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let’s jump into the fiord!

28 ago

Es lo que pone atrás en la camiseta que mis coaños del curso de verano me regalaron en mi cumpleaños. Y es que Karolina y yo somos las “saltadoras” por excelecia, al menos lo éramos antes de que empezara la semana de introducción. Hoy ha sido la primera vez que salto al fiordo desde entonces, y lo he hecho en compañía de algunos nórdicos, pero también de mis coaños de Uruguay y Paraguay (creo), y por supuesto de Sam, que como siempre emergió del agua jurando a una velocidad de veinte palabras por segundo. Así que para recordar los días de verano  y las vacaciones que disfrutamos en Flekke, os dejo un video que hicimos hace algunas semanas. Intervienen principalmente Karolina, de Polonia, Sam, de Venezuela, y una servidora. Sujeta la cámara Volha, de Bielorrusia, que fue una de las voluntarias. Disfrutad… Yo hoy estoy disfrutando de un sábado casi-libre. Esta noche tenemos una fiesta temática en el “Hoeg”, que es como el centro cultural del colegio. En realidad, ahora mismo Karolina y yo estamos allí, en busca de un poco de “soledad compartida” y una conexión más rápida. Sin ella tardo horas en subir algo al blog. Sin más comentarios…

No os perdáis…

1. … la oratoria de Sam.

2. … los juramentos del mismo y su carrera desesperada hacia la escalera.

3. … su galantería cuando, a pesar de todo, me deja pasar primero.

4. … nuestra crueldad al tirarlo otra vez al agua. Pero no os dejéis engañar por eso: había precedentes.

5. … Rafik tirándome al agua con tal maestría que parece que soy yo, que en un ataque de locura salto otra vez.

6. … el frío!

cómo vivir (des)conectados

18 ago

¡Amiguitos y amiguitas!

Seguramente os habréis estado preguntando todos estos días dónde me he metido, virtualmente hablando (realmente hablando, no hay muchos sitios en los que puedo estar). Pues la verdad es que aquí ha ocurrido algo muy “puentetomense”, y es que simplemente la red ha desaparecido durante cinco días por la lluvia. Bueno, en realidad no fue sólo la lluvia, la conexión noruega no puede ser tan débil, llueve casi todas las noches. Ese día vino acompañada de rayos, que causaron un problema que al principio atribuimos al Colegio, echándole la culpa al chico de mantenimiento, que está de vacaciones, pero que luego resultó ser más amplio. El caso es que durante algunos días la más mínima posibilidad de la más leve existencia de la más tenue señal de internet fue el tema principal durante las comidas, las clases, las actividades, los paseos y la primera pregunta por la mañana o por la noche o cuando nos cruzábamos en el pasillo o la cantina a cualquier hora del día. Aquí era mucho más dramático de lo que normalmente es en Puentetoma, porque la gente empezaba a echar de menos  a su gente y a gastar una pasta gansa en teléfonos varios. Pero antes de ayer Tian Ge finalmente nos dio la buena noticia mientras cenábamos tan tranquilos en la cantina. Casi irrumpió gritando en el comedor y casi se formó una estampida en dirección “Sweden House”. Minutos más tarde las paredes del pasillo retumbaban del tronar de los teclados, de las conversaciones en las lenguas más diversas y de los sonidos de alegría de los “conectados”. Creo que yo he sido la que se ha reencontrado con Internet con los sentimientos más encontrados, porque aunque me ha encantado leer vuestros correos y mensajes de felicitación, estaba disfrutando de un tiempo muy relajado, aunque a la vez no podía dejar de pensar en las muchas cosas que tengo que contaros.

