on the run

15 oct

Cuando comencé este post hoy por la mañana, no pensé que tenía todo esto guardado, que escribiría tanto, pero me ha salido un artículo bastante largo. Ni siquiera tengo fotos para aliviar entre párrafo y párrafo los ojos cansados, así que… Bueno, ¡quedáis avisados! A veces toca esto, entre tardes de Bob Marley y excursiones de escalada…

“Lovely Lea! See you soon! Enjoy the weekend. <3 – Sangita & Sukeji”, dice la nota que me he encontrado en mi escritorio al volver de un desayuno tardío o un almuerzo temprano. Es de mis dos maravillosas compañeras de habitación del primer año, a las que ya he cogido un montón de cariño. La verdad es que he tenido una suerte tremenda con mis compañeras de cuarto, y Denmark House 203 es la mezcla perfecta de aire fresco y olor a velas o perfume, de pequeños detalles y decoraciones que la hacen acogedora, como nuestra tetera en la mesa central o los farolillos chinos que cuelgan de la lámpara, de estudio y diversión, de arte y música, ni demasiado desordenado, ni demasiado estricto, con un baño limpio y caótico en su justa medida. Siempre dejamos un mensaje de despedida en la puerta o en las mesas de los demás cuando nos vamos por unos días, deseando un buen fin de semana o prometiendo traer helado si vamos a la ciudad, así que la nota en mi escritorio no tendría por qué ser nada especial. Sin embargo, el motivo por el que Sukeji y Sangita van a estar fuera estos dos día sí es bastante especial: como la inmensa mayoría de los primeros años, van a participar en un juego de rol sobre refugiados, una actividad organizada por la cruz roja que tiene lugar en nuestro colegio todos los años. El año pasado yo participé, pero creo recordar que no llegué a escribir sobre ella, así que he pensado que ahora que veo a mis amigos aprendiéndose los nombres y edades de sus “familiares”, de la gente en su grupo, llenándose los estómagos de arroz con leche, vestidos como una cebolla, nerviosos y expectantes, cuando vuelven recuerdos y sensaciones del año pasado, aparece una preocupación casi maternal (¡preocupante!) y me pillo preguntándoles si han comido suficiente, si llevan ropa interior térmica y guantes, ahora sería un buen momento para escribir sobre mi experiencia…

El juego de rol se llama “på flukt”, que en significa algo así como “huyendo”, y, como mencioné antes, es organizado por la Cruz Roja. Se trata de experimentar durante 24 horas la vida de un refugiado que está huyendo de un conflicto o de una situación de miseria y viene a otro país buscando asilo. Los controles, la discriminación, el maltrato, las dificultades para encontrar un sitio donde dormir y comida, la ayuda de organizaciones humanitarias, que a pesar de ser limitada, siempre es bienvenida, el miedo, es estrés, el no saber dónde estás ni qué hora es ni lo que va a pasar, la necesidad de esconderse cada vez que pasa un coche, de correr cuando viene la policía, de cuidar de otros en una situación extrema, de caminar y caminar por la noche, sin dormir apenas… Estas 24 horas te proporcionan una pequeña dosis de cada una de estas sensaciones.

Yo no me arrepiento de haberlo hecho el año pasado, aunque desde luego no fue una experiencia que disfrutara. Tampoco está hecha para ser disfrutada. La peor parte para mí no fue el andar por horas en la nieve, subiendo montes y entrando y saliendo del bosque, sin una meta exacta, o seguir la carretera de noche sin reconocer a nadie más que a quien está caminando a tu lado, y esconderse o echar a correr cada vez que viene un coche… Mientras estaba fuera y podía respirar aire fresco y moverme con relativa libertad, no me sentía demasiado mal. Fue el tiempo que pasamos dentro lo que más me afectó. Primero los controles antes de poder salir del país: vaciar nuestras mochilas una y otra vez y tener que buscar nuestras pertenencias entre un montón enorme de ropa, para luego tener que volver a echarlas diez minutos después, ser cacheados y que nos quitaran los relojes, alguna comida que habíamos intentado llevar, pasar por el médico y algunas pruebas físicas completamente carentes de sentido… Mientras esperábamos en los pasillos llenos de gente, vestidos con demasiada ropa, apretados y agobiados me invadió una sensación febril, fue horroroso. Los guardias, oficiales y médicos devoraban hamburguesas y platos de comida mientras los mirábamos y después de ser empujados de una habitación a otra por horas, ya no sabía qué pensar o hacer.

También la simulación de la frontera fue bastante impresionante. De noche caminamos a Flekke y sabíamos que podríamos dormir por un tiempo en un “campamento de la Cruz Roja” después de la frontera, y que nos darían comida, pero antes estuvimos esperando quizá media hora o una hora entera, con militares gritándonos, forzándonos a hacer dominadas, a arrodillarnos, a levantar las manos, todo por capricho…

