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la despedida de Ylvi

14 nov

Hace algunos días encontré medio por casualidad el blog de mi relevo en Flekke, Teresa: http://teresairigoyen.wordpress.com. Pude comprobar que me iguala, si no sobrepasa, en entusiasmo y ganas de comunicarlo, y me hizo mucha ilusión saber que sigue habiendo una vikinga en el espacio virtual. Leer las entradas sobre la emoción de las primeras semanas, las descripciones de compañeros, de la habitación, de lugares y acontecimientos nuevos me llevó a recordar cómo fueron mis primeros meses en Flekke y cómo los describía en el blog, muchas veces a las tantas de la noche por falta de tiempo, con el mismo sentimiento de asombro, maravilla y felicidad que destilan las palabras de Teresa.

Depués de curiosear por las entradas de mi “cero año”, me dediqué a repasar algunas de Ylvi im Netz, desde sus comienzos hasta un final un tanto abrupto a principios de enero de este año. Es un recorrido bonito por los distintos aspectos de la vida en Flekke que me llamaron la atención y que decidí compartir, y cómo variaron a lo largo de los dos años; por los distintos humores y emociones y perspectivas por los que pasé y que se reflejan en el tono de mis narraciones. Siento haber dejado de escribir en mi último semestre en Flekke, quizá no el mejor o el más intenso, pero sí el más completo y redondo. No sólo por los lectores a los que dejé en el suspenso y que pensará que Ylvi no sobrevivió el Bachillerato Internacional, pero también porque el blog era una especie de diario personal, y por muchas historias que se me quedaran en el tintero o que no pasaran el filtro de “apto para todos los públicos”, las recuerdo cuando leo las que sí llegaron a ser publicadas, como si entre entrada y entrada hubiera otras dos o tres que sólo yo pudiera leer. Pero para ese último semestre tan significativo tengo que confiar únicamente en mi memoria, y eso asusta un poco.

Fue el semestre que pasamos esperando las respuestas de las universidades a las que habíamos enviado solicitudes, llenos de dudas acerca de las decisiones que habíamos tomado, imaginándonos las alternativas que seguirían a un rechazo, cada una más pintoresca y dramática que la anterior. Semanas y semanas de espera exasperante, durante las cuales nos dábamos ánimos mutuamente hasta que finalmente empezaron a llegar las respuestas y la emoción y alegría se mezclaban con la decepción, las felicitaciones con las palabras de consuelo. A principios de mayo me tocó a mí celebrar que había conseguido la beca de SFU, que me iba a Canadá, que mi primera (y única) opción había resultado ser la buena, mientras dos de mis mejores amigos no habían tenido suerte. Fue el semestre en el que me eché a llorar cuando Rodrigo fue aceptado en la universidad de Maastricht y daba fin a la espera constante de los últimos meses.

Fue el semestre en el que escalé el acantilado encima del colegio por primera vez, acompañada de Ben, el mismo día en el que nos perdimos por los montes de Flekke hasta que salimos del bosque a la carretera embarrados y cubiertos de rasguños, pero increíblemente satisfecho. Fue el semestre en el que atiborré de nachos con salsa en Dale, el semeste en el que celebramos el cumpleaños de nuestro tico con tequila mejicano, el semestre en el que Astrid y yo disfrutamos de la piscina vacía después de nuestro turno de socorristas un sábado por la tarde.

Fue el semestre en el que acabé mi ensayo extendido, mi trabajo de Historia y mis informes de laboratorio para Biología, que me costaron sudor y lágrimas y noches sin dormir en las que escuchábamos Nino Bravo a todo volúmen en el edificio de ciencias a las cuatro de la mañana. Fue el semestre en el que estudiamos para los exámenes finales, intentando condensar dos años de información en nuestras mentes, alternando entre estados de pánico absoluto y ataques de risa histérica, hasta que finalmente sobrevivimos, ¡incluso a la horrorosa, terrorífica prueba 3 de Historia!

Fue el semestre en el que Fann me enseñó un baile con abanicos chinos y yo enseñé métodos de resucitación cardio-pulmonar a cien personas en un día. Fue el semestre en el que Alma y Alberto cantaron “Sólo le pido a Dios” durante el espectáculo de las Américas y aprendí a hacer saltar las piedras sobre la superficie del fiordo. Fue el semestre en el que Wiktoria pintó un calamar gigante y participó en la exposición anual de los estudiantes de Arte.

Fue un semestre lleno de saltos al fiordo, sesiones de piragüismo, arroz con leche y knekkebrod, paseos a Flekke en la lluvia, la nieve o disfrutando del buen tiempo, de chocolate y té de regaliz, de viernes de película y sábados de fiesta, de largos y largos en la piscina y prácticas de primeros auxilios.

Fue el semestre en el que nos dimos cuenta que el final no estaba tan lejos como nos había parecido siempre, sino que se iba acercando, produciéndonos sentimientos que variaban desde la emoción hasta el miedo, desde el alivio hasta una tristeza devastadora. Y así nos fuimos balanceando de un lado al otro del espectro emocional, intentando disfrutar de la belleza de Flekke y la compañía de los demás y al mismo tiempo aprobar los exámenes hasta que llegó el día en el que tras el examen de Biología y un último salto al fiordo, me puse mi vestido de Pipi Calzaslargas y me fui a Flekke, donde comimos, bebimos, hablamos, bailamos y, en muchos casos, desconectamos las pocas neuronas que nos quedaban conscientes, para celebrarnos en una noche llena de acontecimientos…

Los recuerdos que tengo del día siguiente son borrosos y están fuera de cualquier escala de espacio y tiempo con sentido. Arroz con leche y huevos pasados por agua para comer, como cualquier sábado por la mañana, Wiktoria y yo preparándonos en el baño, riéndonos de diversas anécdotas de la noche anterior, los padres de Olga ayudándole a hacer la maleta, dar un pequeño paseo con mi familia de acogida, los discursos, actuaciones y aplausos de la graduación y el cúmulo de personas en la kantina nada más acabar la ceremonia, con lágrimas en los ojos, repartiendo abrazos a diestro y siniestro, con cara de “¿y qué hago yo ahora?”. Después se sucedieron las despedidas – primero Wiktoria, que todavía tenía puesto su vestido tradicional noruego; Rodrigo, que me prometía que todo iba a salir bien (probablemente pensaba que acabaría hiperventilando de tanto sozollo); Álvaro, Samuel, Meta, Kris, Mia, Jonah… Al final me vi sentada encima de mi maleta, absolutamente incapaz de cerrarla, hecha un mar de lágrimas, hasta que Karolina me ayudó con un fuerte tirón y Benedicte prácticamente me arrastró hasta el coche en el que esperaban sus padres y su hermana, listos para emprender el viaje a Oslo.

Podría seguir por horas y páginas. Me asaltan los recuerdos y quiero añadir más aventuras y anécdotas, pero no puedo recuperar cuatro meses en una tarde. De todas formas, me parece poco probable que se me olviden los detalles en los próximos tiempos – durante este verano y ahora mientras escribo lo veo todo delante de mis ojos como si hubiera pasado ayer.

Fue un semestre, fueron dos años, maravillosos. “Your highest highs and your lowest lows” es una frase que circula por las páginas de los Colegios del Mundo Unido, las palabras de un antiguo alumno que vienen a decir que en tus años en los Colegios alcanzarás las cumbres más altas y vivirás los momentos más “bajos”. La leí cuando rellenaba el formulario para presentarme a las becas hace ya tres años, imaginándome lo rica en experiencias y sensaciones que sería mi vida si lo conseguía, y ahora sé lo cierta que es, y la suerte que he tenido. Me siento increíblemente afortunada por haber podido disfrutar de Flekke este tiempo y por pertenecer al movimiento de los Colegios del Mundo Unido, que no acaba aquí. La nostalgia que siento a menudo, y echar de menos a mis amigos, es un precio que merece la pena pagar, y suelo consolarme pensando que si lo echo tanto de menos, fue porque han sido dos años condenadamente buenos.

Muchísimas gracias por leerme y animarme con comentarios durante mis aventuras en el fiordo. ¡Ahora podéis leer y escribir a Teresa! Aunque yo también tengo un nuevo blog (http://thezerovector.wordpress.com) y me alegraría si os pasáis. Gracias también a Teresa por darme el empujón que necesitaba – mucha suerte con tu blog y más todavía con tu vida como vikinga.

Si tenéis preguntas sobre los Colegios del Mundo Unido o queréis saber más acerca de algún aspecto de mi experiencia, ya sea porque estáis considerando presentaros o porque simplemente os pica la curiosidad, no dudéis en escribirme. Mi correo es lea.im.netz@gmail.com.

Un beso y hasta siempre,
vuestra Ylvi.

P.S. – Aquí os dejo algunos documentos gráficos del final de un gran capítulo…

Pippi y los latinos,  fiesta de graduación (foto de nuestro primer año Oliver)

En la ceremonia de graduación

Un regalo maravilloso de nuestros profesores.

Momentos de la ceremonia de graduación.

efecto burbuja

10 ene

Ha ido casi demasiado rápido. Después de unas vacaciones de baños en el Cantábrico, excursiones, muchas galletitas y un pavo respetable, visitas, una sesión en la Filmoteca, algunas carreras en trineo y un muñeco de nieve, ya estoy de vuelta en Flekke. Llegué el domingo a las cuatro de la mañana, y al ver mi cama llena de cajas y un sillón, acepté con alegría el ofrecimiento de mi compañera de cuarto y me derrumbé en su cama. Hubo algunas visitas extrañas en mitad de la noche (que después resultó ser las nueve de la mañana) de otros recién llegados, que tuvieron que contentarse con un abrazo soñoliento, y sólo volví a caminar entre los mortales alrededor del mediodía. El trabajo de desempacar todas las cajas, maletas y armarios y volver a ponerlo todo en su sitio fue más rápido de lo esperado, y mientras sacaba mi lámpara naranja, estiraba mi manta encima de la cama y ordenaba mi extensa colección de tés en el estante, ya me comencé a sentir en casa otra vez. Fue una sensación un poco irreal cuando me di cuenta de que un par de horitas más tarde, ya estaba todo preparado para empezar el colegio y para mi supervivencia en Flekke. Vinieron distintas personas a visitarme e incluso me dio tiempo para una sesión de piscina caliente y sauna.

Ayer comenzaron las clases. La verdad es que tengo ganas de trabajar y he disfrutado volver al colegio propiamente dicho. ¡Menos mal, porque me espera un montón de trabajo! Lo que me ha costado un poco más, es acostumbrarme a estar otra vez alrededor de tanta gente en tan poco espacio. Me ha alegrado volver a ver a todos, pero después de pasar un mes de “detox” en el mundo real, se necesita un poco de tiempo para aceptar las peculiaridades en las relaciones humanas en esta burbuja. Pero bueno, me lo tomaré con tranquilidad y humor y me sentaré aquí a mirar el fiordo de vez en cuando, dar traguitos a mi coca cola, que quizá me dure hasta Semana Santa, mínimo.

