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el principio del fin…

17 abr

… pero sin melancolía

Último día de clases para ellos, nosotros un poco envidiosos.

Cubos llenos de agua fría del fiordo.

Uniformes de guerra, chubasqueros y pantalones impermeables, pero no para aquellos a los que les pilla de sorpresa.

Diez minutos de espera, vacilantes.

Sale el primer valiente, empapado en segundos.

Una guerra maravillosa.

Venganza.

Amistad.

Risas.

Mitch me agarra por la cintura, me hunde en el fiordo, no soy la primera ni la última que cae en sus garras.

Rubez con pistola de agua, pequeña pero peligrosa.

Latinos empapados.

Chof, chof.

Meta aparece seca, va directa al fiordo.

Chorro de agua fría por la espalda.

RCNUWC en uno de sus mejores momentos – me encanta este sitio.

Fotos de Kathrine Norsk (Dinamarca)

una semana de muchos números

18 ene

1 vuelta


Flekke nos ha dado la bienvenida de la mejor forma que ha podido. Cuando volvimos de nuestros hogares o viajes, muchos de un clima que comparado con el noruego se puede calificar de templado como mínimo, Nina y Joaquín tostados como granos de café y Daniela con marcas de bikini, nos encontramos en medio de una postal navideña nada más saltamos del autobús. Había nevado en nuestra ausencia y el campus estaba cubierto con una capa de medio metro de nieve. La luna le daba a todo un resplandor banco y brillante y se adivinaban los distintos edificios por las pequeñas luces naranjas de las ventanas. El aire frío nos despejó en un segundo las cabezas embotadas por las horas de aeropuertos, aviones, esperas y carretera, y nos fuimos corriendo, medio deslizándonos por el hielo, con las maletas fuera de control, a nuestras respectivas casas para ponernos algo encima antes de salir a saludar a la gente. Todo sea dicho, después de una semana, el dios del tiempo decidió que ya habíamos tenido suficientes cosas bonitas, y dejó de nevar suavemente para empezar a llover y a hacer un poco más de calor, algo que convirtió los caminos del campus en un territorio peligroso como un campo de minas. Los últimos dos días han sido los más deslizantes desde que estoy aquí: la lluvia derritió parte de la nieve, inundándolo todo, y por las noches se helaba para convertirse en una consistente capa de hielo, que se derretía de nuevo por el día, convirtiéndose en una combinación de agua y hielo mortal. No sé cómo no me he caído todavía, pero desde luego soy de las pocas que han tenido esa suerte. Yo creo que es porque no me quito mis botas de montaña… Hoy le decía a Gareth que el fiordo parefe una puesta en escena del futuro del casquete polar en los próximos cincuenta años, narrado en un día. Con la lluvia, ha ido adelgazando más y más la capa de hielo que lo cubría hasta que a eso de la media tarde, incluso las gaviotas que se habían estado paseando por ella alzaron el vuelo alarmadas.

Aunque la mayoría de nosotros nos sentimos bastante extraños en nuestra propia casa, para mí tampoco fue como volver al sitio al que pertenezco. Más bien, como si me hubiera quedado atrapada en medio. Probablemente será cierta la teoría de que el alma viaja a su propio ritmo, y que hay que esperarla con paciencia, porque ahora ya me siento como si no me hubiera ido, por lo menos en ese sentido. En otros aspectos, sí se nota que me ha sentado bien salir de la burbuja flekkeriana por algunas semanas. Una vez aquí, estoy mucho más segura de lo que quiero hacer, y de lo que no quiero hacer, de lo que creo que es correcto, cuál es una buena hora para irse a dormir, cuándo sentarme a estudiar biología en vez de ver una película y cuándo pasar un poco de todo y ver Desayuno con diamantes con Karolina. Me parece más fácil tomar decisiones y tengo claro que no puedo hacer todo lo que parece interesante, y ya no tengo miedo de que todos mis amigos se olviden de mí porque pase una tarde con la nariz enterrada en los libres, sino que luego aparecerán en la kantina con la misma expresión amodorrada que yo y probablemente tengamos una cena un poco más ruidosa de lo normal para liberar parte de la energía física y compensar la pérdida de energía intelectual. Os prometo que a veces hay tal desequilibrio entre una y otra que no querríais participar en nuestras cenas…