Kanchan y Tian Ge en uno de nuestros ciberespacios ocasionales improvisados. Surgió a partir de varias condiciones: la buena conexión a internet en el pasillo, el frío del suelo y la pereza. Como nos solemos conectar por la noche, es muy fácil dejarse deslizar hasta la horizontal y soñar con la gente al otro lado de la web-cam. Más de una vez hemos rescatado un ordenador de una caída al vacío…

El caso es que tampoco tengo ahora mucho tiempo para recuperar, porque mañana nos vamos de acampada para desahogarnos en medio de la nada antes de ser recibidos el lunes por nuestros “segundos años” y empezar el colegio. Nos iremos a Hegness, una antigua granja en la que no están permitidos objetos electrónicos, no hay internet, no hay agua corriente y sólo una ducha y en la que el baño es de vaciado manual. Suena bien, ¿no? Así que después de esta pequeña señal de vida me vuelvo a despedir. Deseadme suerte durante los primeros días. Por aquí predomina una sensación de miedo y de celos. Para algo nosotros somos los dueños de Flekke. Ahora en serio, no queremos que nuestras amistades se “diluyan” cuando vengan los 175 restantes, que ya no tengamos tiempo para hacer algo juntos, que ya no podamos ir a dar un paseo y estar solos en alguna parte… ¡Pero por supuesto a la vez nos alegramos de conocer al resto! Tengo la sensación que nos vendrá bien la variedad, algunas relaciones están tan concentradas que empiezan a dar vueltas y vueltas alrededor de un punto sin avanzar. Ya os escribiré que tal sale todo…

extra-long

7 ago

Los días aquí me parecen mucho más largos que en España. No porque anochezca a las doce y amanezca a las cuatro, aunque eso también, sino porque parece que todo cabe en ellos. Desayunamos de ocho a nueve y después tenemos clases hasta las doce, con una pequeña pausa en medio, durante la cual una de dos, o cogemos un té del piso de arriba y observamos cómo Samuel se queda dormido en el sofá, o salimos al aire fresco de la mañana a liberar un poco la cabeza, cosa que se agradece, sobre todo después de los debates, que son bastante intensos. En la “Kantina” se sirve almuerzo desde las doce hasta la una y tenemos tiempo libre hasta la una y media. Por las tardes normalmente hacemos alguna actividad: ir a Dale de compras, hacer una pequeña caminata, probar tiro con arco, ir a la piscina… Cenamos de cinco y media a seis y media y luego podemos hacer lo que queramos hasta cuando queramos (bueno, siempre hay algún límite, sobre todo en lo referente a “lo que queramos”, pero eso, como se dice en inglés, o igual me lo he inventado, es “understandable”). Hemos tenido algunas noches muy divertidas en el “Day Room” o salón, he dado muchos paseos con Rozana, que tiene esta necesidad tan alemana de andar de vez en cuando, me he tirado al fiordo… Mientras que al principio cualquier sonido que hicieran mis compañeras me molestaba (acostumbrada al silencio absoluto de Puentetoma), ahora ya no tengo ningún problema para dormir. ¡Más bien al contrario!

Aún así, me falta tiempo para actualizar el blog y actualizaros a vosotros. Por suerte, hoy es sábado, y los fines de semana somos completamente libres, sólo hay que saber aprovecharlos (cosa que no hice el fin de semana pasado). Hoy me he levantado a las siete y media para correr con Erik. Erik es un voluntario que ha llegado ayer, en sustitución de Lars, Liz y Hodan, que se marcharon ayer. Hemos corrido unos quince minutos y antes de duchar hemos saltado al fiordo para refrescarnos. Sí que refresca el fiordo, sí. He disfrutado de uno de los mejores desayunos jamás ingeridos. No por la variedad de la oferta o por la calidad de la comida, pero ya sabéis que con hambre todo sabe a gloria. La comida aquí tampoco es tan mala, para ser sinceros. En el almuerzo siempre tienen verdura cruda para mezclarte una ensalada, algunas cosas están buenas y de vez en cuando hay fruta de postre. En mi opinión, podrían limitar un poco las patatas cocidas y los pasteles de pescado y patata, cuando es mucho más fácil cocinar pescado, pero por lo demás no tengo quejas.

De momento, esta es la única prueba que tengo de nuestros saltos al fiordo. Pero ya hay un video grabado…

Hoy hemos estado charlando con David, el director o “Headmaster” del Colegio en Canadá, el Lester B. Pearson United World College. Está aquí de visita para disfrutar del paisaje y por supuesto, para conocer nuestro Colegio. Ha sido muy divertido, porque ha entrado en nuestra habitación justo cuando me había cambiado al pijama. No había recogido mi esquina. Pero me estoy desviando del tema. El caso es que es una persona muy accesible y tranquila, que ha estado hablando con nosotros también otros días, sentado en nuestra mesa durante el desayuno. Incluso se ha ofrecido para llevar mensajes al otro lado del Atlántico a gente que conocemos allí, incluida una carta a mi coaño Antón. ¿No os parece todo un detalle por su parte?