Linton Kwesi Johnson

Ayer en clase de inglés comenzamos con el último libro del curso, Mi revalueshanary fren, del poeta jamaicano Linton Kwesi Johnson. Es absoutamente genial. Ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra y es el poeta negro más influyente del país (de acuerdo con la contraportada de mi libro). Escribe en criollo jamaicano, un idioma mezlca de los que se juntaron cuando los esclavos africanos llegaron a la América colonial. Tiene suficiente parecido con el inglés como para que podamos entenderlo sin muchos problemas, pero la gramática es más simple, las palabras se escriben tal y como se pronuncian (o como las escribiría yo si fueran palabras españolas) y la pronunciación me parece mucho más relajada y rítmica. Por ejemplo, el título de la colección de poemas que trabajaremos, “Mi amigo revolucionario”, en inglés estándar se escribiría “My revolutionary friend”.

Sus poemas pertenecen al género de “dub poetry”, es decir, que se escriben para ser recitados y acompañados por música reggae y tienen en general un contenido de protesta social o política. ¡Me encanta!

Aquí os dejo el primer poema que he leído de él y un vídeo de uno de sus conciertos, donde lo recita. El poema es una protesta contra la “Ley de vagos y maleantes”, una ley inglesa que permitía el arresto de personas basado solamente en su aspecto sospechoso. Es una carta que Sonny le escribe a su madre desde prisión, explicándole las circumstancias de su detención y la de su hermano pequeño. Cuenta que estaban esperando al autobús cuando un coche de policía se acercó y quisieron llevarse a su hermano por sospechoso. Ante la negativa de éste, le golpean y cuando Sonny sale en su defensa, mata a un policía en la refriega. dem charge Jim fi sus, dem charge mi fi murdah.

Sonny’s lettah

(Anti-Sus Poem)

.

Brixtan Prison

Jebb Avenue

Landan south-west-two

Inglan

.

Dear Mama,

Good Day.

I hope dat wen

deze few lines reach yu,

they may find yu in di bes af helt.

.

Mama,

I really dont know how fi tell yu dis,

cause I did mek a salim pramis

fi tek care a likkle Jim

an try mi bes fi look out fi him.

.

Mama, I really did try mi bes,

but nondiles

mi sarry fi tell yu seh

poor likkle Jim get arres.

.

It woz di miggle a di rush howah

wen evrybady jus a hosel and a bosel

fi goh home fi dem evenin showah;

mi an Jim stan-up

waitin pan a bus,

nat cauzin no fus,

wen all af a sudden

a police van pull-up.

.

Out jump tree policeman,

di hole a dem carryin batan.

Dem waak straight up to mi an Jim.

.

One a dem hol awn to Jim

seh him tekin him in;

Jim tell him fi let goh a him

far him noh dhu notn

an him naw teef,

nat even a butn.

Jim start to wriggle

di police start to giggle.

.

Mama,

mek I tell yu hwe dem dhu to Jim

Mama,

mek I tell yu whe dem dhu to him:

.

dem tump him in him belly

an it turn to jelly

dem lick him pan him back

an him rib get pap

dem lick him pan him hed

but it tuff like led

dem kick him in him seed

an it started to bleed

.

Mama,

I jus coudn stan-up deh

an noh dhu notn:

.

soh mi jook one in him eye

an him started to cry

mi tump one in him mout

an him started to shout

mi kick one pan him shin

an him started to spin

mi tump him pan him chin

an him drappan a bin

.

an crash

an ded.

.

Mama,

more policeman come dung

an beat mi to di grung;

dem charge Jim fi sus,

dem charge mi fi murdah.

.

Mama,

dont fret,

dont get depres

an doun-hearted.

Be af good courage

till I hear fram you.

.

I remain

your son,

Sonny.

Linton Kwesi Johnson

Para aquellos que quieran indagar más en las particuliaridades del criollo y compararlo con el inglés “normal”, aquí podéis encontrar una traducción del poema al inglés y, ya de paso, una traducción al español.

schuhplattler y castañuelas

11 nov

Hace ya casi tres semanas tuvimos European Day en el colegio. Es uno de los “días culturales”; los otros tres son African Day, Asia and Pacific Day, y Las Américas Day. Son días en los que los estudiantes de los países incluidos tienen la oportunidad de mostrar a los demás su cultura, el lugar con el que se sienten identificados, de contarnos lo que consideran importante, interesante, divertido o fascinante de la sociedad de la que vienen y de alguna forma, explicar por qué ellos mismos son como son, y se comportan como lo hacen. Hay un día cultural al semestre, de forma que a lo largo de los dos años que pasamos aquí, cubrimos todos los países y cada persona tiene la oportunidad de representar el suyo.

Solemos seguir siempre un esquema bastante parecido, con una sorpresa para despertar a la gente y empezar bien el día, un bazar con un puesto para cada país, en el que se muestran fotos, presentaciones, instrumentos de música, folletos turísticos, libros, un aperitivo… En la cena se sirven platos típicos del continente en cuestión y después viene el show, lo más esperado del día, con bailes, canciones, sketches y todo tipo de actos y “performancias”.

La intro a nuestro European Show – Fannie, Alma y Fann con su cabaret

Para mí fue una experiencia muy interesante, ya que representé a España y a Alemania a la vez, aunque de forma muy distinta… Quizá debería explicar para aquellos lectores que me conocen menos, que a pesar de haber vivido siempre en España, me siento muy alemana. Cuando me presento, sobretodo aquí, donde el país es la coletilla que se le añade al nombre, digo que soy “mitad-mitad”, y a veces me molesta el un poco comentario crítico de “pero tú has vivido toda tu vida en España, ¿no? ¿Y en tu pasaporte dice que eres española?”, porque para mí todos los libros que me leyó mi madre durante mi infancia, desde Robin Hood hasta el Rey Arturo, pasando por todas las Aventuras de los Cinco de Enid Blyton; las galletas de Navidad, calendarios de adviento y cartas del Christkind; las páginas que escribía refunfuñando, montando bronca y a duras penas todos los días en mi cuaderno de alemán; el conejo de pascua, que encuentra el camino a nuestra casa todos los años, sin importar que tuviera que esquivar los coches y autobuses de la Avenida de los Toreros o se le helaran los pies en la nieve de Puentetoma; los veranos que pasé en Ennepetal, visitando a Oma Herta; todos los libros, canciones, películas, bromas; nuestro grupo de alemanes aquí en RCN… No sé, es mucho más que un pasaporte o un país en el documento de identidad. Es algo que creo que la gente entiende cuando me pregunta, y siento que es algo que yo y las demás personas aquí que son “mezclas”, que no hay pocas, aportamos a esta burbuja de descubrimientos y nuevos puntos de vista.

 

Priit y Marit, de Estonia, con un ritual pagano – algo completamente nuevo. Me recordó un poco a una coreografía de Pina Bausch que vi una vez en youtube. La voy a colgar aquí, aprovechando… De show en show…

También soy consciente de que tengo una imagen bastante idealizada de Alemania. Al fin y al cabo, las únicas impresiones que tengo del país son las vacaciones libres de preocupaciones en casa de mi abuela, con autobuses que siempre llegan puntuales y helado con sabor a chicle, y sus paquetes llenos de ingredientes para galletas que llegaban unas semanas antes de Navidad, mientras que de España conozco también los aspectos negativos. Me sigo sintiendo española, por supuesto, pero cuando se trata de patriotismo en el sentido más típico de la palabra, me cuesta incluso más en el caso de España que en el caso de Alemania.

A lo que iba. Comenzamos el día con un desayuno en el salón de nuestra casa, con chocolate caliente y panecillos, y cuando entramos en la kantina al mediodía, pudimos admirar el trabajo del comité de logística – cadenas de banderas colgaban de una esquina a la otra de la sala, las paredes estaban decoradas con las siluetas de edificios famosos de Europa, y las mesas estaban dispuestas en forma de avión. Nuestro leitfaden era la idea del Eurotrip, del viaje por Europa que hacen tantos estudiantes de nuestro colegio durante las vacaciones.

Yo me encargué del puesto español en el bazar, ya que mi primer año no pudo estar ese fin de semana. No tuve mucho tiempo para prepararlo, pero mi tercer año me había dejado castañuelas, una baraja española y algunas otras cosas, y yo tenía mi abanico. Alberto me dejó su traje regional andaluz, con la faja roja y el sombrero negro, y como no tenía otra cosa más española que ponerme, decidí llevarlo. En conjunto me di cuenta de que la España que estaba representando no tenía mucho que ver con la España de la que realmente me siento parte. Además, como es natural, la gente un sábado por la tarde viene a curiosear, a echar un vistazo, y estaban más interesados en mis bocaditos de pan tostado con aceite de oliva y jamón serrano (que, hay que reconocerlo, estaban para chuparse los dedos) que en mis descripciones de Madrid o las fotos de Puentetoma con medio metro de nieve. Así que ahí estaba yo, con pinta de torera, enseñando a tocar las castañuelas, y la gota que colmó el vaso fue cuando Mais, de Jordania, me preguntó cómo se decía algo en español, y la palabra comenzaba por r, y me salió el acento alemán con especial fuerza. Me sentí una española un poco fracasada, una representante bastante mediocre…

 

Nuestros muchachos noruegos. En el orden final: Eivind, Olve, Halfdan, Henrik, Fredrick y Andreas.

Menos mal que la parte alemana fue mejor, desde las cervezas sin alcohol que compartimos Meta, Mia, Raphael y yo acompañando a lo que quedó de mi paquete de lomo ibérico. La cena europea quedó bastante deslucida, más que nada por los recortes de presupuesto que ha habido este semestre. En mi opinión, fue bastante injusto que se aplicaran también a nuestra cena, que no se pudo comparar con la cena africana o la asiática del año pasado.

Por fin, el show. Fue muy, muy bueno, en eso estuvieron de acuerdo varios profesores, que son la fuente más fiable, ya que lo pueden comparar con otros shows europeos. Casi todos los países estaban representados, y aunque fue bastante larga, no se hizo aburrida. Desde cabaret hasta un ritual de Estonia; desde una canción irlandesa que trataba de convencernos acerca de las ventajas de un caballo sobre cualquier tipo de coche hasta una canción y un baile tradicional del este de Europa muy simples de ritmos y movimientos, pero que creaban un efecto precioso cuando se combinaban y alternaban las voces de los distintos grupos, juntándose y separándose; desde un encantados sketch noruego, que, cómo no, fue muy, muy “koselig”, hasta nuestra increíble “performancia” alemana…

Tuvimos miedo desde el principio a que nuestro show se hiciera aburrido. Una de las desventajas del hecho de que la cultura occidental se haya expandido tanto (nótese el elegante eufemismo que evita el término “colonizado”) es que es difícil mostrar algo nuevo. Sin embargo, quiero pensar que logramos sorprender a nuestro público al menos tanto como nos sorprendimos nosotros de nuestra propia variedad…

El número alemán lo creamos a partir de una canción que circuló por el colegio estos meses, sobre un tipo que realmente no quiere irse de la discoteca, sin importar que sea una chica la que intente llevárselo a casa, o el guardia de seguridad trate de echarle, y simplemente quiere seguir bailando, y un baile tradicional del sur de Alemania. Así que combinamos la vida nocturna de Berlín con la fiesta tradicional de las montañas bávaras, y el resultado fue bastante gracioso. El caso es que nos lo pasamos muy, muy bien pintando, practicando, golpeándonos los muslos y probando el efecto de distintos bikinis (por cierto, ¡la del bikini soy yo!). Este año, el grupo “germano-parlante”, como nos obliga a llamarlo Raphael, de Suiza, es genial. Os dejo con los vídeos de la canción original, del baile en el que se inspiró nuestra coreografía y del resultado de la combinación. Al igual que los otros vídeos, los grabó Naomi, de Hong Kong… ¡Muchas gracias!