También me he dado cuenta de la seguridad que da estar en un entorno con gente que piensa parecido a uno mismo, o que por lo menos no cuestiona continuamente tus ideas o creencias. Las increíbles diferencias de opinión, creencias e ideologías nos hacen un poco susceptibles a comenzar a debatir enseguida, a que una conversación amigable se convierta rápidamente en una discusión acalorada y a que siempre necesites argumentos fuertes para respaldar tu opinión. Algo que a veces cansa mucho, pero que al fin y al cabo es una de las cosas para las que hemos venido aquí, y que, una vez que has aprendido a cambiar de opinión cuando realmente estás convencido, o a convencer cuando piensas que tienes la razón, te ayuda a encontrar las filosofías con las que estás más de acuerdo y liberarte de equipaje que has adquirido aquí y allá casi en contra de tu voluntad.

Otro de los factores que posiblemente nos ayudó a sentirnos rápidamente como en casa es que nos vimos sumergimos en seguida en un torbellino de actividades y trabajo. Después de una semana de bastante trabajo para el colegio y de “reengancharse” las asignaturas, vino un fin de semana extraordinariamente activo…

 

2 despedidas


Y nada más llegar, nos tuvimos que despedir de algo, o mejor dicho, de alguien. Una de mis Campus Responsibilities, es decir, los servicios con los que ayudo a que el campus funcione y en algunos casos tenga ciertos beneficios añadidos, es cuidar de los dos caballos que mantiene Haugland, el centro de rehabilitación, para una de las actividades en las que pueden participar sus pacientes. Por las mañanas siempre los puedes ver paseando delante del ventanal del aula de Historia, o te los encuentras por la tarde cuando vas de camino a… donde sea que vayas. Cuidar de los caballos es uno de los servicios más bonitos que tenemos, por lo menos en mi opinión. Tanto, que a la mayoría de los que lo hacemos no nos importa levantarnos pronto (luego nos cunde más el día), que después nos apeste la ropa (la motivación perfecta para hacer la colada) ni que tengamos que caminar diez minutos para llegar por la nieve o el hielo o acarrear paladas de caca de caballo durante otros diez. Ulf y Nikita son dos caballos preciosos, bastante grandes, que antes eran caballos de carreras. Nos ocupamos de que tengan los establos limpios, las herraduras en buen estado, comida suficiente, el pelaje cepillado, les damos un poco de conversación y de vez en cuando media manzana que hemos robado de la kantina.

Ulf

Nikita

El otro día, Angie, la profesora responsable de nuestro grupo, nos convocó para una breve reunión antes de la cena, para explicarnos por qué ese fin de semana había puesto a todos en los turnos, cuando normalmente siempre libran tres o cuatro, para que no nos tropecemos los unos con los otros. Pues resulta que el establo necesita una restauración integral y a Haugland no le compensa gastar dinero en los caballos, así que los va a retirar, o, como se diría en alemán, “abschaffen”, un verbo que me hace pensar en alguien sacudiéndose algo pegajoso con cara de asco encima de la papelera, y que en este caso es un eufemismo para llevarlos al matadero. Es una auténtica pena, porque son caballos fuertes y rápidos y tampoco son tan viejos. El problema es que no se pueden usar para el trabajo en el campo, por lo que no han encontrado a nadie que quiera quedárselos. También han rechazado nuestra propuesta de intentar recaudar fondos o ayudar de alguna forma, aunque supongo que desde un punto de vista objetivo, nos hubiera resultado muy difícil conseguir el dinero necesario o incluso una parte relevante.