En conjunto creo que fue una experiencia valiosa, aunque no estoy segura de que realmente mejorara tanto mi comprensión de la vida de un refugiado. Es cierto que vivirlo es distinto a imaginárselo, pero nada de lo que me ocurrió fue sorprendente o completamente inesperado. Sorpresa en ese momento, sí, pero no inesperado. Otra cosa que caracterizó nuestra experiencia fue, que algunos de los actores o instructores de la actividad fueron nuestros segundos años. Normalmente se supone que son todos externos al grupo de participantes, de forma que no los conoces y no los ves después, pero aparentemente no tienen suficiente gente para hacer eso. No creo que sea una buena idea. Quizá lo exagere un poco, porque al fin y a cabo todos sabemos que es un juego de rol y por supuesto no lo extrapolamos a la realidad, pero no puedes evitar personalizarlo. El año pasado, sé que para los actores fue una experiencia tan intensa como para nosotros. El ser tan crueles e injustos y casi violentos con nosotros los afectó de varias formas. Algunos consiguieron verlo como un ejercicio y superar el mal sabor de boca con una buena noche de sueño, otros se asustaron al pensar que quizá se estaban metiendo demasiado en el papel, que no se daban cuenta de que eran personas, sus amigos, esa gente a la que estaban maltratando, que consiguieron eliminar eso de sus mentes durante el ejercicio, y unos pocos casi se derrumbaron después de horas de intimidar a sus amigos y a la gente con la que vivían.

A mucha gente le resultó fácil “cambiar el chip” una vez acabado el juego de rol. A mí no tanto, y sé que a otros les pasó lo mismo, de ambos grupos, de los actores y de los participantes. No me sentí distanciada ni mucho menos de los que habían sido mis “maltratadores”, más al contrario: la experiencia nos unió mucho en al menos dos casos. Pero durante días tuve esta sensación surrealista, y me sentía triste sin saber realmente por qué, y me asaltaban los recuerdos de vez en cuando.

Tengo que admitir que este año, cuando anunciaron que necesitaban a gente para ayudar en la organización, sentí curiosidad. Una parte de mí quería saber lo que se siente, si sería capaz de hacerlo, cómo reaccionaría en esa situación. Pero mi curiosidad, por muy grande que sea, tiene límites, y este es uno de ellos. Nunca había probado los juegos de rol, y la idea de estas dos realidades solapadas para mí es muy extraña, y me da miedo. Probablemente no sea tan extremo como lo siento ahora, pero tengo la impresión de que es muy fácil cruzar el límite, aunque sea por muy poco, y que entonces es difícil volver atrás y la situación cambia a algo completamente distinto. De todas formas, soy consciente de que es una impresión muy personal, y de para mucha gente probablemente sea más fácil controlar y separar estas dos realidades que para mí.

Aprovecharé el fin de semana para trabajar. La diferencia se nota un montón, el campus parece vacío. Pero no puedo evitar que mis pensamientos vuelvan con frecuencia al año pasado, o me imagine a mis amigos que están pasando por algo parecido mientras escribo. Vamos a calmarnos, que al fin y al cabo sobrevivirán, y sé que mis preciadas compañeras de habitación volverán sanas y salvas… Espero que salga bien y sea una experiencia interesante y valiosa para todos.

Etiquetas: , , , , , , ,

una tarde como una canción de bob marley

13 oct

Hoy por la mañana Flekke ha amanecido así:

 

¡El primer día de helada! Sólo una fina tela de araña de escarcha, casi imperceptible, que cubría el prado entre las casas y la kantina , pero ya había sucumbido al sol cuando volví. Sí, habéis leído bien – sol hoy también en Flekke. Qué gran despedida del calor. Esta mañana me he levantado sintiéndome fatal, y no he ido a clase, pero el buen tiempo realmente puede con todo. Ahora estoy sentada con Kris debajo de un manzano, envuelta en una manta y con varias capas de ropa, mientras Ashley, de Serbia, y Mirza, un kurdo establecido en Suiza, juegan al baloncesto en la canasta que cuelga de Uncle Tom’s Cabin. Todo el mundo está en sus actividades, de vez en cuando pasa alguien y se une para unos tiros a canasta, o intercambia algunas palabras con nosotros y sigue su camino. Pero la mayor parte del tiempo sólo se oyen los pájaros, los golpes del balón, el pasar de páginas de Kris y mis golpecitos en el teclado. Ya entiendo por qué da la impresión de que realmente los pasamos mal aquí… Un asco de vida, vamos. Si ahora que lo pienso, incluso estar enferma no está mal. Las clases que me he perdido no son tan graves, algún profesor incluso me ha mandado un correo deseándome que me mejore pronto, he llegado a disfrutar de ese momento de estar en la cama sin dormir, de sentir las mantas y almohadas calentitas alrededor de mí y la luz que se filtra por mis cortinas, algo inexistente en mi día a día… Me he levantado a las doce y media, cuando la vista de mi ventana era ésta,