Nein Mann – Laserkraft 3D

Los mozos de Kohlrösl-Buam Gilschtal “schuhplattlereando””

 

Nein mann… Integrantes: Ben, Raphael y una servidora “luminosos” y Meta, Mia, Max, Josy y Raphael de nuevo, dándolo todo en el Schuplattler.

Me he dado cuenta de que los vídeos no hacen mucha justicia a los números. En el momento, fue mucho más emocionante – ¡al menos esaimpresión tuve con los demás!

DH203

Las vacaciones van bien. No estoy trabajando tanto como había planeado en un principio, pero bueno… El martes volvió Wiktoria, mi compañera de habitación, de pasar unos días con su familia, y trajo un montón de decoraciones navideñas, unas pegatinas de pájaros de estilo japonés y un ambientador de vainilla, además de calendarios de adviento para todas. Ahora vivo en una habitación que parece la tela de una araña ligeramente drogada por el consumo descontrolado de galletas navideñas, con una cadena de luces que va de una esquina a la otra, dando dos vueltas a la lámpara central. Y cuando entras en el baño, casi puedes oír las cataratas de Japón y el piar de los ruiseñores, mientras tienes a la vez la sensación de flotar en pudin de vainilla. Por el ambientador, se entiende. Es precioso, porque cuando las luces se reflejan en mi ventana, parece que los árboles de fuera estén decorados. Así al menos nos alegra un poco el anochecer, que llega ya a las cuatro y media. En cuanto a los calendarios de adviento, hemos decidido que nuestra cuenta atrás será a la cena de Navidad. Eso significa que empezaremos a abrir puertecitas casi como que ya… Algunos envidiosos se burlan, pero ya sabéis, ándeme yo caliente (léase “iluminado”), y ríase la gente. Nunca es demasiado pronto para estas cosas.

 

Ya que estamos musicales, aquí la banda sonora de nuestra acción de decoración. Prueba cantar esto subida en una silla montada en una mesa, son un martillo en una mano y una chincheta en la otra, tratando de hacer una estrella gigante encima de la puerta del baño…

Aparte de convertir nuestra habitación en una fábrica de espíritu navideño, también hemos tenido nuestros propios festivales de cine individuales, que en mi caso ha consistido de una revisión de Star Wars con Rodrigo, para la que he hecho palomitas de verdad, de esas que salen del maíz y no de una bolsa marrón que se mete en el microondas. También nos comimos medio fuet y varios bollos de canela. Un festín, vamos. Ayer vi Boondock Saints con Wiktoria, Álvaro y Alonso, una mezcla muy buena entre humor, violencia y amistad, con la mafia rusa, dos hermanos irlandeses y un forense apasionado de la música clásica de moral un tanto peculiar. Muy buena. También han caído dos películas alemanas: Hace un año en invierno, de Caroline Link, una película preciosa sobre la pérdida, el arte y las relaciones entre los miembros de una familia, y Querido muro, una comedia romántica que tiene lugar a ambos lados del muro de Berlín. Un poco típica y superficial, pero entretenida. Oh, y el martes tuvimos una noche de Bollywood en nuestro cuarto. Cocinamos una olla enorme de arroz (¿soy la única que siempre calcula mal con el arroz?) con curry y pimientos y vimos una película escogida por Sangita, de Nepal, experta en este tema.

El fin de semana que viene será menos fiesta, y más trabajar.

Último video, ¿vale? Pero encontré esto buscando la canción anterior, y no pude resistirme. Vaya madre más atrevida…

nackedei, nackedei

11 sep

Aquí es donde se erigirá la ciudad de Oslo…

Tengo un “free block”, el profesor de Historia no está, y ha sido una sorpresa. Los “free blocks” sorpresa son tan escasos como apreciados, se disfrutan mucho más que los “free blocks” de Teoría del Conocimiento, una asignatura que sólo ocupa dos de cada tres clases programadas. Los “free blocks” no se planean, no puedes hacerte una lista de cosas que deberías hacer, no los gastas haciendo los deberes para la siguiente clase, porque en principio no contabas con él. Así que no te mala conciencia relajarte por una hora y media, más o menos, y escribir en el blog en vez de en uno de los veinte documentos que tengo abiertos en mi ordenador. Que a una cosa tan pequeña le quepan tantas palabras, de verdad… A veces me pregunto si va a explotar en algún momento.

Así que he vuelto a mi cuarto, me he puesto música, y me he echado un poco del zumo de naranja que nos llevamos todos del catering de las competición de primeros auxilios a la que fuimos el fin de semana pasados. Hay momentos en los que no parecemos estudiantes responsables, librepensadores, concienciados, sino una horda de animales hambrientos. Total, que nos llevamos algunos de los bricks de medio litro de zumo de naranja y ahora conservo el mío colgado fuera de mi ventana. Y es que además de la mejor vista del fiordo, mi ventana me ofrece un sistema de refrigeración alternativo extremadamente útil. Y como estoy en el segundo piso, mi zumo de naranja está fuera del alcance de los dedos largos de algunos de mis compañeros, que de vez en cuando hacen desaparecer del frigorífico nuestras más preciadas posesiones, es decir, COMIDA, provocando un daño emocional y psicológico inconmensurable. En serio.

Creo que toca un poco de color en el blog, no he subido muchas fotos últimamente, así que he pensado que igual os gustaría ver un poco de Oslo, las fotos que tomé durante los dos días que pasé con Bennie, y después en la visita de la ciudad que hicimos todos en Oslo Day.

No lo pude haber disfrutado más. Oslo en general, y especialmente el barrio un poco periférico en el que vive Bennie, me recordaron un montón a Alemania y a los veranos que pasé visitando a Oma Herta. La estructura de las casas, de la ciudad, el cableado de los tranvías trazando una telaraña abstracta encima de las calles, el pequeño supermercado a cinco minutos de casa, los árboles frondosos, las nubes y la lluvia de verano, la iglesia de ladrillos y pizarra… Una sensación bonita, aunque un poco melancólica, de estar en casa y a la vez echar en falta algo.

La casa de Bennie

Bennie, yo y Romy, nuestra amiga de Holanda, que también estaba visitando, nos quedamos en casa del padre de Bennie y su familia, que estaban de vacaciones en Suiza. Bennie tiene cuatro hermanos pequeños, de cuatro, seis, ocho y diez años, así que a veces tenía la impresión de estar todavía en casa, cuando veía una excavadora de lego encima de la mesa del salón, las paredes llenas de dibujos, la cama-castillo o la tabla de multiplicar pegada en la ducha. Por si sirve de consuelo, Uli, los niños noruegos pasan por la misma tortura matemática de aprenderse la tabla de multiplicar que los niños españoles. Tuvimos dos días muy, muy agradables. Ragna (Noruega) y Claudia (Italia) se nos unieron la misma tarde en la que llegué yo, y como Bennie tenía que hacer todavía algunos recados y las viajeras estábamos cansadas de las horas de aeropuertos y espera, nos lo tomamos con tranquilidad. Al día siguiente, creo que era viernes, nos fuimos a dar una vuelta por Oslo. Bennie nos enseñó el centro, con la iglesia, los edificios del Gobierno, el palacio real y el centro comercial. Por el paseo hacia el palacio se mezclaban los puestos de la campaña electoral con un concierto de jazz, parte del festival de música que tenía lugar en esos días. Olve, uno de los primeros años de Noruega me contaba más tarde que Oslo es un buen sitio para músicos, sobre todo para los que empiezan, porque como efecto colateral del orgullo que comparten los noruegos por su país, se presta más atención a la música que surge en el propio país que en España, por ejemplo, donde tengo la sensación que la influencia de la música americana, o en general de lengua inglesa, quizá no se lo ponga tan fácil a artistas independientes, no tan conocidos, grupos pequeños que acaban de comenzar su carrera… En Oslo, además del festival de música, el centro estaba lleno de bares y clubs que anunciaban conciertos en directo, con patio interior y un pequeño escenario ocupado cada noche… Y eso que Oslo es una ciudad bastante pequeña, comparada con otras capitales europeas. Me gustó mucho.

También me hizo ilusión encontrarme citas de autores, especialmente de Ibsen, desperdigadas por el asfalto, que me recordaron a la calle Huertas en Madrid, y algunas de las cuales eran muy agudas.

Cuando comenzó a llover, algo que va veíamos venir, nos refugiamos en un pequeño café, precioso. Pintado de colores “viejos”, de tonos un poco desgastados, oro viejo, marrón y turquesa oscuro, con dibujos y espejos oscuros colgados de las paredes y música de fondo. Estaba llenos de estudiantes que venían de la universidad a tomarse un café a un precio razonable, y en una pared había una colección enorme de frascos de té para servirte tú mismo, como hizo Bennie. Aún así, Romy y yo nos decidimos por un chocolate caliente, con una montaña de nata encima…

Una ciudad llena de tigres

Más tarde, pasamos por la tienda de segunda mano más grande de Oslo, Uff creo que se llama. Un auténtico paraíso, un museo de la moda de los últimos 50 años. Desde trajes típicos noruegos con sus veinte capas, bordados y kilos de peso hasta vestidos de novia cerrados al cuello y largos hasta los tobillos, desde vestidos de fiesta cubiertos de lentejuelas y guantes largos de terciopelo negro hasta pantalones de obrero y corbatas de todos los tamaños, formas y colores, desde jerséis que parecían tejidos por las tatarabuelas de mi compañeros noruegos, hasta vestidos que podrían haber salido de una película de Audrey Hepburn. Una maravilla.

De vuelta a casa, nos pasamos por el supermercado para comprar los ingredientes de nuestra última comida creativa y variada, un wok de verduras y arroz con curry. Pues sí, cocinamos, y nos salió buenísimo. Para que luego hablen tan mal de nuestra habilidades culinarias…

… y sabía igual de bien!

La tarde la pasamos chilleando, esa acción tan característica del colegio de ver pasar el tiempo desde una posición relativamente horizontal en compañía de algunos pocos buenos amigos. Bennie se tuvo que ir a hacer la maleta a casa de su madre, Ragna y Claudia ya se habían ido antes y Romy y yo nos quedamos hablando en la cocina hasta que un sonido sospechosamente parecido al tictac de una bomba de relojería que provenía de cerca del fregadero nos hizo huir al dormitorio, donde nos encontró Bennie. En algún momento, Romy se quedó dormida, pero Bennie y yo decidimos aprovechar nuestra última noche de libertad absoluta para ver Buscando a Nemo y comer cereales. Sí, fue una noche salvaje y desenfrenada…

La visita que hicimos a Oslo al día siguiente, después de la emoción de vernos de nuevo, después de abrazos, besos, el descubrimiento de un nuevo tatuaje y más abrazos, fue bastante distinta a la del día anterior, pero igual de bonita. Fuimos a ver la ópera de Oslo, un edificio nuevo con un contraste precioso entre la madera clara de la que está hecha la espiral interior, dentro de la cual probablemente se encuentran las salas, y la fachada, que por fuera es de piedra blanca y por dentro esta recubierta de una estructura de metal y cristal. La verdad es que nosotros prestamos casi más atención a los baños, una parada recomendada en nuestro recorrido. Muy elegantes, aunque los dispensadores de jabón y el avanzado mecanismo que activaba el agua supusieron un desfío incluso para nuestras mentes privilegiadas. Tanto estudiar, tanto estudiar, y luego lo fundamental…

Vistas desde el tejado de la Ópera

Interior de la Ópera de Oslo

Vimos de nuevo el palacio y los edificios más significativos, la universidad de Oslo, etc, y pasamos también por el perímetro construido alrededor del barrio afectado por el ataque terrorista ocurrido el verano pasado. Había flores prendidas de todas las verjas, y visitantes como nosotros observando las ventanas rotas, sustituidas por láminas de madera, el reloj roto de uno de los edificios del gobierno, y probablemente tratando de imaginarse sin conseguirlo del todo el efecto devastador que tuvo en una ciudad tan acogedora, tan pequeña como Oslo.