Ahora estoy sentada en el Day Room, mientras casi toda la casa está durmiendo (toda la casa son ahora veinticinco personas, todavía tengo que acostumbrarme a eso), observando a un megamosquito que está intentando despegarse de una de una tela de araña. Casi me da pena, pero no le ayudo porque puede ser el causante de la picadura que tengo en el brazo, del tamaño de una moneda de cinco coronas noruegas (que por cierto tiene un agujero en el centro, como las veinticinco pesetas españolas). ¡Tengo varias historias para vosotros! Lo malo es que no tengo buenas fotos…

El Café.

Son las diez y media y todavía no hay señales de vida en Sweden House. Pero es comprensible, ayer nos hemos acostado bastante tarde. Nosotros, los alumnos del Summer Course nos hemos encargado de un pequeño Café para la celebración de la iluminación de Jakob Sande. Suena genial, ¿no? Resulta que durante en la primera mitad del siglo XX vivió aquí un poeta que un buen día tuvo una especie de iluminación. Es bastante famoso por estos lares (es fácil, creo, pero no vamos a quitarle mérito), y cada año la gente va en barco hasta la cabaña donde vivió, en Flekke. Una vez han mostrado sus respetos, vuelven al colegio y a las nueve hay un concierto y después bailes populares. Nosotros aportamos la comida, unos maravillosos pasteles de chocolate y manzana, bocadillos, empanadillas de Palestina, chocolate caliente con nubes o “marshmallows” y otras bebidas menos interesantes. El “Cooking Comittee” hizo un gran trabajo, con Rozana aportando platos tanto palestinos como alemanes, pero a mi me tocó la decoración, que gracias a la ayuda de Martha, de Polonia, Marhia, de Timor Occidental, y Samuel, también fue memorable.

Salado…

… y dulce.

Para mí, lo mejor fueron los bailes populares. Viendo mis ganas de probar, Kath me presentó al máximo profesional del colegio, que bailó dos veces conmigo. No sé si paró porque veía que eran demasiadas vueltas para mí al ritmo de los violines, violas y otros instrumentos o porque desistió definitivamente, pero fue muy, muy divertido. Luego bailé por toda la cocina con Peshwas y luego con Ben, pero hay que reconocer que las personas mayores estaban más activas que ellos. Fue genial, y recaudamos casi ocho mil coronas. Eso va todo a la Fundación Jakob Sande…

La idea de Kath, la traslación a materiales comunes mía, la creación de Marhia y la arena de Sam.

Yo, evolucionando en medio del ajetreo, con una cámara y una manzana. Foto de Ben.

Además ha sido un gusto trabajar con todo el mundo. Me he estresado demasiado al principio, porque era un trabajo en equipo y yo todavía iba con el chip de “voy a hacerlo yo, porque sino nadie va a mover un dedo”, pero luego me he relajado al ver que entre los días extra-largos y el equipo de personas creativas, pensantes e independientes que éramos, había tiempo de sobra. Hicimos unos cuencos de papel preciosos para las velas, con bolsas de chucherías rellenas de arena y decoradas con ramitas de arándanos y flores rosas.

Mi “name-tag” y Freia, la diosa noruega que intentará evitar males mayores durante estos dos años. Por lo visto es la diosa del amor y de la fertilidad, cosa que ha propiciado bromas suficientes por aquí.

Hoy por la tarde iremos a Dale, a una especie de festival en el que enseñaremos nuestros trajes regionales (he, he, he) y algunos actuaremos. Como yo soy medio alemana, medio española, seguramente participe en un baile nepalí con un vestido del Tíbet. Ya veremos.

