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cómo vivir (des)conectados

18 ago

¡Amiguitos y amiguitas!

Seguramente os habréis estado preguntando todos estos días dónde me he metido, virtualmente hablando (realmente hablando, no hay muchos sitios en los que puedo estar). Pues la verdad es que aquí ha ocurrido algo muy “puentetomense”, y es que simplemente la red ha desaparecido durante cinco días por la lluvia. Bueno, en realidad no fue sólo la lluvia, la conexión noruega no puede ser tan débil, llueve casi todas las noches. Ese día vino acompañada de rayos, que causaron un problema que al principio atribuimos al Colegio, echándole la culpa al chico de mantenimiento, que está de vacaciones, pero que luego resultó ser más amplio. El caso es que durante algunos días la más mínima posibilidad de la más leve existencia de la más tenue señal de internet fue el tema principal durante las comidas, las clases, las actividades, los paseos y la primera pregunta por la mañana o por la noche o cuando nos cruzábamos en el pasillo o la cantina a cualquier hora del día. Aquí era mucho más dramático de lo que normalmente es en Puentetoma, porque la gente empezaba a echar de menos  a su gente y a gastar una pasta gansa en teléfonos varios. Pero antes de ayer Tian Ge finalmente nos dio la buena noticia mientras cenábamos tan tranquilos en la cantina. Casi irrumpió gritando en el comedor y casi se formó una estampida en dirección “Sweden House”. Minutos más tarde las paredes del pasillo retumbaban del tronar de los teclados, de las conversaciones en las lenguas más diversas y de los sonidos de alegría de los “conectados”. Creo que yo he sido la que se ha reencontrado con Internet con los sentimientos más encontrados, porque aunque me ha encantado leer vuestros correos y mensajes de felicitación, estaba disfrutando de un tiempo muy relajado, aunque a la vez no podía dejar de pensar en las muchas cosas que tengo que contaros.

Kanchan y Tian Ge en uno de nuestros ciberespacios ocasionales improvisados. Surgió a partir de varias condiciones: la buena conexión a internet en el pasillo, el frío del suelo y la pereza. Como nos solemos conectar por la noche, es muy fácil dejarse deslizar hasta la horizontal y soñar con la gente al otro lado de la web-cam. Más de una vez hemos rescatado un ordenador de una caída al vacío…

El caso es que tampoco tengo ahora mucho tiempo para recuperar, porque mañana nos vamos de acampada para desahogarnos en medio de la nada antes de ser recibidos el lunes por nuestros “segundos años” y empezar el colegio. Nos iremos a Hegness, una antigua granja en la que no están permitidos objetos electrónicos, no hay internet, no hay agua corriente y sólo una ducha y en la que el baño es de vaciado manual. Suena bien, ¿no? Así que después de esta pequeña señal de vida me vuelvo a despedir. Deseadme suerte durante los primeros días. Por aquí predomina una sensación de miedo y de celos. Para algo nosotros somos los dueños de Flekke. Ahora en serio, no queremos que nuestras amistades se “diluyan” cuando vengan los 175 restantes, que ya no tengamos tiempo para hacer algo juntos, que ya no podamos ir a dar un paseo y estar solos en alguna parte… ¡Pero por supuesto a la vez nos alegramos de conocer al resto! Tengo la sensación que nos vendrá bien la variedad, algunas relaciones están tan concentradas que empiezan a dar vueltas y vueltas alrededor de un punto sin avanzar. Ya os escribiré que tal sale todo…

Sozialising

1 ago

Aquí estoy sentada en el pasillo con dos “awesome girls”, como me han dicho que me refiera a ellas, Mende de Bután y Kanchan de Nepal. Hemos establecido aquí nuestro cibercentro, porque la conexión a internet en nuestras habitaciónes es demasiado lenta para bloggear, facebookear y skypear. A veces aprovechamos la ocasión para cantar algo en frente de la puerta de los chicos (a propósito de cambiar los roles). Estoy chupando con (mucha) reticencia un trozo de queso nepalí duro como una piedra que lleva diez minutos en mi boca y todavía no ha cambiado de forma ni de constistencia. Bueno, lo que no mata engorda. Como el té chino de Tian Ge, o el alimento desconocido que me ha dado Mende, una especie de fideos secos con un sabor relativamente inofensivo que se convertieron en una bola de fuego cuando Mende les echó una especia también desconocida.

El caso es que mientras Karolina y Kanchan mantienen respectivas conversaciones con sus ordenadores, la una en polaco y la otra en nepalí, yo no sé qué escribiros. Han pasado tantas cosas otra vez…

Antes de ayer fuimos introducidos por primera vez a la comunidad de Flekke. Ya habíamos ido antes a “flekkeshop”, para comprar chocolate por veinte coronas, champú para algunos, pringels para otros. Pero ayer por la tarde había una barbacoa y un pequeño grupo, mejor dicho un duo, que tocaba música, y muchos habitantes de Flekke, unas cincuenta personas, se habían reunido fuera, debajo de un tejadillo. Nosotros comimos el postre de nuestra cena, plátano cocido con chocolate (¿o era plátano con chocolate cocido?), cuyo mayor atractivo era observar a los demás comer, e intentar hacer algunas fotos interesantes. Cosa que por cierto he conseguido, pero no son apropiadas para un blog serio como es el mío.