Un escaparate de periódicos cerca del perímetro

Nos sentamos a comer en un parque en el centro de la ciudad, y después nos dimos una vuelta por el paseo principal, que es conocido por sus estatuas. A ambos lados hay una filas de estatuas de metal que representan a personas en actos cotidianos, simples. El juego, un abrazo, una lucha, sentados, caminando, un padre y un hijo, dos niños corriendo, una pareja, un salto, un niño pequeño enfadado. Todos ellos están desnudos, pero era curioso como eso me llamó tanto la atención, sino que simplemente resaltaba la belleza de los cuerpos, del movimiento, de la soledad o la compañía… Me gustaron mucho. El paseo conducía a una plazoleta con más estatuas, estas de piedra, colocadas en círculos concéntricos alrededor de una columna formada por cuerpos desnudos. Esta maraña de personas no me gustó tanto, pero las estatuas alrededor sí. Éstas eran de piedra, probablemente granito, y eran más grandes que las que flanqueaban el paseo. Se centraban más en las distintas edades de los humanos – hombres con barba, sentados, mirándose, dos mujeres peinándose… Fue muy emocionante ver a un chico ciego, acompañado de la que parecía ser su abuela, tocando las estatuas y siguiendo con sus manos sus curvas y las formas de sus cuerpos.

Más tarde cogimos el ferry para ir a una isla cerca de la costa, para visitar un museo. El museo era al aire libre, estaba formado por varias casas que representaban los distintos estilos de construcción que se produjeron en Noruega a lo largo de la historia, y se encontraba en medio de un barrio residencial lleno de casas impresionantes, más parecidas a mansiones, con columnas griegas, terrazas acristaladas, portones de entrada de tres metros de alto… Fue curioso visitar una granja construida cuando Noruega era un país que sobrevivía de trabajar la tierra, muy pobre, cuando te sabías rodeada de los palacios de las familias más acaudaladas de Oslo. También entramos en una iglesia construida enteramente de madera (como todo en Noruega, por otra parte). Por fuera tenía varios niveles de tejado sobrepuestos, con pequeñas gárgolas en forma de dragón, y tenía un aire asiático, recordaba ligeramente a los templos incrustados en la roca, en alguna montaña del Himalaya…

Desde el ferry

Antes de meternos en el autobús para emprender el trayecto de diez horas a Flekke, fuimos a una pizzeria que nos habían reservado, y nos lanzamos como buitres sobre uno de esos platos que sabes que no volverás a probar en al menos cuatro meses, con el hambre de exploradores satisfechos con su expedición…

Cuando pienso en Oslo, surgen muy buenos recuerdos.

Last ikke tiden. Havde tiden været større, så var du bleven mindre.

- Henrik Ibsen

(No culpes los tiempos. Si los tiempos hubieran sido más grandes, tú hubieras sido más pequeño)

Os dejo una canción de Timbuktu, un músico sueco. Como la palabara “chilleando”, es parte del patrimonio cultural de nuestra burbuja, donde el rap nórdico se mezcla con la salsa venezolana y la música indie americana, las canciones de amor árabes con la voz de Cesárea Évora…

¡Haaatchi!

5 ago

Buff, esto huele a cerrado… Y cada vez que ha… ha… ¡haatchi! aparece una letra en la pantalla levanta una nube de polvo impresio… ¡haaatchi!… impresionante. Pero supongo que es mi culpa, por no haberme pasado más a menudo para mantener esto mínimamente limpio y fresco. Sólo puedo dar las gracias que no se hayan instalado todavía las arañas, porque entonces, en vez de empuñar valientemente el plumero y la fregona virtual, ya hubiera salido corriendo como alma que lleva el diablo para no volver nunca, gritando como loca. Virtualmente, claro.

A finales del trimestre pasado, recibí un correo desde la Fundación de los Colegios del Mundo Unido de España que me pedía escribir una carta y grabar un pequeño vídeo para agradecer a mis patrocinadores, el BBVA, la beca que hace posibles estos dos años en Noruega. Como mi inclinación natural es la escritura, redacté una carta relatando algunas de las mejores experiencias de este curso, algunos de los pensamientos que me cruzaban la mente ahora que el primer año estaba acabando… Pero a la hora de hacer el vídeo, lo fui empujando delante de mí durante las semanas de estudio y exámenes, las despedidas y los últimos días. Después me dejé la cámara de vídeo en el colegio como consecuencia de hacer las maletas y guardar todas mis posesiones en 20 cajas a las cuatro de la mañana, y como castigo divino, la cámara prestada escupió unos archivos alienígenas que emprendieron una lucha encarnizda contra mí y mi software terrestre, que ganamos nosotros por los pelos. El resultado os lo dejo aquí…

Pero resulta que el trabajo valió la pena incluso más de lo que pensaba, porque poco después de que la Fundación colgara mi video en Facebook, recibí un mensaje desde Noruega, de Asbjørn Eikerol, al que normalemente vemos en los eventos culturales de Dale y que viene también al colegio para la actividad de bailes tradicionales y para algunos de nuestros espectáculos interculturales. De forma que tiene más relación con el colegio, y me escribió par preguntar si podía colgar mi vídeo en un blog colectivo en el que participa y donde se publican novedades y eventos de la comarca de Fjaler.

Os dejo aquí el link al blog

… el link a todos los post publicados por Asbjørn

… y los links a las entradas que nos ha dedicado a mi segundo año Irene y a .

Escribí un texto en inglés, traduciendo un poco el contenido del video y ampliando un poco, así que lo cuelgo también aquí. Os dejo con esto de momento, pero volveré pronto, ahora que las barras laterales ya no chirrían y he limpiado un poco las ventanas para dejar entrar la luz. Virtual, claro.

After one year at the Red Cross Nordic United World College, I am back in Puentetoma, my little village in the north of Spain, enjoying some time off and a relatively warm summer. I remember being here one year ago, trying to make a list in the warmth with the things I thought I would need in the cold: rain jacket, winter clothes, thermal underwear, mountain boots… Afterwards it was almost impossible to close the suitcase, even with me sitting on it! Then I threw a farewell party, said goodbye to my friends and family, played a last football match with my brother and enjoyed for the last time in months my dad’s great tortilla… I knew that I would not be in Spain for quite a while!

For the coming year, I expected adventures, great experiences… I was curious, excited and also nervous; after all, I did not have a clear idea of how the life at the shore of the fiord would be. It was a big challenge.

Now that I am home again, I can compare the expectations I had last summer with the memories I treasure now, and I know that this year has been even better than expected. I have met people from all backgrounds, cultures and ideologies, we have discussed and debated together, finding points in common which sometimes surprised us, and learning to respect our differences. We have also learned to work together, finding out our strengths and how we can contribute to the team, and how the team can help us in our task. At the same time, the freedom that we enjoy at RCNUWC, gives us the chance to discover our own rhythm and motivation to work.

When we first years said goodbye to our second years in March, we were grateful that we still had one more year left at the College. A year that we are looking forward to: we are going to meet our first years, the next generation, and we will have the chance to help them, just like we were helped last year; there will be more snow, more “latino gatherings”, more parties and projects, more jumps into the fiord and pre-cooked noodles at midnight; more great experiences and small anecdotes.

We don’t want to think much about it, but this is our last year. I am sure that we will make the best out of it, to learn and enjoy as much as possible, so that next year, when it is our time to go, we are ready to use what we have learned and give back what we were given.

Probably, some of us hesitate before taking the next step, but deep down we know that these two years are enough for us and that we have to leave space for those who will come after us.

It won’t be saying good bye to my friends and to the college only – I am also going to leave behind Norway, which by know means a lot to me. When we had to write down our preferences among the United World Colleges, which countries we wanted to go to, Norway was my first choice. We did not know much about any of the colleges, but even though there were much more exotic choices, I felt that Norway with its fiords and mountains, glaciers and forests was exotic for me, in a different way than Costa Rica or India, of course, but still very different from Spain. As a half-German girl, I also felt instinctively drawn to the Nordic region, identified with the social values and culture. Our College is quite isolated, three kilometers away from Flekke and about twenty minutes away by bus from the next bigger town Dale. But somehow it was possible for me to see and learn a lot about Norway and the people who live there, and I appreciate it very much. Through a four-day expedition to Jostedalsbreen, the visits of locals to our college for theater representations and shows, volunteering at Ridderrennet in Beitostolen for a week, celebrating the Norwegian National Day and taking part in the parade in Dale, trips to Forde or Bergen and my participation in the college’s host family program, a great opportunity to get to know the lifestyle of a Norwegian family, make friends and enjoy wonderful weekends away from the college routine. I have found both, the great differences from my home country as well as the similarities and affinity in character with what the Nordic region represents. Soon it will be time to go back, and I don’t only feel like I am leaving home, in a way, I am also coming home!

With this video I am trying to give an idea of what this year at RCNUWC has meant to me, and thank not only my sponsors, but everyone who has made this possible and has contributed to the amazing experience.

Coming to Flekke has been like a jump into the fiord. Maybe during the few seconds when you are suspended in the air, looking towards the very cold water that is waiting for you, you are a little bit scared. But one you are in it, and you feel your nerves and muscles awake and ready to swim as fast as possible to the ladder, you don’t regret it a bit!

bye bye, love…

25 may

Cuesta un poco escribir de nuevo cuando pasa cierto tiempo desde la última entrada. Se acumulan las cosas que contar, que aquí además tienen lugar en los extremos opuestos del espectro emocional, y aunque me gustaría contaros todo lo que ha pasado en estas semanas, es muy difícil, porque el presente es demasiado intenso como para que tenga tiempo de revivir el pasado. Ayer se fueron nuestros segundos años, acabaron sus dos años en el pequeño Flekke a las orillas del fiordo de Flekke, y cogieron sus maletas, cerradas a duras penas, con ayuda de pesos humanos y fuerzas sobrehumanas, y se metieron en sus autobuses, aviones, ferrys y trenes para regresar a sus casas, viajar por otros países o llegar a otros destinos.

Fue una despedida inmejorable, triste y alegre, “bittersweet”, que suena mucho mejor que agridulce, como son todas las buenas despedidas, amargas por el final que significan, pero dulces por los recuerdos que dejan y por los comienzos que pueden significar. Hubo una fiesta por todo lo alto, completamente loca e inolvidable en Flekke, y una ceremonia formal y emocionante, con varios discursos, uno divertido, otro verdadero, un baile que nos hizo llorar y canciones que nos hicieron bailar, con sonrisas de orgullo y los padres de Rafael, que agitaron la bandera de Venezuela cuando recibió su diploma. Siguieron besos salados y abrazos de dos, de tres, de más, de todos los latinos, deseos y felicitaciones y últimas palabras y regalos. Y se fueron.