Karolina y yo estamos contando los días del Summer Course, viendo que se nos van volando. Ya llevamos dos semanas aquí, lo que significa que sólo nos quedan otras dos semanas por delante. Por un lado por supuesto queremos conocer a nuestros coaños y segundos años, que nos preguntan en Facebook cómo nos lo estamos pasando, y qué tal nos parece todo esto, pero por otro lado queremos que éste siga siendo nuestro territorio, que no venga nadie nuevo a “romper la paz”, que no empiece el curso… No lo podemos evitar, y pienso que es algo natural que nos sintamos así. Roza y yo tenemos un poco de miedo de que el campus comience a menguar a nuestro alrededor. Somos sólo veinticinco y las lavadoras siempre están llenas (por lo menos las que funcionan) y es casi imposible escapar por unos minutos a la islita. Esto también se debe a que no conocemos sitios a donde ir, a nuestro alrededor sólo hay montañas, y para poder adentrarse en los bosques hay que conocer el camino. Pero eso tiene fácil arreglo. Sabiendo que tengo una compañera asegurada, pondré más empeño todavía en aprenderlo pronto. También hay bastantes rocas en los alrededores, que a mí me producen un escozor en las yemas de los dedos con sólo verlas. De momento sólo he estado en la “habitación de escalada”, del tamaño de nuestra cocina en Puentetoma y con el techo inclinado. Me encanta, es muy acogedora y divertida, porque para cada presa (las piezas a las que te puedes agarrar o que pisas) hay varias anotaciones en boli, indicando el nombre de la vía, con que mano la cogió el autor de la nota, el nombre de la presa (por ejemplo “dedos de mantequilla”)… Tengo que hacer fotos.

En dos semanas también tienes tiempo para por lo menos empezar a conocer a las personas con las que vives y mirar detrás de la emoción, la alegría y la simpatía del principio, y ver si hay algo interesante detrás. Por supuesto, nadie es perfecto y hay gente con la que no tengo tanto trato, porque hay facetas de su comportamiento y de su forma de ser que no me gustan, sin que por ello tengan que ser malas. Con otras personas comparto ciertas situaciones, en general hay gente con la que me resulta más fácil estar sola, o en un pequeño grupo, porque no me gusta el papel que se atribuyen cuando estamos todos juntos, y porque la forma de ser siempre varia dependiendo del momento. También pensé que iba a ser más fácil ser tolerante.

Hay personas con las que estoy porque nuestros caracteres con similares (aunque nuestras ideas y opiniones sean completamente dispares), porque nos parecemos en la forma de ser y por lo tanto todo es mucho más sencillo. Me puedo ahorrar la mitad de las palabras y sé que me siguen entendiendo, y me hacen sentir un poco como en casa, porque también son parecidos a las personas con las que convivo normalmente. Luego hay otros con los que estoy simplemente porque te sientes a gusto con ellos, porque me parecen fantásticos. Esos son los menos, pero los que realmente valen la pena. Sé que puedo confiar totalmente en ellos, aunque sólo los conozca de dos semanas (quizá sea demasiado inocente, pero como ya he dicho, me vale la pena). Me gusta como tratan a las personas, cómo tratan a las personas siempre, su forma de ser, de hablar y de actuar. Es maravilloso estar con ellos, parece que siempre saben lo que necesitas en cada momento. Cuando estoy harta del pan de la Kantina, cuando quiero hacer alguna tontería, cuando quiero tirarme al fiordo, cuando me apetecen algunos arándanos, cuando sólo quiero sentarme en la roca al sol, cuando tengo el impulso de empezar una guerra de algas…

Bueno, el mosquito ha dejado de luchar y los primeros dormilones han comenzado a bajar por las escaleras. Casi es hora de comer, así que por ahora me despido…