 

me he dado una ducha y me he ido a comer. Comí en una kantina vacía, con Eivind, que también está enfermo, y después he pasado la tarde en un limbo temporal, sin ninguna reunión a la que acudir, ninguna actividad en la que participar, sin sentirme estudiante del IB. Por la silla a mi lado pasaron Kris, con el que estuve charlando un buen rato y comiendo el chocolate alemán que nos donó Meta; Álvaro, que está intentando resolver el Cubo de Rubik y lo lleva a todas partes; Prince, que es casi dos metros de materia adorable de Swazilandia; y ahora Mia, mi primer año alemana, que está leyendo para Literatura Mundial. Pero ahora el sol está bajando y mis pies se están enfriando. Así que daré fin a una tarde idílica de dolor de estómago, y me iré a mi cuarto a trabajar. Me imagino que este será el último post sobre mis ensoñaciones doradas, que ya vale. En realidad siempre me siento con el propósito de escribir sobre la semana de proyectos, o sobre las visitas de universidades, pero luego me gusta tanto escribir y tengo tantas cosas que contar y la cabeza tan llena de pensamientos y emociones que acabo escribiendo de lo que está pasando ahora mismo a este lado de la pantalla. Intento capturar los juramentos en árabe cuando el balón rebota en el aro de la canasta, el sudor sobre la piel negra de Leo, el sonido de la puerta de Norway House al abrirse, el acento vietnamita de Nguyen, la imagen de Kris revolviéndose en la silla porque no sabe qué hacer con sus piernas demasiado largas, la visita relámpago de Karolina… A veces pienso que es lo que realmente cuenta de estos dos años, todas esas pequeñas impresiones, las películas y el café de los viernes, esa noche en la que se veía la Vía Láctea, esa conversación a la hora de la cena sobre pudin de vainilla, cuando alguien me pasa la mano por el pelo, que Scott me ha vuelto a cortar corto, corto, corto… ¿Os llega? Quiero recordar todo esto tan bien como las grandes fiestas, las excursiones, las discusiones intensas, los encuentros y choques de culturas… Sé que lo echaré de menos.

Me voy, qué fresco hace ahora. Al contrario que los jugadores de baloncesto, que se están calentando más y más. No es por confirmar estereotipos, pero de verdad, los árabes… Ahora el balón ha llegado hasta nuestras sillas y casi morimos aplastamos. Creo que es una señal de los dioses. Abandono mi puesto y le doy al botón de “publicar”.

Etiquetas: , , , , , ,

y allí en noruga, ¿no te deprime el frío y la oscuridad?

12 oct

Kristoffer (Dinamarca) y yo delande del edificio de ciencias (¡esto es lo que vemos cuando desviamos un poco la mirada durante las clases!) el sábado pasado. Otra mañana regalo del viento del norte. La foto es de Mette, también de Dinamarca.

A pesar de los abetos que cubren las montañas alrededor de Flekke, y que “son tan verdes en verano como en invierno, cuando nieva” (preguntad a lo alemanes por su “O Tannenbaum, O Tannenbaum”), sí se nota la diferencia con las tonalidades frescas del verano…

Sol, sol, sol. Hace un día tan espléndido en nuestro fiordo que incluso el peregrinaje de las sábanas es un placer. Desde que han abierto el nuevo edificio de mantenimiento un poco más alejado de las casa, ya no cambiamos nuestras sábanas en Uncle Tom’s Cabin, sino que tenemos que andar un poco más lejos. Un corriente constante de peregrinos, cada uno con su saco blanco a la espalda a la ida (las sábanas metidas en la funda de la almohada) y un taquito impecablemente doblado en las manos a la vuelta, pasa debajo de mi ventana todos los miércoles. Un miércoles es a gente de Norway, Sweden y Finland House, el siguiente somos nosotros de Denmark House y nuestros vecinos de Iceland House. A mí personalmente no me importa andar, es más, me gusta, especialmente cuando hace un tiempo como hoy. Cielo azul, sol, un poco de viento fresco y unas nubes blancas y algodonosas como ovejitas, por una vez nada amenazantes. Kristoffer me estaba explicando hace un momento que hoy hace buen tiempo porque sopla el viento del Norte, y es un viento seco y frío, al contrario que el viento del suroeste que sopla normalmente y que nos trae esa capa pesada de nubes grises y los chaparrones de los últimos días. Mira que siempre nos reímos de los estudiantes de Environmental Systems por ser no ser una “ciencia de verdad”, ya que en principio es una asginatura pensada para estudiantes más enfocados en las humanidades, pero a veces parece que aprenden más cosas útiles para la vida…

Las de esta semana han sido unas lluvias torrenciales, incluso ha granizado. Somos conscientes de que días de sol como hoy son un milagro, un regalo antes de que venga el invierno largo, oscuro y frío, que ya se puede oler en el aire y que nos empieza a retrasar los amaneceres. Son las últimas oportunidades de dar un paseo a la isla tranquilamente, o sentarse delante del edificio de ciencias, en el embarcadero, de cenar fuera, de llevarse los libros y ocupar una de las rocas en las que rompen las olas de miniatura, de ponerse un vestido de verano y pintarse las uñas de los dedos de los pies para despedir las sandalias, de abrir la ventana y de escuchar la música de Sweden House 201 durante el peregrinaje, que varía desde los clásicos del colegio a Vivaldi, del hip-hop a los Ramones… Así que aprovechamos bien estos días que nos ofrece el Viento del Norte. Hoy después de limpiar la habitación me fui con Bennie a Flekke, y cuando superamos la colina a la entrada del campus, pasamos la primera curva y vimos los valles con sus pequeñas granjas, las ovejas pastando a la orilla del fiordo y el lago al otro lado de la carretera, todo bañado por el sol de la tarde me di cuenta de lo mucho que me guste este sitio. A veces tengo la sensación de estar encerrada, a un lado roca, al otro el fiordo, y por encima las nubes y una masa de trabajos y exámenes, de relaciones complicadas y pequeños dramas que en ocasiones casi me aplasta. La burbuja se ma hace demasiado pequeña y tengo ganas de irme, de hacer otras cosas… Pero en días como éste sé que de alguna manera lo conseguiré, y que en realidad, como diría mi padre, todo es nada (en el buen sentido de la expresión), de que hay un montón de cosas que disfrutar y vivir aquí, de lo contenta que estoy de estar en Flekke y no en otra parte, y con estas doscientas personas y no otras. Y de que mi ventana de al fiordo.