Así que este fin de semana los hemos tratado especialmente bien. Como un último placer les traje un poco de azúcar de la kantina, los cepillamos dos veces y les preparamos una cama extra-acolchada y un comedero lleno hasta los bordes. Nos dimos cuenta de que ya les habían cortado la crin y la cola y nos llenó de indignación ver el destrozo que habían hecho al quitarles las herraduras. No paraban de rascar el suelo de dolor y les faltaba la mitad del borde de la pezuña. Horrible.

Pero bueno, aunque creo que no tuvieron una vida de caballo maravillosa, al menos recibían visitas de veinte estudiantes de diferentes países de los que cada uno les contaba sus penas en un idioma distinto, y que intentaron cuidarlos lo mejor posible.

3 visitantes

¡Este fin de semana he tenido visita! Sí, yo, Lea Sánchez Milde, he tenido visita en Flekke. Resulta que estos dos días estuvo en el colegio un experto del programa Youth in Action, que financia proyectos desarrollados y llevados a cabo por jóvenes, para dar unos talleres informativos sobre el programa y prácticos acerca de planear y presentar proyectos. Para participar en ellos, vinieron desde el United World College del Atlántico, en Gales, Yassin, de Marruecos, Stine, de Noruega, y Sergio, de… ¡España! Así que les estuvimos enseñando un poco el campus, la kantina, el auditorio, las clases, y la vida en el colegio durante un típico viernes por la tarde. Fue un placer tenerlos aquí, primero porque fue genial ver a uno de mis coaños perdidos por el mundo, y segundo porque adquirimos un conocimiento general de cómo es el Atlantic College comparado con el nuestro. La verdad es que tenemos mucha, mucha suerte, aunque a veces no nos lo parezca. Primero, por la libertad y segundo, por los medios de los que dispone Red Cross Nordic United World College, y que en general damos por supuestos.

Relativo a la libertad, no podíamos creer lo que oíamos cuando nos contaron que allí tienen toque de queda a las diez y media, hora a la que todos deben estar en sus respectivas casas y pasan los profesores comprobando que cada oveja esté en su corral. A partir de esa hora, los chicos no pueden estar en el pasillo de las chicas, ni en sus habitaciones, faltaría más, o salir de la casa. Si lo hacen, corren el riesgo de ser pillados por uno de los que hacen guardia fuera (sí, guardia), y que escribirán el nombre del criminal en sus tablillas de pizarra. Yo me sentiría encerrada, simplemente por saber que fuera hay gente vigilando que no salga, me volvería muy inquieta. En nuestro colegio, tenemos pasillos compartidos y no existe un toque de queda. Sólo hay un sitio en el que no puedes estar a partir de las doce de la noche, y ese es otra habitación, pero siempre tenemos las clases, el auditorio, la biblioteca, el salón de la casa o, si quieres, las montañas, para estar siempre que queramos. Y los profesores son extremadamente flexibles con lo de estar en otras habitaciones. Además, fuera del campus podemos hacer lo que queramos, mientras no regresemos completamente fuera de control. En Gales, puedes ser castigado por algo que haces fuera del campus. A pesar de todo, hay muchísimo más alcohol que aquí, donde es muy, muy discreto. Sin embargo lo que más me ha chocado, es que en el Atlantic College está mal visto lo que aquí respetamos todos en cualquier circunstancia y defendemos con uñas y dientes si es necesario, por la importancia que tiene: la privacidad. En Gales no tienen cortinas como nosotros, con las que convertimos nuestra cama en una cueva aislada del mundo cuando queremos, para estar solos o para compartirla sólo con la gente que realmente está invitada. Algo sin lo que, en mi opinión, no es posible una vida equilibrada o sana, ¡allí ni siquiera existe!

En cuanto a los medios, tenemos habitaciones más grandes , un baño por habitación y no tres por casa, Internet a una velocidad razonable en las habitaciones y excelente en el edificio de ciencias, y una oferta de actividades mucho más variada, a parte de un sistema que permite cambiar de opinión, probar distintas cosas, quedarse con lo que mejor encaja… En el Atlantic College, se quedan con las mismas actividades todo el año.