mid-week crisis and more funny stuff

4 ago

Hoy he tenido mi primera crisis en Flekke. Menos mal que no ha sido una crisis del tipo emocional, sino una crisis del tipo gastronómico, que se ha podido solucionar con unos tragos de coca-cola donados por Ben. La comida de la cantina está bastante bien, mejor de lo esperado, y se puede comer sano, pero luego hay un momento por la tarde-noche, cuando nos pasan el Evening Snack y siempre hay pan en la caja, que es deprimente. Todo lo que me he comprado hasta ahora aquí ha sido un tercio de una tableta de chocolate y cinco manzanas. Pero de las manzanas también me he aburrido. No sé, por algún lado tenía que cojear la cosa… Pero tampoco es tan grave, tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo para pensar en la comida. Estos días, durante los cuales he abandondo un poco más el blog, hemos tenido muchas actividades. Antes de ayer hemos hecho tiro con arco, y Kanchan y yo realmente hemos dado en el blanco, un globo colgado a quizá diez metros de distancia (igual me paso un poco, en mi orgullo deportivo). Diréis que ha sido suerte de principiante, pero es que también he dado en el anillo rojo, el de los cincuenta puntos, muy cerca del amarillo. ¡Ohhhhh! Después fuimos a la piscina, donde algunos pasamos el test de natación que nos permita usar la piscina y nadar en el fiordo. Había una sesión mixta y una sesión de chicas, pero yo por supuesto he ido a la mixta y luego he empalmado. Ha sido divertidísimo, porque en la piscina del centro de rehabilitación tienen incluso un tobogán, por el que nos tiramos todos en las combinaciones y posturas más diversas. La verdad es que para algunas cosas, la presencia de seres masculinos es casi indispensable. Quiero decir, que me lo pasé mejor con ellos.

Ayer fuimos otra vez, pero esta vez fue una sesión también para principiantes, y, si cabe, todavía más divertida. Esta vez contamos con un cronómetro para competir en la modalidad de bajada de toboganes acuáticos. Mi récord personal es 9.8 segundos, lo que no está nada mal. Samuel, que tiene 9.6 y es un poco presumido (“I’m the machine, bro”) no debería dormirse en los laureles. Además hemos estado planeando el café que tendremos en viernes a cuento del festival en honor a Jakob Sande, un poeta famoso de la zona. Ya subiré algún poema.

Por cierto, ahora que tengo la bendición de las coordinadoras del curso, me he bañado ya unas nueve veces en el fiordo. Es una sensación maravillosa, y después te sientes mucho más despierta y sana, de alguna manera. Si a eso le añades una ducha caliente, te quedas suave como la seda. Karolina y yo hemos decidido saltar cada día por una cosa. Hasta ahora, hemos demostrado nuestro apoyo a la lucha por los derechos de las mujeres, a la lucha por los derechos de los saharahuis, a Marius y al “just for fun”. Tenemos tres vecinos saharahuis desde hace algunos días, que han venido aquí por un año para enseñar árabe. Son bastante jóvenes y muy interesantes, y por eso venía el salto por los saharahuis. Hemos decidido llevarlo más lejos y mañana saltaremos a las siete… no de la tarde sino…

Hoy nos hemos despedido de algunos de los voluntarios que nos han dado clases y que han cuidado de nosotros estos días: Lucía, de Argentina, Bjornar (con la o tachada), de Noruega, Marius, de Noruega y Suecia, y Thale, de Noruega. Aunque sólo los conocemos desde hace semana y media, les hemos cogido cariño, así que algunos de nosotros les escribimos y cantamos una cancioncilla, cosa que suena cursi, pero que en realidad fue bastante divertido. Os dejo la letra en inglés:

CHORUS:

Lucía, Bjornar, Thale

and Marius, too,

we had a really good time

with all of you…

SHHH…. LISTEN!!

I. Who has the craziest hair

in all the camp?

It’s Lucía, the one

with the drawing on her hand.

We don’t know where she’s going to go,

but we wish her luck all over the world.

II. Who has the bluest eyes

of the Summer Course?

Who is the fastest one

on the slide in the pool?

Oh, Bjorner!

III. And now guess who

is our summer-mama,

her smile takes away

all appearing drama.

So dearest Thale, stay with us!

‘Cause during the year

we’ll miss you so much.

IV. Who’s crazy, funny, blonde

and also cute?

He cracks all his jokes

and we love that too.

Please, Marius, make us laugh one more time!

We feel so sad

and for that there’s no rhyme!

CHORUS

SHHH… GOOD LUCK!!