d

d

   Hablando de ventanas…

d

d

 

d

d

d

d

d

Caminé con Bennie hasta Flekke Shop, y vuelta, y aunque a veces nos caían un par de gotas que quizá se confundieron de valle, aunque teníamos el anorak de invierno puesto y se nos enfriaron las mejillas, fue una tarde maravillosa. Se me había olvidado la cámara, siempre me da una rabia tremenda, y cuando llegamos al campus, salí otra vez para hacer algunas fotos. En realidad pensaba subir al blog las fotos de mi PBL, de mi semana de escalada y surf, pero al final me ha salido este torrente de palabras… Igual que las fotos nunca captan los tonos exactos de los árboles otoñales, los matices cálidos de la luz y mucho menos la sensación del sol sobre la piel, creo que por mucho que escriba, no voy a poder transmitir la felicidad que flota de casa en casa, por las calle principal del campus, se cuela por las ventanas y agita un poco las cortinas de las camas… De forma que lo dejo así – espero que os gusten las fotos, que no os parezcan aburridas. ¡A ver si consigo subir las de la PBL hoy también!

Flekke. No sé si soy yo y mi tamaño de hobbit por el que soy conocida entre mis amigos nórdicos, o esto podría ser la Comarca. Una cueva por aquí y un trol por allá (aunque quién dice que no estén ya por ahí…)

¡Estamos aquí, estamos aquí!

Etiquetas: , , , , , , ,

nackedei, nackedei

11 sep

Aquí es donde se erigirá la ciudad de Oslo…

Tengo un “free block”, el profesor de Historia no está, y ha sido una sorpresa. Los “free blocks” sorpresa son tan escasos como apreciados, se disfrutan mucho más que los “free blocks” de Teoría del Conocimiento, una asignatura que sólo ocupa dos de cada tres clases programadas. Los “free blocks” no se planean, no puedes hacerte una lista de cosas que deberías hacer, no los gastas haciendo los deberes para la siguiente clase, porque en principio no contabas con él. Así que no te mala conciencia relajarte por una hora y media, más o menos, y escribir en el blog en vez de en uno de los veinte documentos que tengo abiertos en mi ordenador. Que a una cosa tan pequeña le quepan tantas palabras, de verdad… A veces me pregunto si va a explotar en algún momento.

Así que he vuelto a mi cuarto, me he puesto música, y me he echado un poco del zumo de naranja que nos llevamos todos del catering de las competición de primeros auxilios a la que fuimos el fin de semana pasados. Hay momentos en los que no parecemos estudiantes responsables, librepensadores, concienciados, sino una horda de animales hambrientos. Total, que nos llevamos algunos de los bricks de medio litro de zumo de naranja y ahora conservo el mío colgado fuera de mi ventana. Y es que además de la mejor vista del fiordo, mi ventana me ofrece un sistema de refrigeración alternativo extremadamente útil. Y como estoy en el segundo piso, mi zumo de naranja está fuera del alcance de los dedos largos de algunos de mis compañeros, que de vez en cuando hacen desaparecer del frigorífico nuestras más preciadas posesiones, es decir, COMIDA, provocando un daño emocional y psicológico inconmensurable. En serio.

Creo que toca un poco de color en el blog, no he subido muchas fotos últimamente, así que he pensado que igual os gustaría ver un poco de Oslo, las fotos que tomé durante los dos días que pasé con Bennie, y después en la visita de la ciudad que hicimos todos en Oslo Day.

No lo pude haber disfrutado más. Oslo en general, y especialmente el barrio un poco periférico en el que vive Bennie, me recordaron un montón a Alemania y a los veranos que pasé visitando a Oma Herta. La estructura de las casas, de la ciudad, el cableado de los tranvías trazando una telaraña abstracta encima de las calles, el pequeño supermercado a cinco minutos de casa, los árboles frondosos, las nubes y la lluvia de verano, la iglesia de ladrillos y pizarra… Una sensación bonita, aunque un poco melancólica, de estar en casa y a la vez echar en falta algo.