Nos hemos quedado los primeros años, sintiéndonos un poco solos y abandonados bajo la lluvia, en un campus un poco más vacío y silencioso de lo acostumbrado. Pero nos tenemos los unos a los otros y de alguna manera, sobreviviremos. Después de algunas horas, para unos más, para otros menos, de abrazos, lágrimas y consuelo, conseguimos dar el primer paso y levantarnos de las camas, para limpiar las habitaciones, ir despojándonos de los restos que los segundos años han dejado por sus esquinas y ocupar paulatinamente y con cuidado su espacio. Detrás de las ventanas, los escritorios privilegiados a los que llega la luz del día están siendo tomados por nosotros, y yo ya estoy sentada en uno de los muchos sillones, hamacas o sillas especiales que han rondado por el colegio por miles y miles de años y han pasado de generación en generación hasta acabar en nuestros rincones, en mi caso a través de Irene. Hemos lavado ropa, nos hemos duchado y quitado las trazas de maquillaje, hemos ordenado relativamente los regalos que hemos ido recibiendo y nuestras propias pertenencias que hemos tirado en nuestros rincones durante la última semana, cuando siempre tuvimos cosas más importantes que hacer que algo tan banal y sinsentido como ordenar.

En algún momento entre la cena y ahora, he notado que la tristeza no ha remitido, pero ha dejado de doler, y que ahora puedo sonreír a la llama de sal boliviana de la oreja partida que me ha regalado Sara y me divierte el hecho de que en el mapa canadiense que me ha regalado Rafa, Méjico está exactamente en el centro. En algún momento podré escuchar otra vez música más animada que Leonard Cohen o Tom Waits, dejaré de quedarme parada medio segundo cada vez que entro en mi habitación y me falta la mitad de su contenido, y con mucha, mucha suerte dejaré de olisquear una manta que también me han regalado, que la verdad es un poco patético, ¿verdad?

Este sitio ya no será el mismo. No será peor, probablemente incluso mejore. Y aunque echaremos de menos a muchos, seguiremos siendo seres felices en este mundo maravilloso.

Mucha suerte a todos, donde quiera que estéis o estaréis, un beso y… gracias.

blood is on the dancefloor

12 feb

Ingilín, vícitma de un violador

Karolina, drogadicta

“I was just cutting some butter and then my finger disappeared… Where is my finger?!” – Kathrine

La desgracia ha golpeado con mano dura el pequeño y normalmente apacible campus a las orillas del fiordo noruego. Durante toda esta semana los habitantes del Red Cross United World College han sufrido una tragedia detrás de otra en forma de innumerable, insólitos e inexplicables accidentes, aparentemente sin ningún tipo de relación entre ellos. Así podemos relatar por ejemplo de una terrible situación en la habitación 101 de Denmark House, en la que una de sus habitantes fue violada en el baño, acto que fue interrumpido por el ataque del novio vengativo, que apuñaló al violador e hirió accidentalmente a otra de las compañeras de habitación, mientas una tercera se drogaba en su cama y la cuarta sembraba el pánico gritando histérica. La gravedad del acontecimiento sólo se pudo comparar a la de los eventos ocurridos esa misma noche en la cocina del Hoegh, donde corrió sangre a raudales y los gritos de dolor hacían temblar los vasos en la estanería, y no sin razón: un dedo amputado, una quemadura de tercer grado en la cara y una conmoción cerebral fueron sólo algunos de los resultados de simples descuidos en teoría sin importancia. El día siguiente quedó marcado en la memoria de todos por la desafortunada electrocución de varios estudiantes en la lavandería y por la excursión de un grupo de amigos que empezó como una aventura emocionante y no podría haber acabado peor, pues en lo oscuro del bosque perdieron a uno de los participantes, que fue por suerte encontrado, cuando ya sufría una grave hipotermia, una chica se dio con una rama en el ojo izquierdo, sacándolo de la cuenca, y un tercer elemento caía por un hueco en una ruina y se rompía la cadera. Al mismo tiempo, como más tarde nos fue relatado, una bicicleta conducida por un inconsciente como se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, atropelló a varios viandantes, causando, entre otros daños, una fractura de tibia y una lesión de médula espinal. Pero a pesar de todas estas malas noticias, el robo a mano armada de Flekke-shop el jueves, que dejó a una víctima con herida de bala en el pecho y un hombro dislocado, y la confusa escena que se presentó en la piscina del centro de rehabilitación, en la que una persona tuvo que ser rescatada después de sufrir una conmoción cerebral mientras usaba el tobogán acuático, siguieron causando conmoción.

Ragna, decorada con una quemadura grave

Sin embargo, el equipo de investigación de esta redacción, demostrando una vez más la excelente calidad de su trabajo, nos pudo proporcionar una lista de factores comunes a todos los crímenes o accidentes y que quizá nos ayuden a esclarecer los motivos ocultos de de esta avalancha de víctimas. Entre ellos se encuentran la casi inmediata presencia de un equipo serbio de primeros auxilios, que llega pocos segundos después de que se produzca el drama, como llamados por un testigo oculto y observados atentamente por unos tipos extraños con gorras decoradas con cruces rojas. Además, después de que las víctimas hubieran sido atendidas y sonaba un silbato misteriosamente, como por obra de un milagro todas se levantaban, sin importar que hace algunos segundos se hubieran estado retorciendo en el suelo con un ataque epiléptico o hubieran perdido tres litros de sangre y un dedo, y se comenzaban a quitar las vendas y los cabestrillos. EL tono normal de la piel aparecía debajo de los moratones talla XXL después de frotarlos un par de veces y la sangre paraba de fluir. En la espuma de la boca se descubría un sabor a pasta de dientes y el hueso que salía de la pierna resultaba estar pegado con cera.

El equipo en acción

Vamos, creo que si decimos que estábamos participando en los escenarios de entrenamiento para el Equipo Nacional de Primeros Auxilios de Serbia, cuatro veces campeones de Europa, no estaríamos muy equivocados. Ha sido muy, muy divertido dejarse maquillar por Michael y observar el despliege de pastas blancas, rojas, moradas, la sangre artificial, los huesos falsos, la cera para hacer heridas, trozos de cristal, jeringuillas, etc, etc., etc. Ha sido el perfecto complemento para el curso intensivo de primeros auxilios que tuvimos hace semana y media, en el que durante dos días participamos en los talleres que dieron los segundos años que forman el equipo de primeros auxilios del colegio. Fue bastante interesante y en ocasiones incluso gracioso, cuando entrábamos en cada taller y nos encontrábamos con gente que sufría de los dolores y heridas más diversas, y nosotros teníamos que adivinar de qué padecían y tratarlos lo mejor que pudiéramos. La verdad es que me parece que aprovechamos bien el tiempo y cubrimos un montón de posibles casos: desde el vendaje de huesos rotos, hombros dislocados o hemorragias hasta la hipotermia o la borrachera, pasando por asma, epilepsia, quemaduras y la reanimación cardiopulmonar. Lo único que arruinó un poco la diversión fue el ánimo competitivo que se respiraba entre algunos: el interés que mostrabas en los talleres, tus habilidades en el escenario final, que hacía un poco de prueba, y la puntuación obtenida en el test, además de nuestra participación en las simulaciones para los serbio, son los factores que se tendrá en cuenta a la hora de seleccionar a los alumnos que podrán entrar en el equipo del colegio. Somos más de la mitad, quizá alrededor de setenta, los que queremos ser parte de él, y sólo hay veinticinco plazas… Pero es comprensible que la gente se mate por levantar la mano y contestar preguntas y hablar con David, uno de los profesores de Biología y líder de la actividad, ya que se trata de un programa de entrenamiento muy bueno, con mucha práctica en simulaciones y en la vida real, ya que los miembros del equipo son los que atienden a los demás cuando ocurre algo en el campus, un intercambio de formación por servicio que me parece muy buena idea. Ya veremos qué pasa…

Vaya una… tanta foto, tanta foto, y gente desangrándose alrededor. Aunque bien pensado, de mí se puede decir lo mismo…

Hendrik, con un cristal clavado en el brazo

“El otro día estaba estudiando y se me cayó el ojo. Bienvenidos al IB” – Claudia

Os dejo con cuatro grandes canciones, cada una a su manera, con una utilidad práctica: ambas tienen de cien a ciento trece pulsaciones por minuto, el ritmo al que hay que hacer las compresiones en la reanimación cardiopulmonar. No es de extrañar que ese taller en particular tuviera mucho ambiente…

Sin embargo, tengan en cuenta que esto no es un consejo médico…

una semana de muchos números

18 ene

1 vuelta


Flekke nos ha dado la bienvenida de la mejor forma que ha podido. Cuando volvimos de nuestros hogares o viajes, muchos de un clima que comparado con el noruego se puede calificar de templado como mínimo, Nina y Joaquín tostados como granos de café y Daniela con marcas de bikini, nos encontramos en medio de una postal navideña nada más saltamos del autobús. Había nevado en nuestra ausencia y el campus estaba cubierto con una capa de medio metro de nieve. La luna le daba a todo un resplandor banco y brillante y se adivinaban los distintos edificios por las pequeñas luces naranjas de las ventanas. El aire frío nos despejó en un segundo las cabezas embotadas por las horas de aeropuertos, aviones, esperas y carretera, y nos fuimos corriendo, medio deslizándonos por el hielo, con las maletas fuera de control, a nuestras respectivas casas para ponernos algo encima antes de salir a saludar a la gente. Todo sea dicho, después de una semana, el dios del tiempo decidió que ya habíamos tenido suficientes cosas bonitas, y dejó de nevar suavemente para empezar a llover y a hacer un poco más de calor, algo que convirtió los caminos del campus en un territorio peligroso como un campo de minas. Los últimos dos días han sido los más deslizantes desde que estoy aquí: la lluvia derritió parte de la nieve, inundándolo todo, y por las noches se helaba para convertirse en una consistente capa de hielo, que se derretía de nuevo por el día, convirtiéndose en una combinación de agua y hielo mortal. No sé cómo no me he caído todavía, pero desde luego soy de las pocas que han tenido esa suerte. Yo creo que es porque no me quito mis botas de montaña… Hoy le decía a Gareth que el fiordo parefe una puesta en escena del futuro del casquete polar en los próximos cincuenta años, narrado en un día. Con la lluvia, ha ido adelgazando más y más la capa de hielo que lo cubría hasta que a eso de la media tarde, incluso las gaviotas que se habían estado paseando por ella alzaron el vuelo alarmadas.