Nuestros queridos voluntarios  o strawberries. De pie, y de izquierda a derecha, como en las fotos de los periódicos, Ghalia, del Sáhara Occidental, Marius y Liz de Noruega, Lars, que también es sueco, Bjornar, Thale y Houden, los tres de Noruega. Delante, Asria, del Sáhara. Estos son los voluntarios que participarán en un programa de una ONG en los campos de refugiados saharahuis, donde pasarán cuatro meses. Les deseo muchísima suerte, y espero que vuelvan para contarnos sus experiencias, y para vernos de nuevo, claro. A parte de este grupo, son voluntarios Lucía, de Argentina, y Volha, de Bielorrusia.

Dentro de poco, más fotos y relatos. Ahora toca recuperar sueño. Últimamente me he acostumbrado a dormir en el Day Room, o sala de estar de la casa, un territorio neutral y donde cabe mucha gente y no necesariamente chicas. No duermes mucho, pero es muy divertido. Todos sabemos que dormir seis personas en un sofá ES divertido.

otro encuentro de tercera fase

1 ago

Hoy al salir de la Kantina, después de cenar (a las seis y media, más o menos), se me acercó Kiwi/Sophie, que justo a Kath es coordinadora del curso, y me dijo que tenía una sorpresa para mí. Una sorpresa que dentro de poco vendría andando hacia la Kantina. Como no podía esperar, yo fui caminando en dirección contraria, hacia Sweden House, donde nos alojamos, y vi de lejos un grupo de personas que me hacía señales y me llamaban. Eran algunos de mis coaños, que rodeaban a una pareja de “forasteros” y enseguida me abrumaron con una avalancha de información: “¡Mira Lea, otra Lea, y es igual que tú!” Yo sólo veía a un hombre con una niña de alrededor de un año y pico en brazos, rubia, rubia, rubia, y una mujer al lado con un carrito para niños. Ya cuando el hombre empezó a hablar español, se me hizo un nudo en el cerebro. Pero es que resulta que su hija, esta chica tan pequeña, se llama Lia (no sé si escrito así) y así me llama aquí la mayoría de la gente. Él es de Burgos y ha sido durante algunos años profesor y monitor en el colegio. Se llama Juan. Su chica se llama Marie y es alemana, de cerca de Berlín, y también había trabajado en el colegio. Han sido un montón de coincidencias juntas, y nos hemos reido los tres un rato. Si es que el mundo es un pañuelo, y el mundo de los CMU todavía más. ¡Un beso para Marie, Juan y Lia, y felices vacaciones en Flekke!

Sozialising

1 ago

Aquí estoy sentada en el pasillo con dos “awesome girls”, como me han dicho que me refiera a ellas, Mende de Bután y Kanchan de Nepal. Hemos establecido aquí nuestro cibercentro, porque la conexión a internet en nuestras habitaciónes es demasiado lenta para bloggear, facebookear y skypear. A veces aprovechamos la ocasión para cantar algo en frente de la puerta de los chicos (a propósito de cambiar los roles). Estoy chupando con (mucha) reticencia un trozo de queso nepalí duro como una piedra que lleva diez minutos en mi boca y todavía no ha cambiado de forma ni de constistencia. Bueno, lo que no mata engorda. Como el té chino de Tian Ge, o el alimento desconocido que me ha dado Mende, una especie de fideos secos con un sabor relativamente inofensivo que se convertieron en una bola de fuego cuando Mende les echó una especia también desconocida.

El caso es que mientras Karolina y Kanchan mantienen respectivas conversaciones con sus ordenadores, la una en polaco y la otra en nepalí, yo no sé qué escribiros. Han pasado tantas cosas otra vez…

Antes de ayer fuimos introducidos por primera vez a la comunidad de Flekke. Ya habíamos ido antes a “flekkeshop”, para comprar chocolate por veinte coronas, champú para algunos, pringels para otros. Pero ayer por la tarde había una barbacoa y un pequeño grupo, mejor dicho un duo, que tocaba música, y muchos habitantes de Flekke, unas cincuenta personas, se habían reunido fuera, debajo de un tejadillo. Nosotros comimos el postre de nuestra cena, plátano cocido con chocolate (¿o era plátano con chocolate cocido?), cuyo mayor atractivo era observar a los demás comer, e intentar hacer algunas fotos interesantes. Cosa que por cierto he conseguido, pero no son apropiadas para un blog serio como es el mío.