La casa de Bennie

Bennie, yo y Romy, nuestra amiga de Holanda, que también estaba visitando, nos quedamos en casa del padre de Bennie y su familia, que estaban de vacaciones en Suiza. Bennie tiene cuatro hermanos pequeños, de cuatro, seis, ocho y diez años, así que a veces tenía la impresión de estar todavía en casa, cuando veía una excavadora de lego encima de la mesa del salón, las paredes llenas de dibujos, la cama-castillo o la tabla de multiplicar pegada en la ducha. Por si sirve de consuelo, Uli, los niños noruegos pasan por la misma tortura matemática de aprenderse la tabla de multiplicar que los niños españoles. Tuvimos dos días muy, muy agradables. Ragna (Noruega) y Claudia (Italia) se nos unieron la misma tarde en la que llegué yo, y como Bennie tenía que hacer todavía algunos recados y las viajeras estábamos cansadas de las horas de aeropuertos y espera, nos lo tomamos con tranquilidad. Al día siguiente, creo que era viernes, nos fuimos a dar una vuelta por Oslo. Bennie nos enseñó el centro, con la iglesia, los edificios del Gobierno, el palacio real y el centro comercial. Por el paseo hacia el palacio se mezclaban los puestos de la campaña electoral con un concierto de jazz, parte del festival de música que tenía lugar en esos días. Olve, uno de los primeros años de Noruega me contaba más tarde que Oslo es un buen sitio para músicos, sobre todo para los que empiezan, porque como efecto colateral del orgullo que comparten los noruegos por su país, se presta más atención a la música que surge en el propio país que en España, por ejemplo, donde tengo la sensación que la influencia de la música americana, o en general de lengua inglesa, quizá no se lo ponga tan fácil a artistas independientes, no tan conocidos, grupos pequeños que acaban de comenzar su carrera… En Oslo, además del festival de música, el centro estaba lleno de bares y clubs que anunciaban conciertos en directo, con patio interior y un pequeño escenario ocupado cada noche… Y eso que Oslo es una ciudad bastante pequeña, comparada con otras capitales europeas. Me gustó mucho.

También me hizo ilusión encontrarme citas de autores, especialmente de Ibsen, desperdigadas por el asfalto, que me recordaron a la calle Huertas en Madrid, y algunas de las cuales eran muy agudas.

Cuando comenzó a llover, algo que va veíamos venir, nos refugiamos en un pequeño café, precioso. Pintado de colores “viejos”, de tonos un poco desgastados, oro viejo, marrón y turquesa oscuro, con dibujos y espejos oscuros colgados de las paredes y música de fondo. Estaba llenos de estudiantes que venían de la universidad a tomarse un café a un precio razonable, y en una pared había una colección enorme de frascos de té para servirte tú mismo, como hizo Bennie. Aún así, Romy y yo nos decidimos por un chocolate caliente, con una montaña de nata encima…

Una ciudad llena de tigres

Más tarde, pasamos por la tienda de segunda mano más grande de Oslo, Uff creo que se llama. Un auténtico paraíso, un museo de la moda de los últimos 50 años. Desde trajes típicos noruegos con sus veinte capas, bordados y kilos de peso hasta vestidos de novia cerrados al cuello y largos hasta los tobillos, desde vestidos de fiesta cubiertos de lentejuelas y guantes largos de terciopelo negro hasta pantalones de obrero y corbatas de todos los tamaños, formas y colores, desde jerséis que parecían tejidos por las tatarabuelas de mi compañeros noruegos, hasta vestidos que podrían haber salido de una película de Audrey Hepburn. Una maravilla.

De vuelta a casa, nos pasamos por el supermercado para comprar los ingredientes de nuestra última comida creativa y variada, un wok de verduras y arroz con curry. Pues sí, cocinamos, y nos salió buenísimo. Para que luego hablen tan mal de nuestra habilidades culinarias…

… y sabía igual de bien!

La tarde la pasamos chilleando, esa acción tan característica del colegio de ver pasar el tiempo desde una posición relativamente horizontal en compañía de algunos pocos buenos amigos. Bennie se tuvo que ir a hacer la maleta a casa de su madre, Ragna y Claudia ya se habían ido antes y Romy y yo nos quedamos hablando en la cocina hasta que un sonido sospechosamente parecido al tictac de una bomba de relojería que provenía de cerca del fregadero nos hizo huir al dormitorio, donde nos encontró Bennie. En algún momento, Romy se quedó dormida, pero Bennie y yo decidimos aprovechar nuestra última noche de libertad absoluta para ver Buscando a Nemo y comer cereales. Sí, fue una noche salvaje y desenfrenada…

La visita que hicimos a Oslo al día siguiente, después de la emoción de vernos de nuevo, después de abrazos, besos, el descubrimiento de un nuevo tatuaje y más abrazos, fue bastante distinta a la del día anterior, pero igual de bonita. Fuimos a ver la ópera de Oslo, un edificio nuevo con un contraste precioso entre la madera clara de la que está hecha la espiral interior, dentro de la cual probablemente se encuentran las salas, y la fachada, que por fuera es de piedra blanca y por dentro esta recubierta de una estructura de metal y cristal. La verdad es que nosotros prestamos casi más atención a los baños, una parada recomendada en nuestro recorrido. Muy elegantes, aunque los dispensadores de jabón y el avanzado mecanismo que activaba el agua supusieron un desfío incluso para nuestras mentes privilegiadas. Tanto estudiar, tanto estudiar, y luego lo fundamental…

Vistas desde el tejado de la Ópera

Interior de la Ópera de Oslo

Vimos de nuevo el palacio y los edificios más significativos, la universidad de Oslo, etc, y pasamos también por el perímetro construido alrededor del barrio afectado por el ataque terrorista ocurrido el verano pasado. Había flores prendidas de todas las verjas, y visitantes como nosotros observando las ventanas rotas, sustituidas por láminas de madera, el reloj roto de uno de los edificios del gobierno, y probablemente tratando de imaginarse sin conseguirlo del todo el efecto devastador que tuvo en una ciudad tan acogedora, tan pequeña como Oslo.