Aunque la mayoría de nosotros nos sentimos bastante extraños en nuestra propia casa, para mí tampoco fue como volver al sitio al que pertenezco. Más bien, como si me hubiera quedado atrapada en medio. Probablemente será cierta la teoría de que el alma viaja a su propio ritmo, y que hay que esperarla con paciencia, porque ahora ya me siento como si no me hubiera ido, por lo menos en ese sentido. En otros aspectos, sí se nota que me ha sentado bien salir de la burbuja flekkeriana por algunas semanas. Una vez aquí, estoy mucho más segura de lo que quiero hacer, y de lo que no quiero hacer, de lo que creo que es correcto, cuál es una buena hora para irse a dormir, cuándo sentarme a estudiar biología en vez de ver una película y cuándo pasar un poco de todo y ver Desayuno con diamantes con Karolina. Me parece más fácil tomar decisiones y tengo claro que no puedo hacer todo lo que parece interesante, y ya no tengo miedo de que todos mis amigos se olviden de mí porque pase una tarde con la nariz enterrada en los libres, sino que luego aparecerán en la kantina con la misma expresión amodorrada que yo y probablemente tengamos una cena un poco más ruidosa de lo normal para liberar parte de la energía física y compensar la pérdida de energía intelectual. Os prometo que a veces hay tal desequilibrio entre una y otra que no querríais participar en nuestras cenas…

También me he dado cuenta de la seguridad que da estar en un entorno con gente que piensa parecido a uno mismo, o que por lo menos no cuestiona continuamente tus ideas o creencias. Las increíbles diferencias de opinión, creencias e ideologías nos hacen un poco susceptibles a comenzar a debatir enseguida, a que una conversación amigable se convierta rápidamente en una discusión acalorada y a que siempre necesites argumentos fuertes para respaldar tu opinión. Algo que a veces cansa mucho, pero que al fin y al cabo es una de las cosas para las que hemos venido aquí, y que, una vez que has aprendido a cambiar de opinión cuando realmente estás convencido, o a convencer cuando piensas que tienes la razón, te ayuda a encontrar las filosofías con las que estás más de acuerdo y liberarte de equipaje que has adquirido aquí y allá casi en contra de tu voluntad.

Otro de los factores que posiblemente nos ayudó a sentirnos rápidamente como en casa es que nos vimos sumergimos en seguida en un torbellino de actividades y trabajo. Después de una semana de bastante trabajo para el colegio y de “reengancharse” las asignaturas, vino un fin de semana extraordinariamente activo…

 

2 despedidas


Y nada más llegar, nos tuvimos que despedir de algo, o mejor dicho, de alguien. Una de mis Campus Responsibilities, es decir, los servicios con los que ayudo a que el campus funcione y en algunos casos tenga ciertos beneficios añadidos, es cuidar de los dos caballos que mantiene Haugland, el centro de rehabilitación, para una de las actividades en las que pueden participar sus pacientes. Por las mañanas siempre los puedes ver paseando delante del ventanal del aula de Historia, o te los encuentras por la tarde cuando vas de camino a… donde sea que vayas. Cuidar de los caballos es uno de los servicios más bonitos que tenemos, por lo menos en mi opinión. Tanto, que a la mayoría de los que lo hacemos no nos importa levantarnos pronto (luego nos cunde más el día), que después nos apeste la ropa (la motivación perfecta para hacer la colada) ni que tengamos que caminar diez minutos para llegar por la nieve o el hielo o acarrear paladas de caca de caballo durante otros diez. Ulf y Nikita son dos caballos preciosos, bastante grandes, que antes eran caballos de carreras. Nos ocupamos de que tengan los establos limpios, las herraduras en buen estado, comida suficiente, el pelaje cepillado, les damos un poco de conversación y de vez en cuando media manzana que hemos robado de la kantina.

Ulf

Nikita

El otro día, Angie, la profesora responsable de nuestro grupo, nos convocó para una breve reunión antes de la cena, para explicarnos por qué ese fin de semana había puesto a todos en los turnos, cuando normalmente siempre libran tres o cuatro, para que no nos tropecemos los unos con los otros. Pues resulta que el establo necesita una restauración integral y a Haugland no le compensa gastar dinero en los caballos, así que los va a retirar, o, como se diría en alemán, “abschaffen”, un verbo que me hace pensar en alguien sacudiéndose algo pegajoso con cara de asco encima de la papelera, y que en este caso es un eufemismo para llevarlos al matadero. Es una auténtica pena, porque son caballos fuertes y rápidos y tampoco son tan viejos. El problema es que no se pueden usar para el trabajo en el campo, por lo que no han encontrado a nadie que quiera quedárselos. También han rechazado nuestra propuesta de intentar recaudar fondos o ayudar de alguna forma, aunque supongo que desde un punto de vista objetivo, nos hubiera resultado muy difícil conseguir el dinero necesario o incluso una parte relevante.

Así que este fin de semana los hemos tratado especialmente bien. Como un último placer les traje un poco de azúcar de la kantina, los cepillamos dos veces y les preparamos una cama extra-acolchada y un comedero lleno hasta los bordes. Nos dimos cuenta de que ya les habían cortado la crin y la cola y nos llenó de indignación ver el destrozo que habían hecho al quitarles las herraduras. No paraban de rascar el suelo de dolor y les faltaba la mitad del borde de la pezuña. Horrible.

Pero bueno, aunque creo que no tuvieron una vida de caballo maravillosa, al menos recibían visitas de veinte estudiantes de diferentes países de los que cada uno les contaba sus penas en un idioma distinto, y que intentaron cuidarlos lo mejor posible.

3 visitantes

¡Este fin de semana he tenido visita! Sí, yo, Lea Sánchez Milde, he tenido visita en Flekke. Resulta que estos dos días estuvo en el colegio un experto del programa Youth in Action, que financia proyectos desarrollados y llevados a cabo por jóvenes, para dar unos talleres informativos sobre el programa y prácticos acerca de planear y presentar proyectos. Para participar en ellos, vinieron desde el United World College del Atlántico, en Gales, Yassin, de Marruecos, Stine, de Noruega, y Sergio, de… ¡España! Así que les estuvimos enseñando un poco el campus, la kantina, el auditorio, las clases, y la vida en el colegio durante un típico viernes por la tarde. Fue un placer tenerlos aquí, primero porque fue genial ver a uno de mis coaños perdidos por el mundo, y segundo porque adquirimos un conocimiento general de cómo es el Atlantic College comparado con el nuestro. La verdad es que tenemos mucha, mucha suerte, aunque a veces no nos lo parezca. Primero, por la libertad y segundo, por los medios de los que dispone Red Cross Nordic United World College, y que en general damos por supuestos.

Relativo a la libertad, no podíamos creer lo que oíamos cuando nos contaron que allí tienen toque de queda a las diez y media, hora a la que todos deben estar en sus respectivas casas y pasan los profesores comprobando que cada oveja esté en su corral. A partir de esa hora, los chicos no pueden estar en el pasillo de las chicas, ni en sus habitaciones, faltaría más, o salir de la casa. Si lo hacen, corren el riesgo de ser pillados por uno de los que hacen guardia fuera (sí, guardia), y que escribirán el nombre del criminal en sus tablillas de pizarra. Yo me sentiría encerrada, simplemente por saber que fuera hay gente vigilando que no salga, me volvería muy inquieta. En nuestro colegio, tenemos pasillos compartidos y no existe un toque de queda. Sólo hay un sitio en el que no puedes estar a partir de las doce de la noche, y ese es otra habitación, pero siempre tenemos las clases, el auditorio, la biblioteca, el salón de la casa o, si quieres, las montañas, para estar siempre que queramos. Y los profesores son extremadamente flexibles con lo de estar en otras habitaciones. Además, fuera del campus podemos hacer lo que queramos, mientras no regresemos completamente fuera de control. En Gales, puedes ser castigado por algo que haces fuera del campus. A pesar de todo, hay muchísimo más alcohol que aquí, donde es muy, muy discreto. Sin embargo lo que más me ha chocado, es que en el Atlantic College está mal visto lo que aquí respetamos todos en cualquier circunstancia y defendemos con uñas y dientes si es necesario, por la importancia que tiene: la privacidad. En Gales no tienen cortinas como nosotros, con las que convertimos nuestra cama en una cueva aislada del mundo cuando queremos, para estar solos o para compartirla sólo con la gente que realmente está invitada. Algo sin lo que, en mi opinión, no es posible una vida equilibrada o sana, ¡allí ni siquiera existe!

En cuanto a los medios, tenemos habitaciones más grandes , un baño por habitación y no tres por casa, Internet a una velocidad razonable en las habitaciones y excelente en el edificio de ciencias, y una oferta de actividades mucho más variada, a parte de un sistema que permite cambiar de opinión, probar distintas cosas, quedarse con lo que mejor encaja… En el Atlantic College, se quedan con las mismas actividades todo el año.

En general, la visita nos ha hecho abrir los ojos y mirar un poco fuera de nuestra burbuja. Parece que es cierto eso de que somos el Colegio más liberal y el único que no está pasando estrecheces económicas. Algo que no nos debe frenar al intentar mejorarlo, pero sí debería someter a una segunda reflexión muchas de las críticas y quejas que lanzamos a nuestro alrededor.

Cuidamos a nuestros visitantes para que no se cayeran con el hielo, encontraran las clases a las que tuvieran que ir y se llevaran una buena impresión del colegio. Nos encanta tener visita del exterior de vez en cuando, para que sople un poco de aire fresco entre las mesas abarrotadas de nuestra kantina. Ya sabéis, si por un fin de semana queréis ser objeto de atenciones y del interés de ojos y oídos de todo el mundo…

 

6 invasores

¡Las de los terceros años! Seis ex-alumnos que graduaron el año pasado vinieron a pasar unas pequeñas vacaciones en el campus, visitar a algunos amigos y, me imagino, ver cómo ha ido todo desde que se fueron. Los segundos años los han tolerado con desconfianza, no vaya a ser que se quedaran aquí y ellos volvieran a ser los pequeños, nosotros los hemos observado con curiosidad y a la vez nos hemos sentido observados como “la siguiente generación” y ellos han ido a lo suyo con los amigos que tienen entre los segundos años. Pero da la casualidad de que una de ellos era mi tercer año de Alemania, Joane, con la que estuve charlando un rato. Me hizo mucha ilusión conocerla en una de esas casualidades que ocurren en la red de los UWC, y por el poco tiempo que hablamos, me pareció una chica muy simpática. Me contó que por parte del padre es portuguesa (sí que viajan las alemanas, ¿no?) y que ha vivido la mayor parte de su vida en París y Berlin-Kreuzberg, uno de los barrios que en libros siempre veo retratado como la mezcla perfecta de culturas, mentes pensantes, ideologías, nacionalidades y revolucionarios, en una ciudad que ya de por sí me la imagino activa, energética y extremadamente interesante. Algo que quizá no sea más que una fantasía producida por las ganas enormes de visitarla, pero en la que me suelo recrear mirando al vacío y con una sonrisa dirigida a nadie en particular.

Joane está estudiando ahora en Glasgow, Escocia, y me habló de un proyecto que tenían para “okupar” y reutilizar una casa en un pueblo abandonado, por lo visto medio-invadido por la naturaleza. Algo que casi podría ser perfectamente una acción del KuKuProjekt, ¿no? En todo caso les deseo suerte en la lucha contra una burocracia y unas leyes que en este caso no parecen especialmente productivas.

1 fiesta

Como no podía ser, al final fui a la fiesta, perdón, a la “prom” en Dale, y paseé mis pantalones de Desigual por un bosque de piernas femeninas cubiertas sólo de medias de seda, si acaso, y mi jersey de colorines entre un mar de vestidos que se pueden describir como los de la cena de Navidad, sólo con un toque más… provocativo. Pero provocativo no exactamente en el mismo sentido que el aplicable a mi conjunto de pantalones y colorines, creo.

Lamentablemente, como ya había esperado, no trabamos amistad con los pocos noruegos que aparecieron. El único chico con el que entablé conversación fue un francés que vive en Dale desde hace sólo seis años, y que tenía una actitud mucho más abierta que los demás. Así que no sé si realmente cuenta.

