desde hace sólo seis años, y que tenía una actitud mucho más abierta que los demás. Así que no sé si realmente cuenta.

Comimos, bebimos, bailamos y no fue excesivamente emocionante. Pero sí fue curioso lo fácil que es sentir la presión de la mayoría, de las masas, y de lo insegura que puede hacerte sentir si no estás segura al cien por cien se tu causa. Por suerte, estaba segura al noventa y nueve por cien, así que aguanté algunos ataques ligeros de incomodidad y disfruté de la comodidad y del respeto a mí misma recién ganado.

El tema no da para mucho más, la verdad… Salvo que queráis un ejemplo de mi magnífica capacidad de organización y control de una cadena de eventos. Justo antes de que saliera el último autobús hacia Dale, tenía mi primera sesión oficial como socorrista en la piscina de Haugland, que usamos a cambio de un alquiler que paga el colegio. Así que me tuve que preparar antes de la cena, para lo que, podéis creerme, no necesité tanto tiempo. Después me llevé mis cosas para la piscina asimismo como mi perfume de vainilla negra que me regalaron los Reyes Magos y cuyo aroma fue desafortunadamente extinguido por los vapores dulces y pesados de los demás. Así que me pasé una hora sentada en la piscina, con la camiseta de los UWC que recibí del comité nacional puesta para inspirar confianza y el maquillaje y los pendientes para la fiesta, mientras mi decisión de ir era sometida a una última, dura prueba al ver la piscina vacía salvo por mis dos sirenas Stine y Vita y yo sentada sin poder nadar.

Me pregunté seriamente si valía la pena invertir tanto tiempo y energía en un acto de protesta que al fin y al cabo, no despertaría reacción alguna en la inmensa mayoría de la gente, y, si acaso, más sorpresa o extraño que reflexión. El único que pareció estar de acuerdo conmigo era Sam, lo que por su parte, me sorprendió a mí. Sin embargo, él lo veía más desde el punto de vista del esfuerzo invertido en arreglarse, sin duda alguna mucho mayor en las chicas que en los chicos. Para mí, la cuestión iba un poco más allá, poniendo en duda el sentido de la etiqueta en general y del concepto de fiesta americana introducido en nuestra sociedad sin problema u oposición alguna.

Una cosa tengo clara: ahora que he manifestado mi opinión, en la próxima situación parecida me puedo quedar tranquila y disfrutar de unos largos en paz. Esta vez, y aunque no tuviera efecto alguno, mi espíritu un tanto guerrero o revolucionario, me empujó a hacerlo, aunque solamente fuera para defender mi opinión y quedarme a gusto. Creo que es la edad…

 

1 concierto

Anders Löfberg con su cello, que no es un cello como otro cualquiera.

Más NÓRDICo imposible, pero más internacional, difícil. El concierto que dio el trío sueco NORDIC en el auditorio este sábado fue uno de los mejores en los que he estado en los últimos tiempos. La actuación era parte del festival regional FolkJazzScena y el grupo, compuesto por una mandolina, un cello y una “nyckelharpa” o “llave-instrumento de cuerda” tocó canciones propias inspiradas en melodías suecas, brasileñas, andinas y de otras partes del mundo, en el reggae y en el vuelo y la búsqueda de objetos brillantes de una urraca o “skatan”. Con mucho carisma, fluidez, humor, creatividad y picardía, medio en sueco, medio en inglés, presentaron alrededor de ocho, diez temas en los que explotaban al máximo las posibilidades de sus instrumentos, intercalando de vez en cuando sus propias voces, y daban un buen ejemplo de las cosas nuevas que se pueden hacer con la música y los instrumentos tradicionales, para que no resulten aburridos, sino innovadores, no viejos, sino juguetones, y no se escuchen las mismas canciones en todos los conciertos de “nickelharpa” a los que se va.

Magnus Zetterlund y mandolina

El trío

Nyckelharpa y Erik Rydvall

Demostrando una gran sintonía entre ellos y una capacidad admirable de “manejar” al público, nos dejaron a todos un muy buen sabor de boca y una risa en los labios. Aunque, todo hay que decirlo, la gracia y el carisma hicieron un tercio del trabajo. De hecho, los dos mayores me recordaban a los hermanos Dalton y el más joven, a Lucky Luke. Una asociación sin mucha lógica, pero bastante divertida. Os dejo con un poco de música de Anders Löfberg (cello), Magnus Zetterlund (mandolina) y Erik Rydvall (nyckelharpa) y dos links:

La urraca


1 actividad

Una de las actividades en las que estoy involucrada como parte del programa CAS (creatividad, acción y servicio), obligatorio para obtener el diploma del Bachillerato Internacional, es Bergum Mottak. Bergum Mottak es un centro para refugiados, o, mejor dicho, para aquellas personas que han pedido el estatus de refugiados en Noruega. Vienen de Somalía, Sri Lanka, Rusia, Afganistán, Etiopía, Eritrea o de otros países, vienen mujeres, hombres, niños de todas las edades, con y sin estudios, hablando o sin hablar inglés. Llegan, y no saben si van a conseguir el permiso de residencia o no, ni cuánto tiempo van a estar esperando. Viven en una especie de residencias de pasillos altos, estrechos y vacíos, pintados de amarillo, cada uno en sus habitaciones, las familias en pequeños apartamentos, con cocina, baño y salón compartidos, sin posibilidad de trabajar o de hacer nada salvo algunos cursos de inglés o noruego en el mismo centro, siempre esperando e imaginándose el futuro de diez maneras distintas. Nosotros los visitamos dos veces al mes, un grupo cada segundo martes, el otro casa segundo jueves, e intentamos sacarlos de la monotonía, darles conversación y jugar con los niños.

Para mí supone un montón de energía, romper el ritmo de la vida en el campus, viajar dos horas en autobús y cambiar tan repentinamente de contexto, y hasta ahora estaba segura de que estábamos haciendo algo beneficioso, pero hoy después me he puesto a pensar después de escuchar los comentarios de mis compañeros explicando a un nuevo miembro del grupo los objetivos de la actividad. Me he quedado sorprendida por la especie de complacencia que hemos adquirido, de la idea de que “hacemos el bien” a nuestros protegidos, que la gente nos debería estar agradecida porque vayamos y hablemos con ellos, y que es normal que cuando no los entendamos bien sonriamos y asintamos con la cabeza, cuando, en mi opinión, tienen un nivel de inglés impresionante para las situaciones de las que han venido, y la mayoría está más que dispuesta a entablar conversación con nosotros, nos ofrece comida y té y no parece importarles que “invadamos” sus casas sin preguntar, que en cierto modo, es lo que hacemos. Creo que tenemos que replantearnos para qué estamos realmente allí, y darnos cuenta de que somos nosotros los que obtenemos el mayor beneficio, los que deberíamos estar agradecidos y considerar a los habitantes del Bergum Mottak con más respeto.

Lo estuve comentando con Fannie, porque nos imaginábamos que ellos quizá nos estarían viendo como visitantes de un zoo, que vienen a observar especies exóticas que no tienen en casa, y que probablemente no siempre que aparecemos por allí e imponemos nuestra presencia tienen ganas de recibir visitas. ¿Es mejor quedarnos nosotros en una habitación y esperar a que ellos vengan a nosotros? ¿Vendría alguno?



2 comentarios to “una semana de muchos números”

  1. Marta 19/01/2011 a 8:09 pm #

    Lea! Felicidades una vez más, me ha encantado tu larguísima entrada!
    Creo que estás cada vez más cerca de convencerme de escoger en el remoto caso en el que me seleccionaran, el colegio de Flekke. Libertaaaaad!🙂
    En cuando a las visitas a esas personas, y poniéndome seria, ni se te ocurra preguntarte qué haces allí.
    Esas personas son probablemente de las más necesitadas de la zona, y un buen gesto de cariño o una sonrisa habrá días que lo serán todo para ellos.
    Así que triunfaste con tus pantalones de Desigual eh!
    Ahí estamos, escapando de la monotonía!
    Un besazo enorme, y gracias por cada cosa que aprendo con tus posts🙂
    Marta!

  2. Lídia 19/01/2011 a 9:52 pm #

    Uau, te admiro. ¿De dónde sacas tiempo para hacer posts así? ¿Me prestas un poco? xD

    Respecto a ir al el centro de refugiados… Me pasa un poco lo mismo, de echo en unas semanas empezaré a ir a una casa de refugiados cerca de dónde vivo, para sacar un poco a todo el mundo de la rutina, ir a esquiar, quizás. El otro día, en la reunión de preparación me dio un poco la misma impresión, rollo “somos muy buenos y vamos allí a ayudar”. El problema no creo que sea el creer que vas a ayudar, si no creer que solo vas a ayudar y no a compartir, que ellos van a recibir pero nosotros no.

    Qué mal me sabe por los caballos… Supongo que a veces no hay otra opción.

    Y respecto a la “prom-estilo-americanada” ya somos dos. Hemos organizado una fiesta con mi clase, pero al final se votó código de vestido formal. Va contra mi dignidad ponerme un vestido tipo regalo, así que se van a tener que conformar con unos pantalones chulos😉

    Ah, y debes de ser la única que no se ha metido un buen tortazo, porqué esta mañana me he caído estilo pato con la vecina mirando. Creo que se me ha caído la dignidad…

    Bueno, un abrazo noruego enorme!

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