En general, la visita nos ha hecho abrir los ojos y mirar un poco fuera de nuestra burbuja. Parece que es cierto eso de que somos el Colegio más liberal y el único que no está pasando estrecheces económicas. Algo que no nos debe frenar al intentar mejorarlo, pero sí debería someter a una segunda reflexión muchas de las críticas y quejas que lanzamos a nuestro alrededor.

Cuidamos a nuestros visitantes para que no se cayeran con el hielo, encontraran las clases a las que tuvieran que ir y se llevaran una buena impresión del colegio. Nos encanta tener visita del exterior de vez en cuando, para que sople un poco de aire fresco entre las mesas abarrotadas de nuestra kantina. Ya sabéis, si por un fin de semana queréis ser objeto de atenciones y del interés de ojos y oídos de todo el mundo…

 

6 invasores

¡Las de los terceros años! Seis ex-alumnos que graduaron el año pasado vinieron a pasar unas pequeñas vacaciones en el campus, visitar a algunos amigos y, me imagino, ver cómo ha ido todo desde que se fueron. Los segundos años los han tolerado con desconfianza, no vaya a ser que se quedaran aquí y ellos volvieran a ser los pequeños, nosotros los hemos observado con curiosidad y a la vez nos hemos sentido observados como “la siguiente generación” y ellos han ido a lo suyo con los amigos que tienen entre los segundos años. Pero da la casualidad de que una de ellos era mi tercer año de Alemania, Joane, con la que estuve charlando un rato. Me hizo mucha ilusión conocerla en una de esas casualidades que ocurren en la red de los UWC, y por el poco tiempo que hablamos, me pareció una chica muy simpática. Me contó que por parte del padre es portuguesa (sí que viajan las alemanas, ¿no?) y que ha vivido la mayor parte de su vida en París y Berlin-Kreuzberg, uno de los barrios que en libros siempre veo retratado como la mezcla perfecta de culturas, mentes pensantes, ideologías, nacionalidades y revolucionarios, en una ciudad que ya de por sí me la imagino activa, energética y extremadamente interesante. Algo que quizá no sea más que una fantasía producida por las ganas enormes de visitarla, pero en la que me suelo recrear mirando al vacío y con una sonrisa dirigida a nadie en particular.

Joane está estudiando ahora en Glasgow, Escocia, y me habló de un proyecto que tenían para “okupar” y reutilizar una casa en un pueblo abandonado, por lo visto medio-invadido por la naturaleza. Algo que casi podría ser perfectamente una acción del KuKuProjekt, ¿no? En todo caso les deseo suerte en la lucha contra una burocracia y unas leyes que en este caso no parecen especialmente productivas.

1 fiesta

Como no podía ser, al final fui a la fiesta, perdón, a la “prom” en Dale, y paseé mis pantalones de Desigual por un bosque de piernas femeninas cubiertas sólo de medias de seda, si acaso, y mi jersey de colorines entre un mar de vestidos que se pueden describir como los de la cena de Navidad, sólo con un toque más… provocativo. Pero provocativo no exactamente en el mismo sentido que el aplicable a mi conjunto de pantalones y colorines, creo.

Lamentablemente, como ya había esperado, no trabamos amistad con los pocos noruegos que aparecieron. El único chico con el que entablé conversación fue un francés que vive en Dale desde hace sólo seis años, y que tenía una actitud mucho más abierta que los demás. Así que no sé si realmente cuenta.

Comimos, bebimos, bailamos y no fue excesivamente emocionante. Pero sí fue curioso lo fácil que es sentir la presión de la mayoría, de las masas, y de lo insegura que puede hacerte sentir si no estás segura al cien por cien se tu causa. Por suerte, estaba segura al noventa y nueve por cien, así que aguanté algunos ataques ligeros de incomodidad y disfruté de la comodidad y del respeto a mí misma recién ganado.