Comimos, bebimos, bailamos y no fue excesivamente emocionante. Pero sí fue curioso lo fácil que es sentir la presión de la mayoría, de las masas, y de lo insegura que puede hacerte sentir si no estás segura al cien por cien se tu causa. Por suerte, estaba segura al noventa y nueve por cien, así que aguanté algunos ataques ligeros de incomodidad y disfruté de la comodidad y del respeto a mí misma recién ganado.

El tema no da para mucho más, la verdad… Salvo que queráis un ejemplo de mi magnífica capacidad de organización y control de una cadena de eventos. Justo antes de que saliera el último autobús hacia Dale, tenía mi primera sesión oficial como socorrista en la piscina de Haugland, que usamos a cambio de un alquiler que paga el colegio. Así que me tuve que preparar antes de la cena, para lo que, podéis creerme, no necesité tanto tiempo. Después me llevé mis cosas para la piscina asimismo como mi perfume de vainilla negra que me regalaron los Reyes Magos y cuyo aroma fue desafortunadamente extinguido por los vapores dulces y pesados de los demás. Así que me pasé una hora sentada en la piscina, con la camiseta de los UWC que recibí del comité nacional puesta para inspirar confianza y el maquillaje y los pendientes para la fiesta, mientras mi decisión de ir era sometida a una última, dura prueba al ver la piscina vacía salvo por mis dos sirenas Stine y Vita y yo sentada sin poder nadar.

Me pregunté seriamente si valía la pena invertir tanto tiempo y energía en un acto de protesta que al fin y al cabo, no despertaría reacción alguna en la inmensa mayoría de la gente, y, si acaso, más sorpresa o extraño que reflexión. El único que pareció estar de acuerdo conmigo era Sam, lo que por su parte, me sorprendió a mí. Sin embargo, él lo veía más desde el punto de vista del esfuerzo invertido en arreglarse, sin duda alguna mucho mayor en las chicas que en los chicos. Para mí, la cuestión iba un poco más allá, poniendo en duda el sentido de la etiqueta en general y del concepto de fiesta americana introducido en nuestra sociedad sin problema u oposición alguna.

Una cosa tengo clara: ahora que he manifestado mi opinión, en la próxima situación parecida me puedo quedar tranquila y disfrutar de unos largos en paz. Esta vez, y aunque no tuviera efecto alguno, mi espíritu un tanto guerrero o revolucionario, me empujó a hacerlo, aunque solamente fuera para defender mi opinión y quedarme a gusto. Creo que es la edad…

 

1 concierto

Anders Löfberg con su cello, que no es un cello como otro cualquiera.

Más NÓRDICo imposible, pero más internacional, difícil. El concierto que dio el trío sueco NORDIC en el auditorio este sábado fue uno de los mejores en los que he estado en los últimos tiempos. La actuación era parte del festival regional FolkJazzScena y el grupo, compuesto por una mandolina, un cello y una “nyckelharpa” o “llave-instrumento de cuerda” tocó canciones propias inspiradas en melodías suecas, brasileñas, andinas y de otras partes del mundo, en el reggae y en el vuelo y la búsqueda de objetos brillantes de una urraca o “skatan”. Con mucho carisma, fluidez, humor, creatividad y picardía, medio en sueco, medio en inglés, presentaron alrededor de ocho, diez temas en los que explotaban al máximo las posibilidades de sus instrumentos, intercalando de vez en cuando sus propias voces, y daban un buen ejemplo de las cosas nuevas que se pueden hacer con la música y los instrumentos tradicionales, para que no resulten aburridos, sino innovadores, no viejos, sino juguetones, y no se escuchen las mismas canciones en todos los conciertos de “nickelharpa” a los que se va.

Magnus Zetterlund y mandolina

El trío

Nyckelharpa y Erik Rydvall

Demostrando una gran sintonía entre ellos y una capacidad admirable de “manejar” al público, nos dejaron a todos un muy buen sabor de boca y una risa en los labios. Aunque, todo hay que decirlo, la gracia y el carisma hicieron un tercio del trabajo. De hecho, los dos mayores me recordaban a los hermanos Dalton y el más joven, a Lucky Luke. Una asociación sin mucha lógica, pero bastante divertida. Os dejo con un poco de música de Anders Löfberg (cello), Magnus Zetterlund (mandolina) y Erik Rydvall (nyckelharpa) y dos links:

La urraca


1 actividad

Una de las actividades en las que estoy involucrada como parte del programa CAS (creatividad, acción y servicio), obligatorio para obtener el diploma del Bachillerato Internacional, es Bergum Mottak. Bergum Mottak es un centro para refugiados, o, mejor dicho, para aquellas personas que han pedido el estatus de refugiados en Noruega. Vienen de Somalía, Sri Lanka, Rusia, Afganistán, Etiopía, Eritrea o de otros países, vienen mujeres, hombres, niños de todas las edades, con y sin estudios, hablando o sin hablar inglés. Llegan, y no saben si van a conseguir el permiso de residencia o no, ni cuánto tiempo van a estar esperando. Viven en una especie de residencias de pasillos altos, estrechos y vacíos, pintados de amarillo, cada uno en sus habitaciones, las familias en pequeños apartamentos, con cocina, baño y salón compartidos, sin posibilidad de trabajar o de hacer nada salvo algunos cursos de inglés o noruego en el mismo centro, siempre esperando e imaginándose el futuro de diez maneras distintas. Nosotros los visitamos dos veces al mes, un grupo cada segundo martes, el otro casa segundo jueves, e intentamos sacarlos de la monotonía, darles conversación y jugar con los niños.

Para mí supone un montón de energía, romper el ritmo de la vida en el campus, viajar dos horas en autobús y cambiar tan repentinamente de contexto, y hasta ahora estaba segura de que estábamos haciendo algo beneficioso, pero hoy después me he puesto a pensar después de escuchar los comentarios de mis compañeros explicando a un nuevo miembro del grupo los objetivos de la actividad. Me he quedado sorprendida por la especie de complacencia que hemos adquirido, de la idea de que “hacemos el bien” a nuestros protegidos, que la gente nos debería estar agradecida porque vayamos y hablemos con ellos, y que es normal que cuando no los entendamos bien sonriamos y asintamos con la cabeza, cuando, en mi opinión, tienen un nivel de inglés impresionante para las situaciones de las que han venido, y la mayoría está más que dispuesta a entablar conversación con nosotros, nos ofrece comida y té y no parece importarles que “invadamos” sus casas sin preguntar, que en cierto modo, es lo que hacemos. Creo que tenemos que replantearnos para qué estamos realmente allí, y darnos cuenta de que somos nosotros los que obtenemos el mayor beneficio, los que deberíamos estar agradecidos y considerar a los habitantes del Bergum Mottak con más respeto.

Lo estuve comentando con Fannie, porque nos imaginábamos que ellos quizá nos estarían viendo como visitantes de un zoo, que vienen a observar especies exóticas que no tienen en casa, y que probablemente no siempre que aparecemos por allí e imponemos nuestra presencia tienen ganas de recibir visitas. ¿Es mejor quedarnos nosotros en una habitación y esperar a que ellos vengan a nosotros? ¿Vendría alguno?



Jul på RKN

10 ene

Uno de los motivos por los que os he tenido tan abandonados estas últimas semanas, a la merced de la desinformación y quizá pensando que había muerto de frío, que no había conseguido sobrevivir los 14 ºC bajo cero que tenemos aquí en las horas más calurosas del día, han sido las celebraciones navideñas, que hemos explotado al máximo, en parte como excusa para alejarnos de los libros en nuestras útimas semanas de clase.

Nuestro German-Club: a los lados nuestras alemanas auténticas, Meta (izquierda) y Angelika (derecha), en el centro los añadidos: nuestro sueco rubio-casi-blanco Axel, Ben, de Croacia, yo y Rosana, de Palestina. Todos con nuestras mejores galas en la cena de Navidad.

Sobre todo el German- Club ha destacado, tanto por el despliegue de acciones navideñas como la productividad de las mismas: aprovechando que Maret, la mujer de uno de nuestros profesores de Matemáticas, es alemana y pone a nuestra disposición su casa, hicimos varias sesiones de repostería, cuyo resultado final fue una magnífica casa de galleta, como la que tenía la bruja en el cuento de Hänsel y Gretel, decorada con ladrillos de nueces, tejas de almendras, ventanas de glaseado, florecillas de azúcar y habitantes de gominola. Aunque luego quedó tan bonita que nos dio pena comerla, seguimos la tradición noruega y Angelika blandió con valor el martillo y la destruyó de un solo golpe, lo que nos permitió disfrutarla sin remordimientos. Desde luego, me quedo con la pareja que Meta colocó al lado de la puerta, ataviados con la vestimenta típica bávara. La comida hecha arte.

Proceso de construcción en dos pasos documentados

Decoración masiva de paredes y tejados, imposible sin el material de construcción que trajo Meta desde Alemania: bolitas de colores, tubos de glaseado para escribir, almendras, nueces, gominolas…

Maret y Angelika se ocuparon del delicado proceso de pegado con ayuda de un cemento muy dulce y un sofisticado sistema de sujeción.

Resultado final

Los hombres de gominola vestidos con trajes bávaros de Meta, los habitantes perfectos para nuestra casita.

Angelika y yo, no contentas con esto, usamos la receta y los ingredientes enviados desde casa para intentar reproducir las famosas a la par que deliciosas galletas de chocolate y licor de Andrea, algo que, además de amasar, desmenuzar y mezclar, implicó ir a casa de Mariano, un profesor de español argentino que es el responsable de la casa en la que vive Angelika, para preguntarle (descaradamente) por alcohol. Una de las desventajas de vivir en un campus sin alcohol es encontrarse con las manos en la masa (literalmente) y sin el chorrito de licor necesario. Menos mal que Mariano tiene sentido del humor, aunque sólo pudo darnos aroma de ron, que usamos generosamente (“total, no es alcohol de verdad…”) lo que proporcionó a las galletas un sabor un poco más fuerte de lo deseado…

El calendario de adviento

Además de nuestra actividad pastelera, nos hicimos un calendario de adviento, una cuerda tendida de una punta a la otra de mi esquina (tuve la suerte de ser elegida como “guardiana” por la comodidad de mi habitación y el elevado número de germano-parlantes en nuestra casa) y que con el peso de todos los saquitos se bajaba cada vez más y me rozaba la coronilla cuando estaba sentada al escritorio, haciéndome compañía. Cada uno recibimos un regalo de cada uno de los demás, y aunque acabamos abriendo nuestros paquetes antes de tiempo como los niños curiosos a los que Papá Noel no les trae nada, fue muy divertido. Así que nos animamos y le hicimos uno a Maret, que le gustó mucho.

Maret, feliz poseedora de un auténtico calendario de adviento UWC. Más variado, imposible.

La aportación nórdica a las celebraciones fue una preciosa procesión en la mañana de unos de los primeros días de diciembre: en los países escandinavos es muy importante el día de Santa Lucía, en el que las chicas se visten de blanco y se elige a una, que encabeza la marcha llevando una corona de velas, mientras cantan canciones navideñas y reparten dulces. La verdad es que quedó muy bien, y el parecido de los chicos, que llevaban capirotes blancos, a miembros del Ku Klux Klan, sólo la vieron los ojos más malintencionados.