Un escaparate de periódicos cerca del perímetro

Nos sentamos a comer en un parque en el centro de la ciudad, y después nos dimos una vuelta por el paseo principal, que es conocido por sus estatuas. A ambos lados hay una filas de estatuas de metal que representan a personas en actos cotidianos, simples. El juego, un abrazo, una lucha, sentados, caminando, un padre y un hijo, dos niños corriendo, una pareja, un salto, un niño pequeño enfadado. Todos ellos están desnudos, pero era curioso como eso me llamó tanto la atención, sino que simplemente resaltaba la belleza de los cuerpos, del movimiento, de la soledad o la compañía… Me gustaron mucho. El paseo conducía a una plazoleta con más estatuas, estas de piedra, colocadas en círculos concéntricos alrededor de una columna formada por cuerpos desnudos. Esta maraña de personas no me gustó tanto, pero las estatuas alrededor sí. Éstas eran de piedra, probablemente granito, y eran más grandes que las que flanqueaban el paseo. Se centraban más en las distintas edades de los humanos – hombres con barba, sentados, mirándose, dos mujeres peinándose… Fue muy emocionante ver a un chico ciego, acompañado de la que parecía ser su abuela, tocando las estatuas y siguiendo con sus manos sus curvas y las formas de sus cuerpos.

Más tarde cogimos el ferry para ir a una isla cerca de la costa, para visitar un museo. El museo era al aire libre, estaba formado por varias casas que representaban los distintos estilos de construcción que se produjeron en Noruega a lo largo de la historia, y se encontraba en medio de un barrio residencial lleno de casas impresionantes, más parecidas a mansiones, con columnas griegas, terrazas acristaladas, portones de entrada de tres metros de alto… Fue curioso visitar una granja construida cuando Noruega era un país que sobrevivía de trabajar la tierra, muy pobre, cuando te sabías rodeada de los palacios de las familias más acaudaladas de Oslo. También entramos en una iglesia construida enteramente de madera (como todo en Noruega, por otra parte). Por fuera tenía varios niveles de tejado sobrepuestos, con pequeñas gárgolas en forma de dragón, y tenía un aire asiático, recordaba ligeramente a los templos incrustados en la roca, en alguna montaña del Himalaya…

Desde el ferry

Antes de meternos en el autobús para emprender el trayecto de diez horas a Flekke, fuimos a una pizzeria que nos habían reservado, y nos lanzamos como buitres sobre uno de esos platos que sabes que no volverás a probar en al menos cuatro meses, con el hambre de exploradores satisfechos con su expedición…

Cuando pienso en Oslo, surgen muy buenos recuerdos.

Last ikke tiden. Havde tiden været større, så var du bleven mindre.

- Henrik Ibsen

(No culpes los tiempos. Si los tiempos hubieran sido más grandes, tú hubieras sido más pequeño)

Os dejo una canción de Timbuktu, un músico sueco. Como la palabara “chilleando”, es parte del patrimonio cultural de nuestra burbuja, donde el rap nórdico se mezcla con la salsa venezolana y la música indie americana, las canciones de amor árabes con la voz de Cesárea Évora…

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

koselig

7 sep

Tengo dos minutos para escribir, uno y medio. Los martes y jueves es día de baño matutino, así que tengo que irme a dormir. Hoy ha sido un día bueno, que ha empezado con una agenda llena hasta el último renglón y cada minuto planeado, y ha acabado con una Lea feliz que, de alguna manera, ha conseguido hacer casi todo lo que se proponía y además con buen talante, y ahora se siente satisfecha y contenta consigo misma. Casi ronronea. Los resultados de esta tarde son cinco bolsitas de té en la papelera, tres mías, una de Ben y otra de mi primer año de Suiza, una enorme tarjeta de cumpleaños colgada en la kantina par sorprender a Kathrine mañana y un ensayo comparativo de literatura mundial que solo necesita una última pasada y cuenta con la aprobación de María Teresa, nuestra profesora de español. Ah, y una lista de universidades interesantes que sigue creciendo…

Fue mi primera tutoría con María Teresa, y aunque había acabado un primer borrador del ensayo, lo leí ayer y vi la luz, así que me pasé la tarde entera en mi cuarto reescribiéndolo y cambiando el enfoque del tema. Lo disfruté de verdad, y ni siquiera me distrajo la visita primero de Ben, con el que vi un cortometraje muy filosófico y luego otro muy ácido, además de ver un espectáculo espontáneo de breakdance en mi cuarto, y después de Raphael, mi primer año de Suiza, que venía buscando Internet y se quedó repantigado en mi sillón maravilloso, enseñándome un poco de alemán suizo. Es un dialecto tan extremadamente gemütlich, una palabra que no se puede traducir al español, pero que designa a Bennie cuando se pone su enorme jersey noruego y me da un abrazo, a un gato acurrucado calentándote la tripa, a mi cama llena de cojines y postales y quizá también a Álvaro cuando me rasca la mejilla con su barba de tres días.