Seriedad es también la prioridad de mi co-año venezolano Samuel. Una seriedad presente en todas sus… capas.  Cuando le pregunté si podía subir esta foto, me dijo “Soy un tipo desenrollado, Lea.” Menos mal que me estoy acostumbrando a su acento (en realidad dijo “desenrollado”) y ya no me tiene que repetir las cosas veinte veces y luego en inglés.

El postre.

Thale, una voluntaria noruega del Sommer Course, haciendo una foto de, no sé, los típicos niños noruegos. Pelo casi blanco, vestidos de verano, y hablando nouego.

Marhia, Kanchan y Mende, de Bután, con sus armas preparadas para tostar marshmellows.

Roza y yo, eco-artistas.

Así que estuvimos cantando algunas canciones acompañados por una guitarra, casi alrededor de un fuego… Muy típico de un campamento, lo sé.

Ayer fuimos a Dale (escrito con un punto sobre alguna de las vocales), la “gran ciudad” con un supermercado, un mini- centro-comercial, un banco y un café. Ohhh. Nos aburrimos después de veinte minutos y Roza, Karolina , Sam(uel) y yo decidimos andar los 10 kilómetros de vuelta. Llovía un poco y creo que no nos dimos cuenta de lo que son diez kilómetros. El caso es que terminamos haciendo auto-stop. Nos recogió una señora mayor muy simpática que hablaba inglés y con la que charlamos un poco. de todas formas, la gente de por aquí, ya van con el chip de UWC puesto.

Durante el tramo que caminamos, estuve hablando con Roza(na), mi compañera germano-palestina, con la que también hablo alemán. Es muy interesante pasar tiempo con ella, porque para mí (por supuesto para ella no), es contradictoria. Por un lado tiene un carácter bastante alemán. Le encanta caminar (“Nach dem Essen sollst du ruhn oder tausend Schritte tun”), es muy activa, muy directa en algunas cosas y valiente. Pero por otro lado es musulmana y tiene ideas bastante machistas, o digamos mejor ideas que comprometen la independencia de las mujeres, sobre todo en cuestión de relaciones personales. Me cae muy bien y es precioso como combina los pañuelos. El pañuelo inferior, el pañuelo superior y su ropa siempre encajan a la perfección y tarda diez segundos en atarselos.

Hoy hemos conocido un poco más la flora y el paisaje noruego (la fauna no se deja ver). Dimos un pequeño paseo, llegando a otra parte del fiordo, donde tuvimos nuestra hora boy-scout preparando un fuego y unos “panes en palos”, y luego los ya rutinarios marshmellows tostados. Mientras los demás se inclinaban más hacia lo dulce, mi “pan en un palo” se convirtió en una pizza noruega, con orégano en la masa y queso fundido dentro.

Yo preparando los palos para los panes. Fotógrafo: Ben. Hvala, Ben!

Me estoy enamorando de la chaqueta de Loyola. Seguro que el color verde manzana se agradecerá durante los crudos y blancos inviernos. Esta foto también es de Ben.

Jolines, el queso este nepalí sigue sin disolverse. Aunque ahora parece que salen pequeños trozos de una sustancia blanca (y por supuesto desconocida) del interior…

*Otro evento importante de hoy: guerra de algas contra Ben, que empezó conmigo pensando “creo que puedo meterme en el fiordo hasta las rodillas” y acabó conmigo pensando “dios mío, he conseguido tirarle a las algas”. Resultado: empate.

gentlemen

30 jul

Empujados por la idea que tenemos del invierno noruego, que parecen ser ciertas, aprovechamos cada momento de sol, sin pasar casi por nuestras habitaciones. Claro que dentro de eso, unos lo hacen con más elegancia que otros…

Estos caballeros tan elegantes son Peshwas, que vive en Suecia pero es de origen kurdo, y Ben(jamin), de Croacia. Ben ha vivido seis años en Alemania, y junto con Roza, que es medio palestina y medio alemana como yo, formamos el grupo de los German speakers. La foto esta vez no es mía, sino de mi tercer año noruego Marius, que ahora es voluntario en el curso de verano. Takk Marius!

cleaning day y recompensa

29 jul

The power women. De izquierda a derecha, yo y mis compañeras de habitación Kanchan, de Nepal (que para venir cogió un avión especial que la llevó entre las montañas del Himalaya, deberíais ver sus fotos), Karolina, de Polonia, Rinchen, del Tíbet, y Marhia, de Timor Oriental.

