El glaciar de Flatbreen – expedición internacional del 10 al 13 de octubre de 2010 (II)

15 Ene

Amanecer en cuatro imágenes y pocos segundos

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Preparación

Jan Erik probando el hielo…

… que parecía ser suficientemente seguro…

… así que nos unimos a nuestros equipos de cuerda. (Últimas dos fotos de Joakim)

Como os podéis imaginar, es noche nos fuimos a dormir con las gallinas: a las nueve de la noche ya estábamos todos en nuestros respectivos sacos de dormir, soñando con el color azul del hielo. Cuando asomamos la cabeza por la puerta a la mañana siguiente, descubrimos que hacía un tiempo maravilloso: aire fresco, pero un cielo azul y un sol radiante que nos metieron prisa con los preparativos. Después de lavarnos la cara con el agua de una charca cercana, de agua que por supuesto venía directamente del glaciar, preparar la comida (pasta con salsa de tomate, todo del sobre, claro) y un paseo de cinco minutos ya estábamos en la superficie helada del glaciar. Ese día lo dedicamos sobre todo a perfeccionar nuestras técnicas de escalada: caminar en equipo (mantener la cuerda suelta, pero lo justo para que no toque el suelo), aprender a utilizar el piolet (tanto el mango como la parte superior, de distintos usos), acostumbrarse a andar con crampones, clavando los pies en el suelo y quitarse el miedo a las grietas estrechas y profundas, de color azulado, que formaban el paisaje a nuestro alrededor.

Gris

Entrando en la niebla, nos alegrábamos de estar atados con una cuerda, que a veces parecía salir de una nube blanca y arrastrarte hacia ella.

Oda después de… ¡conseguirlo! ¡sí!

Alguien tenía que estar tomando la foto, ¿no? Pero sino, realmente podrías pensar que esto es lo único que encontraron de nosotros…

Fue el día de más adrenalina, de algunas caídas y deslizamientos, pequeños sustos, algún que otro rasguño y un poco de vértigo. Rodeamos, subimos y bajamos las grietas, pasamos por túneles, nos aseguramos los unos a los otros, bajamos cuestas de frente y en diagonal y las subimos clavando en el hielo no sólo el piolet sino casi hasta los dientes. Acabamos la jornada bajando del glaciar en colgados de una cuerda por una pared no muy alta antes de emprender el camino de regreso a Flatbrehyttar y a nuestros sacos de dormir.

Azul

El túnel

Regine, encontrado la salida. (Foto de Joakim)

Sin embargo, un evento que sin duda será recordado fue cuando nos sentamos a comer y al abrir los termos con hambre animal, vimos que toda la pasta se había quedado pegada al fondo, fuera del alcance de nuestro ávido cucute (cuchillo, cuchara y tenedor, todo en uno). Por mucho que pusiéramos el termo boca abajo, lo golpeáramos contra el hielo con frustración o aulláramos como cazadores neandertales a los que se les acaba de escapar un sabroso mamut, aquello no salía. Así que al final, empujados por nuestro instinto de supervivencia, haciendo de tripas corazón y divirtiéndonos como niños, cogimos los piolets, cuyos mangos cabían justo por la abertura del termo, y los usamos como una especie de pinchos con los que sacamos a la luz los ansiados hidratos de carbono, haciendo un ruido muy asqueroso, por cierto. Un ejemplo perfecto de varias mentes jóvenes, inquisitivas, inventivas, creativas y activas uniéndose para solucionar un problema de importancia mundial con resultados geniales y extremadamente prácticos.

Blanco

Avanzando por el hielo

El famoso acontecimiento de los piolets y los termos (Regine, Rodrigo y Oliver).

Regine disfrutando del sol de la tarde.

Esa noche el cielo fue una pasada. Las estrellas se veían tan claras y cercanas que el cielo realmente parecía una bóveda de cristal casi al alcance de la mano, estrellas fugaces incluidas. Incluso nos pareció ver una aurora boreal, un resplandor blanquecino en el firmamento que parecía agitarse en largas ondulaciones. En el campus, en Flekke, por lo visto se vieron mucho más claras, verdes y brillantes, en nuestra montaña parecían más un extraño reflejo causado por el hielo del glaciar u otro fenómeno inexplicable para personas normales.

La bajada

Una persona muy abrigada y por lo tanto irreconocible (¿Meta?) y Gray rapelando por la pared del glaciar.

Una respuesta to “El glaciar de Flatbreen – expedición internacional del 10 al 13 de octubre de 2010 (II)”

  1. Marta 15/01/2011 a 9:58 am #

    Esto sí que es un blog como Dios manda, señores!
    Me encanta leerte, Lea! Me puedo evadir durante un ratito e imaginarme en Flekke viviendo todo lo que tú vives!
    Las fotos maravillosas, y excepto ese incidente con los ‘tapers’de comida, todo delicioso!🙂
    Queremos esta velocidad de blogs para siempre jajaja!
    (Sabemos que será difícil…)
    Un beso!
    Marta.

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