Noruegos, suecos, fineses, daneses y… gente de Groenlandia haciendo crujir el hielo que cubre los caminos del campus

Los últimos días los dedicamos a los eventos más “oficiales”. La cena de Navidad, seguida por el Christmas Show, es decir, el Chow Navideño, y el café organizado por Safuge, para el cual estuve una mañana haciendo galletas como una loca con algunas otras chicas (ni un chico a la vista, prefirieron montar las mesas) en casa de María Teresa, mi profesora de español y responsable de grupo de Safuge. El café acompañó a un karaoke de villancicos, que por suerte no cayó en lo cutre, porque tuvimos música en directo ofrecida por nuestra querida agrupación de cuerda. Fue bastante divertido, porque a la hora de cantar Noche de Paz en distintos idiomas, encadené un dúo con Angelika en alemán (que creo que estropeé un poco con mi incapacidad de llegar a las notas altas) con un “veinteto” con los latinos, en el que cada uno cantaba una versión un poco distinta partiéndose de risa.

Bocadillo de pan italiano y tortilla española, una combinación irresistible. A mis dos veras, mis coaños Claudia y Marco.

La cena de Navidad sí que fue digna de ver. Vaya despliegue de trajes, corbatas, tacones más o menos altos, maquillaje más o menos brillante, pintalabios más o menos intenso, vestidos más o menos largos, con más o menos lazos, piedras incrustadas y capas de seda. Incluso yo me dejé llevar por el torbellino de preparaciones, aunque me autolimité a una hora y aparecí con un vestido con un impreso de Pippi Calzaslargas casi a tamaño natural en la parte delantera, que provocó el entusiasmo de algunos nórdicos muy orgullosos de su personaje. El caso es que por algo nos habíamos puesto nuestras mejores galas: la kantina parecía sufrir el embiste de una terrible tormenta eléctrica, que resultaron ser los flashes de cien cámaras disparando varias veces por minuto. Entre foto y foto, tuvimos tiempo para probar un poco de la “típica cena navideña noruega” que nos prepararon nuestros cocineros y que, por una vez, recibieron reconocimiento por su trabajo. Para mí, lo mejor fue la lombarda.

Del “chow navideño”, me quedo con esta reinterpretación del Haka, el baile neozelandés al que nuestro segundo año Motaz ha dado mucho bombo en el colegio. Delante Jana, disfrazada de jugadora de rugby y dejándose el alma, detrás las bellezas rubias en un Haka bastante más delicado y femenino…

No es de extrañar, por lo tanto, que después de tanta fiesta, y trayendo una sensación muy veraniega por el sol de Palestina, llegara a España sin muchas ganas de fiesta y pasara los días con kuku-acciones y quemando vijaneros en vez de entregarme al consumismo y a los buenos sentimientos como gran parte de la población mundial.

crampons on the soles of her shoes

9 oct

“People say she’s crazy
She got diamonds on the soles of her shoes,
Well that’s one way to lose these
Walking blues,
Diamonds on the soles of her shoes”

Diamonds on the soles of her shoes – Paul Simon

En vez de llevar diamantes en las suelas de mis zapatos, como la chica en la canción de Paul Simon, yo llevo algo más apropiado: crampones. El miércoles tuvimos el encuentro con Joakim y Jan Erik, que son del Departamento de Actividades al aire libre y nuestros monitores durante la excursión al glaciar.

Los crampones nos han hecho mucha ilusión, igual que los sacos de dormir, los guantes, bufandas y la ropa térmica que hemos recibido, y que probablemente será innecesaria en el glaciar. Cuando preguntamos, ya asustados, por la temperatura, nos dijeron que como mucho tendríamos algunos grados bajo cero por la noche, y eso no es taaaaanto. Vamos, que para ser vikingos estamos un poco delicados. Nos iremos el lunes por la mañana y volveremos el jueves. Para dormir, usaremos una cabaña en algún lugar remoto del glaciar, y el plan es hacer excursiones de un día a diferentes zonas. Como os podréis imaginar, la cabaña no tiene agua caliente, electricidad ni duchas, así que poco a poco nos cubriremos de una capa de suciedad que nos aislará del frío todavía más. ¡Tengo unas ganas tremendas! En el grupo están Meta, de Alemania, Grey y Sophie, de Estados Unidos, Oliver, de Dinamarca, Rodrigo, de Costa Rica, y Oda y Regina, dos segundos-años de Noruega y Groenlandia, respectivamente. Curiosamente, tienen más experiencia con glaciares los estadounidenses y el danés que los nórdicos… Es un grupo muy agradable, y ¡espero seguir pensando lo mismo después de cuatro días de convivencia en aislamiento y ausencia de jabón!

Así que nada, entre muchas otras cosas, este fin de semana iré llenando poco a poco mi mochilón, que tiene pinta de ser más grande que yo. ¡Haré muchas fotos del maravilloso glaciar de Jostedalsbreen y de nosotros, armados y protegidos hasta los dientes, con tres bufandas y un piolet o “hachas de hielo”!

Como podéis ver en las fotos de la hormiga mutante asesina de hierro / crampones, es viernes, y por lo tanto he tenido boatbuilding y por lo tanto ha hecho buen tiempo. Yo ya lo he convertido en una cadena de causas y consecuencias lógica, no ha fallado ni una vez todavía. El único viernes que llovió a cántaros fue cuando tuve el curso de canoa y no fui al taller de construcción de barcos. Pero por muy optimista que sea, no creo que dure todo el año, de momento lo disfruto a tope. Hoy nos ha tocado limpiar el taller, lo quieren tener como los chorros de oro para el proyecto de construcción de barcos de la PBL (la semana de proyectos). Sin embargo, no me ha molestado: me he sentido como un aprendiz en toda regla que antes de aprender las técnicas del maestro, tiene que hacer un poco de trabajo sucio. Además, Ove y Holger, un segundo constructor muy simpático que ha venido por unos días, me han dejado oler la brea, el líquido impermeabilizante, y que por el olor podría ser un sirope muy apetecible, para comérselo a cucharadas en un momento de debilidad. También he probado la técnica del “klinken” (no tengo ni idea de cómo se escribe), con la que se pegan dos trozos de madera y que consiste en dar golpes a un clavo que une los dos trozos sosteniendo un segundo martillo al otro lado del tornillo, y se llama así por el sonido tan curioso que se produce, parecido a campanas.

En otros aspectos ha sido un poco distinto: World Today se ha movido al sábado, porque en el salón de actos tuvo lugar el concierto inauguracional de un proyecto en el que cooperarán el Colegio y Haugland, el centro de rehabilitación vecino, y que consiste en el trabajo con jóvenes que se están recuperando de un cáncer. No sé más detalles, pero nos han comentado que nosotros tendremos la oportunidad de hablar con los participantes, y la verdad es que me parece una propuesta muy interesante. Quiero decir, que nosotros somos un puñado de jóvenes a los que les ha sonreido la Fortuna, y hablaremos con personas que no han tenido tanta suerte. Una forma de romper la burbuja de Flekke.

También ha sido interesante el concierto, en el que se alternaron canciones en noruego, blues en inglés y fragmentos leídos de una historia sobre el cáncer y de los sentimientos que provoca. Lo mejor fue que lo del texto lo saqué yo solita. ¡Ahí están los estudiantes de noruego!

Algunas imágenes de la película

Misma canción, una escena de la película

Sí tuvimos nuestra película semanal: Across the Universe, un musical de la directora Julie Taymor, por cierto directora también de Frida, que utiliza versiones de canciones de los Beatles para una historia de amor y sobre las reacciones ante la guerra de Vietnam.

No es que me haya empujado a ponerme en pie y brindarle una ovación cerrada al acabar, pero no ha estado mal. El argumento no tenía especial importancia, era más una excusa para las canciones y la ambientación de la historia, pero me gustaron algunas escenas psicodélicas, que mezclan el collage de imágenes con la realidad, y fue divertido cantar con Grey todas las canciones. Si no fuera por eso, diría “Let the Beatles be the Beatles”, pero siento desconfianza hacia las versiones-moderna- de-canciones-famosas-con-el-propósito-de-vender en general.

Come together – The Beatles

Por cierto, tengo que ver Harvey. La proyectamos en un Encuentro de Germanoparlanes (que en inglés suena mucho mejor) y para mi gran vergüenza, me dormí. Por favor, por favor no se lo digáis a nadie. Con la buena pinta que tiene la película: una comedia de enredos antigua con James Stewart, que interpreta a un señor que tiene como amigo secreto a un conejo blanco de dos metros de alto. Una de esas películas en las que puedes reirte y pensar a la vez. Este fin de semana recuperaré lo que me he perdido.

Mi cama desde ayer es de dosel, con una preciosa tela de flores, un poco retro y kitsch tendida debajo del techo.

Aparte de Harvey tengo más películas para ver, porque… ¡Me ha llegado otro paquete de casa! Esta vez los puentetomapeople se han superado a sí mismos: en el paquete había de todo, en su justa medida y pensado para mí con mucho, mucho cariño: un vestido de Pippi Calzaslargas, lana  y agujas para continuar haciendo punto, chocolate, una magnífica caja de té, con una selección cuidadosa de los mejores tés, ropa de invierno, un precioso fular de flores, material para el colegio, películas, chichetas para decorar mi esquina (por fin me siento como si estuviera en MI esquina) y cortinas para la cama, cortinas preciosas con las que puedo no sólo contar ovejas cuando no pueda dormir, como “leer” ovejas, porque algunas de ellas llevan mensajes escritos en el lomo. A pesar de que antes de irme había dicho que no, que no me hacen falta tantos paquetes, que recibir comida española o sobretodo “acostumbrada” es sólo un capricho, he descubierto que no soy distinta al resto de los mortales y que me encanta que me lleguen estos paquetes. He estado en una nube de alegría durante dos días…

Los leones vigilan que no haga el tonto en vez de estudiar. Lo malo es que a menudo cierran los ojos.

A parte de llenar mi mochila, estos dos días voy a tener mi primera “experiencia SAFUGE”. SAFUGE es un grupo que recolecta dinero para llevar a cabo distintos proyectos especializados en niños de países pobres: la rehabilitación de un orfanato, dar dinero a una escuela… Y el dinero lo recolecta con cafés u otro tipo de trabajos. Dado que mucha gente aquí vive del campo, uno de los trabajos más abundantes es la limpieza de granjas, graneros, establos, poner vallas, pintar casas… El sábado y el domingo haremos de lo primero, y todo el mundo parece sentirse como si estuvieran asumiendo un trabajo extremadamente dfícil, duro y asqueroso, pero yo no lo veo tan mal. Quiero decir, que hasta la mierda se puede dividir en los mismos átomos de los que estamos hechos nosotros… Menos mal que no nos va a llevar todo el día. También haré fotos.

No creo que os interesen las fotos de mis horas sentadas en mi escritorio, ¿no? Tengo un montón de lectura. Para Español, Hamlet (del bloque de Literatura Universal) y Don Juan Tenorio (que ya me he leído y me hace mucha ilusión) y para Inglés, El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, que también he leído y me encantó.

Otra actividad planeada es dormir, pero sólo si tengo un hueco en la agenda, porque parece imposible encontrarlo. Voy a dejaros para dedicarme a esto, ¿vale? Que sepáis que desde hace algunas semanas uso dos agendas, un cuaderno de ideas abstractas, una lista de las cosas para hacer y un calendario virtual. En fin. Exageraré, pero por lo menos no me pierdo en la inmensidad del cosmos .

Buenas noches y un beso desde Flekke.

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