Hoy tocaba limpiar las habitaciones y la casa, una prueba que hemos superado con un resultado bastante aceptable. Lo más bonito fue que tuvimos que ir a la habitación de los chicos (anter estábamos solas en el piso de arriba, ahora tenemos a Rafik de Egipto, Nguyen de Vietnam y Samuel de Venezuela de vecinos) para que nos explicaran cómo demonios se usaba la mopa. Primero lo hemos atribuido a una cuestión de ingeniería, pero la verdad es que saben más de limpieza de casas que nosotras, y eso, no sé, ¡es genial! Así tenemos a quién preguntar antes de que ruinemos los muebles limpiándolos con lavavajillas, o algo así. Por cierto, mi primera tanda de ropa sucia ha sobrevivido a la lavadora.

El premio por nuestro duro trabajo fue una merienda consistente en gofres con cardamomo y varios ingredientes naturales como fresas silvestres recolectadas por una servidora, una enorme cantidad de arándanos, limón y nata casera.

kalte dusche

28 jul

Cuando ves esta foto seguro que piensas: “wow, que gente más interesante está conociendo Lea, que suerte tiene”, otros pensarán “me gusta ese peinado”, luego otros mirarán con ojos más maternales (“espero que eso no sea un segundo piso”) o agudos (“¿no era ese el ordenador que me quería comprar estas navidades?”), pero lo que en realidad se merecen, sobre todo el de la izquierda, es una mirada que les deje claro lo siguiente: “más os vale dormir con un ojo abierto, porque Lea y Karolina tienen dos años para vengarse”.

El caso es que nos estamos convirtiendo en pequeños adictos a los juegos de cartas, y además recibimos nuestro chute diario de adrenalina estableciendo un castigo, más bien tortura, para el perdedor. Así el juego se convierte en algo violento, sangriento doloroso y emocionante (deberíais probarlo). El caso es que las primeras en probar el agua fría de la ducha del cuarto de los chicos (del mítico cuarto de los chicos) hemos sido Karolina y yo.

Desde mi punto de vista, han cometido un grave error que pagarán cuando hayan pasado el famoso “swimming test”.

Serban, de Rumanía, y Peshwas, que es de origen kurdo pero ha vivido muchos años en Suecia, buscando el punto con la mejor conexión de Internet… ¿Incluso arriesgando sus propias vidas!

Heidelbeeren

27 jul

Mi compañera de habitación Rinchen, del Tíbet, que cuenta cosas muy interesantes…

Noruega no es (todavía) un país blanco, la nieve no me llega a las rodillas y los carámbanos no rozan el suelo. No hay osos polares rondando por Bergen ni pingüinos en Flekke. En realidad, nos ha hecho muy buen tiempo hasta hoy, ahora llueve un poco. Pero estos tres días hemos disfrutado del Sol y de ir en manga corta, casi no he entrado en mi habitación.

Tanto hablar, tanto hablar, tanto comer, tanto comer… Tardamos dos horas en llenar una taza.

La verdad es que esta zona es muy, muy verde. Estamos rodeados de montes cubiertos de un bosque de coníferas y, lo mejor de todo, por todas partes, desde delante de nuestra casa hasta en los bordes de la carretera a Flekke crecen arbustos de arándanos, grosellas espinosas, grosellas a secas y fresas silvestres. El plan para mañana es, entre otras cosas, hacer gofres con arándanos, así que esta tarde después de la cena hemos pasado por la pequeña isla en medio del fiordo para recoger los ingredientes.

Mi compañera de habitación Karolina, de Polonia, con la que me entiendo muy bien.

Las pruebas del delito

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