Acabé tres minutos antes de tener que irme, eso sí, muy satisfecha con lo escrito, y subí a “la colina de los profesores” en la oscuridad y la lluvia, para llegar a la acogedora casita de María Teresa. La verdad es que estaba bastante nerviosa, porque María Teresa y yo hemos tenido nuestros desacuerdos y yo no estaba muy segura de mi trabajo… Pero enseguida me sentí muy a gusto. Katu, que tenía “cita” antes que yo estaba todavía, y me hice un té indio que me ofreció María Teresa. Su casa es como el templo de la Literatura y el Arte al que acuden los habitantes de Flekke a presentar sus respetos. Muchos libros, un retrato de Frida Kahlo y entradas y recuerdos de sus visitas al Teatro del Globo para asistir a distintas representaciones de obras de Shakespeare. Fue una conversación muy productiva, de la que salieron aspectos nuevos de mi trabajo, muy interesantes, y a la vez la seguridad de haberlo hecho bien, porque podía hablar de él, y explicarlo y María Teresa entendía lo que quería decir. Me he dado cuenta de que el nuevo nivel de confianza y conocimiento que hemos alcanzado los segundos años, y que disfruto cada día más (como dice Fredrik: “Ya nos podemos andar desnudos entre nosotros. Total…”), se puede aplicar también a los profesores, y realmente disfruté mucho mi tutoría.

Poco a poco me voy acostumbrando a ser segundo año. A tener que irme del Dayroom un poco antes porque hay que trabajar, a renunciar a algunas conversaciones y visitas, a concentrarme cuando hace falta y a perderme algunas cosas. Voy dejando atrás la envidia que tenía a los primeros años y las ganas de volver a vivirlo todo, y en vez de eso disfruto su compañía relajante y divertida y de verlos comenzar estos dos años maravillosos. Cada uno tiene lo suyo, y yo lo mío no lo cambiaría por nada. Sólo hay que gastar un poco de energía en mantener la cabeza despejada, el rincón ordenado, la mente libre de estrés y la mente libre de estrés. Cuesta, pero vale la pena.

Ahora volvía de colgar la tarjeta para Kathrine en la kantina con Marco, y nos hemos dado cuenta de que las farolas del campus no funcionan esta noche. Se ven muchas más estrellas y las casas parecen tener velas detrás de algunas ventanas. Es precioso ver las sombras detrás del cristal, ver luz en algunos cuartos, en otros no. Gente doblando la ropa, preparando la mochila para mañana, comiendo una manzana, hablando, leyendo… Yo me voy a dormir. Os dejo un link, quizá un poco ridículo, pero nunca se sabe…

make-everything-ok.com/

Etiquetas: , , , , , , , ,

trolls, voodoo y una ducha fría

29 ago

Bolsa de la colada, detalle

La verdad es que no sé muy bien cómo pasó, pero fue una batalla encarnizada… Eso sí, yo convertí a Viktorija en una obra de arte mientras que ella me llenó la cara (¡y los dientes!) de negro y verde.

Lunes, primer día de clase. Ya notábamos los nervios ayer, cuando tuvimos una reunión en el salón de actos para recibir nuestros horarios y explicar el sistema de clases a nuestros primeros años, y después de la feria de actividades que tuvimos después, para la que me reclutaron en el último momento, y de ir en bici a Flekke con Scott porque pensé que se me había olvidado allí el abrigo rojo (¡¡no panic, está aquí!!), lo único de lo que Katu y yo nos sentíamos capaces era de sentarnos en nuestras camicuevasllenas de telas y estrellas fluorescentes (primero en la de ella, luego en la mía), escuchar a Tom Waits y comer chocolate, fideos precocinados crudos y té en perfecta armonía, sin pensar en nada. Para la mayoría, ahora empieza de verdad el trabajo y se acaba el idilio vacacional de la semana pasada. Aunque ya lo sabía desde mucho antes, pero durante esta mañana se me ha hecho aún más claro que tendremos mucho trabajo este año y tendremos que sacrificar algunas cosas para dar lo mejor de nosotros en las clases y los trabajos…

El sábado, Fredrik y Oliver (Suecia), Scott (EE UU) y yo nos levantamos pronto y subimos entre la niebla y el rocío la montaña que separa Flekkefiord de Dalsfiord. Esto es Flekkefiord…

… esto es Dalsfiord…

… y esto es una roca y una nube pillados en fraganti.

¿Nos metemos en la catarata? Venga, vale. Oye, era una broma, pero bueno… ¿por qué no?

Aclaración: ¡Yo también estaba allí!

Por una parte, me gusta que hayamos empezado y por fin pueda entrar en el ritmo de trabajo en vez de andar empujando las tareas delante de mí indefinidamente, pero por el otro, soy consciente de que el aspecto académico es lo que más nos va a diferenciar y probablemente alejar de nuestros primeros años, y si ya de por sí es difícil mantener el equilibrio entre las amistades nuevas, emocionantes, y las que vienen de antes, más profundas e intensas, tengo miedo de perder contacto con algunas personas que realmente me han caído bien, y con las que he pasado bastante tiempo esta semana. Ya veremos. Quizá aquí también hay que sacrificar de vez en cuando, pero me imagino que lo que vale la pena, persiste…

La salida de la carrera del domingo a Flekke. Es una tradición del colegio y no sólo hay personas que van corriendo,…

… como la profesora de Filosofía, Summer, con Marta (Polonia) y Hala (Jordania),…

sino que también vamos andando…

… haciendo el tonto…

… sin hacerlo…

… escuchando música…

con un alce o sin él…

con compañeras de cuarto…

… y compañeros de cuarto.