Seriedad es también la prioridad de mi co-año venezolano Samuel. Una seriedad presente en todas sus… capas.  Cuando le pregunté si podía subir esta foto, me dijo “Soy un tipo desenrollado, Lea.” Menos mal que me estoy acostumbrando a su acento (en realidad dijo “desenrollado”) y ya no me tiene que repetir las cosas veinte veces y luego en inglés.

El postre.

Thale, una voluntaria noruega del Sommer Course, haciendo una foto de, no sé, los típicos niños noruegos. Pelo casi blanco, vestidos de verano, y hablando nouego.

Marhia, Kanchan y Mende, de Bután, con sus armas preparadas para tostar marshmellows.

Roza y yo, eco-artistas.

Así que estuvimos cantando algunas canciones acompañados por una guitarra, casi alrededor de un fuego… Muy típico de un campamento, lo sé.

Ayer fuimos a Dale (escrito con un punto sobre alguna de las vocales), la “gran ciudad” con un supermercado, un mini- centro-comercial, un banco y un café. Ohhh. Nos aburrimos después de veinte minutos y Roza, Karolina , Sam(uel) y yo decidimos andar los 10 kilómetros de vuelta. Llovía un poco y creo que no nos dimos cuenta de lo que son diez kilómetros. El caso es que terminamos haciendo auto-stop. Nos recogió una señora mayor muy simpática que hablaba inglés y con la que charlamos un poco. de todas formas, la gente de por aquí, ya van con el chip de UWC puesto.

Durante el tramo que caminamos, estuve hablando con Roza(na), mi compañera germano-palestina, con la que también hablo alemán. Es muy interesante pasar tiempo con ella, porque para mí (por supuesto para ella no), es contradictoria. Por un lado tiene un carácter bastante alemán. Le encanta caminar (“Nach dem Essen sollst du ruhn oder tausend Schritte tun”), es muy activa, muy directa en algunas cosas y valiente. Pero por otro lado es musulmana y tiene ideas bastante machistas, o digamos mejor ideas que comprometen la independencia de las mujeres, sobre todo en cuestión de relaciones personales. Me cae muy bien y es precioso como combina los pañuelos. El pañuelo inferior, el pañuelo superior y su ropa siempre encajan a la perfección y tarda diez segundos en atarselos.

Hoy hemos conocido un poco más la flora y el paisaje noruego (la fauna no se deja ver). Dimos un pequeño paseo, llegando a otra parte del fiordo, donde tuvimos nuestra hora boy-scout preparando un fuego y unos “panes en palos”, y luego los ya rutinarios marshmellows tostados. Mientras los demás se inclinaban más hacia lo dulce, mi “pan en un palo” se convirtió en una pizza noruega, con orégano en la masa y queso fundido dentro.

Yo preparando los palos para los panes. Fotógrafo: Ben. Hvala, Ben!

Me estoy enamorando de la chaqueta de Loyola. Seguro que el color verde manzana se agradecerá durante los crudos y blancos inviernos. Esta foto también es de Ben.

Jolines, el queso este nepalí sigue sin disolverse. Aunque ahora parece que salen pequeños trozos de una sustancia blanca (y por supuesto desconocida) del interior…

*Otro evento importante de hoy: guerra de algas contra Ben, que empezó conmigo pensando “creo que puedo meterme en el fiordo hasta las rodillas” y acabó conmigo pensando “dios mío, he conseguido tirarle a las algas”. Resultado: empate.

cleaning day y recompensa

29 jul

The power women. De izquierda a derecha, yo y mis compañeras de habitación Kanchan, de Nepal (que para venir cogió un avión especial que la llevó entre las montañas del Himalaya, deberíais ver sus fotos), Karolina, de Polonia, Rinchen, del Tíbet, y Marhia, de Timor Oriental.

Hoy tocaba limpiar las habitaciones y la casa, una prueba que hemos superado con un resultado bastante aceptable. Lo más bonito fue que tuvimos que ir a la habitación de los chicos (anter estábamos solas en el piso de arriba, ahora tenemos a Rafik de Egipto, Nguyen de Vietnam y Samuel de Venezuela de vecinos) para que nos explicaran cómo demonios se usaba la mopa. Primero lo hemos atribuido a una cuestión de ingeniería, pero la verdad es que saben más de limpieza de casas que nosotras, y eso, no sé, ¡es genial! Así tenemos a quién preguntar antes de que ruinemos los muebles limpiándolos con lavavajillas, o algo así. Por cierto, mi primera tanda de ropa sucia ha sobrevivido a la lavadora.

El premio por nuestro duro trabajo fue una merienda consistente en gofres con cardamomo y varios ingredientes naturales como fresas silvestres recolectadas por una servidora, una enorme cantidad de arándanos, limón y nata casera.

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