¡Algunos no se movieron para nada!

De momento, me concentraré en lo positivo: la clase de matemáticas eficiente, estructurada, maravillosamente comprensible, con la misma profesora del año pasado, un repaso satisfactorio en historia, una paseo por la isla en Biología, con una introducción a nuestro próximo tema, la clasificación de los seres vivos según Carl Linnaeus… Me he prometido a mí misma concentrarme, no dejarme vencer por el estrés y la desesperación o la obesión que se comienza a manifestar entre algunos de mis coaños, y estoy convencida de que todo saldrá bien al final… Y esta noche Ben y yo hemos quedado en hacer un pequeño y simpático muñeco de voodoo positivo, solo por si acaso, como plan B digamos. ¡Nada serio!

La fiesta del sábado, en la que cada habitación se disfrazó de algo distinto. Fue una de las mejores fiestas de todos los tiempos y nosotras fuimos imbatibles disfrazadas de trolls, con vestidos cosidos a manos por nosotras mismas, hechas de sacos y tela vieja, cubiertas de barro, pecas y unas colas preciosas.

De izquierda a derecha: yo, Sangita (Nepal), Wiktoria (Noruega) y Olga (Finlandia)

Para darme ánimos, subo las fotos de este fin de semana, un gran final a la primera semana en Flekke…

Bolsa de la colada, detalle

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

una vista al fiordo II

27 ago


Mi ventana

Ya sabéis que siempre te encuentras las cosas más interesantes, los insectos más extraños, los paisajes más sobrecogedores y las situaciones más divertidas cuando no llevas la cámara de fotos encima, pero esa sensación se multiplica por tres, al menos, sobre todo durante estos primeros días. Así que no es sólo Marit, de Estonia, la que lleva siempre colgada del hombro su cámara de fotos, sino que yo también intento llevarla encima siempre. Esto, combinado con el aire de vacaciones que se respira por aquí, toda la gente nueva y el buen tiempo, ha dado lugar a algunas fotos bastante bonitas que acompañan mi entrada anterior…

Primero, algunas fotos de mi habitación. Cuando llegamos a Flekke en los autobuses, nos embarcamos en contra de nuestros propósitos en una carrera para pillar el mejor rincón de la habitación, ya que hay diferencias cruciales: ventana o no, dos armarios o uno, un cajón grande o no… En nuestra habitación tuvimos suerte, ya que teníamos preferencias distintas. Wiktoria, de Noruega, necesitaba la esquina más amplia, mientras que a mí no me importó sacrificar espacio a cambio de una ventana con una vista maravillosa. Además, como estamos en la segunda planta y las habitaciones de Denmark House no dan a la calle principal, la ventana tampoco es una distracción. A Olga, de Finlandia, no le importó ocupar la esquina con menos espacio, que también tiene una ventana, ya que ella tuvo la mejor esquina el año pasado. Así que no hubo grandes dramas. La verdad es que estoy muy contenta con mis compañeras de habitación. Wiktoria y yo éramos buenas amigas desde el año pasado, y con Olga, aunque no he tenido tanta relación antes, también me llevo muy bien. Sangita es muy tranquila y un poco callada, pero no tan tímida como pensábamos al principio… ¡Hemos tenido mucha suerte!

Ya veréis que nuestra habitación está quedando preciosa – la más guay de todo el colegio, claro. Ahora en serio, no se puede negar que con una buena relación viene un mayor esfuerzo en hacer la habitación lo más acogedora posible. Con banderas nepalíes encima de la puerta, una instalación de latas de cerveza colgando de la lámpara, un dragón sobrevolándolo todo, un póster de los superheroes de Marvel al lado del baño y en la repisa delante de uno de los espejos, nuestra mascota: una flor preciosa que trajo Wiktoria. En realidad, una especie de té que pones en el agua en forma de cubo y se desdobla hasta convertirse en una flor. Incluso hay que cambiarle el agua y todo, como a un pez o a una tortuga. También hay una lámpara de lava en la esquina de Wik, y una lámpara naranja en la mía, una tetera amarilla encima de la mesa central y un mantel de los Rolling Stones. Nuestro próximo proyecto es un ciclo de cuentros tradicionales noruegos colgados en el baño, en frente del inodoro. Una idea excelente, en mi opinión…

Además de nuestra habitación, hay dos sitios en los que paso mucho, mucho tiempo. Uno de ellos es la pequeña terraza en frente de Finland House, la casa más cercana a la cantina, por la que todo el mundo pasa varias veces al día. Da el sol, siempre tienes compañía y si no suena música desde una de las ventanas de la casa, está Raphael, de Suiza, con su guitarra y un cuadernillo de letras…

Romy and Romy’s roomie Meta

Conversación de filósofos – Maria y Rodrigo

Raphel, Fidel, una guitarra y un ukelele

Otro sitio es el fiordo – mientras haga buen tiempo…

En fin, estos días son fantásticos, y como sabemos demasiado bien que pronto se habrán acabado, los aprovecharemos bien…

Ben y Meta sentados en el tejado de Denmark House…

… y Summer, la profesora de filosofía, que los hizo bajar

Romy, Ben y Benedicte con un maravillosos kit para exploradores

Etiquetas: , , , , ,

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.