El tema no da para mucho más, la verdad… Salvo que queráis un ejemplo de mi magnífica capacidad de organización y control de una cadena de eventos. Justo antes de que saliera el último autobús hacia Dale, tenía mi primera sesión oficial como socorrista en la piscina de Haugland, que usamos a cambio de un alquiler que paga el colegio. Así que me tuve que preparar antes de la cena, para lo que, podéis creerme, no necesité tanto tiempo. Después me llevé mis cosas para la piscina asimismo como mi perfume de vainilla negra que me regalaron los Reyes Magos y cuyo aroma fue desafortunadamente extinguido por los vapores dulces y pesados de los demás. Así que me pasé una hora sentada en la piscina, con la camiseta de los UWC que recibí del comité nacional puesta para inspirar confianza y el maquillaje y los pendientes para la fiesta, mientras mi decisión de ir era sometida a una última, dura prueba al ver la piscina vacía salvo por mis dos sirenas Stine y Vita y yo sentada sin poder nadar.

Me pregunté seriamente si valía la pena invertir tanto tiempo y energía en un acto de protesta que al fin y al cabo, no despertaría reacción alguna en la inmensa mayoría de la gente, y, si acaso, más sorpresa o extraño que reflexión. El único que pareció estar de acuerdo conmigo era Sam, lo que por su parte, me sorprendió a mí. Sin embargo, él lo veía más desde el punto de vista del esfuerzo invertido en arreglarse, sin duda alguna mucho mayor en las chicas que en los chicos. Para mí, la cuestión iba un poco más allá, poniendo en duda el sentido de la etiqueta en general y del concepto de fiesta americana introducido en nuestra sociedad sin problema u oposición alguna.

Una cosa tengo clara: ahora que he manifestado mi opinión, en la próxima situación parecida me puedo quedar tranquila y disfrutar de unos largos en paz. Esta vez, y aunque no tuviera efecto alguno, mi espíritu un tanto guerrero o revolucionario, me empujó a hacerlo, aunque solamente fuera para defender mi opinión y quedarme a gusto. Creo que es la edad…

 

1 concierto

Anders Löfberg con su cello, que no es un cello como otro cualquiera.

Más NÓRDICo imposible, pero más internacional, difícil. El concierto que dio el trío sueco NORDIC en el auditorio este sábado fue uno de los mejores en los que he estado en los últimos tiempos. La actuación era parte del festival regional FolkJazzScena y el grupo, compuesto por una mandolina, un cello y una “nyckelharpa” o “llave-instrumento de cuerda” tocó canciones propias inspiradas en melodías suecas, brasileñas, andinas y de otras partes del mundo, en el reggae y en el vuelo y la búsqueda de objetos brillantes de una urraca o “skatan”. Con mucho carisma, fluidez, humor, creatividad y picardía, medio en sueco, medio en inglés, presentaron alrededor de ocho, diez temas en los que explotaban al máximo las posibilidades de sus instrumentos, intercalando de vez en cuando sus propias voces, y daban un buen ejemplo de las cosas nuevas que se pueden hacer con la música y los instrumentos tradicionales, para que no resulten aburridos, sino innovadores, no viejos, sino juguetones, y no se escuchen las mismas canciones en todos los conciertos de “nickelharpa” a los que se va.

Magnus Zetterlund y mandolina

El trío

Nyckelharpa y Erik Rydvall

Demostrando una gran sintonía entre ellos y una capacidad admirable de “manejar” al público, nos dejaron a todos un muy buen sabor de boca y una risa en los labios. Aunque, todo hay que decirlo, la gracia y el carisma hicieron un tercio del trabajo. De hecho, los dos mayores me recordaban a los hermanos Dalton y el más joven, a Lucky Luke. Una asociación sin mucha lógica, pero bastante divertida. Os dejo con un poco de música de Anders Löfberg (cello), Magnus Zetterlund (mandolina) y Erik Rydvall (nyckelharpa) y dos links:

La urraca


1 actividad

Una de las actividades en las que estoy involucrada como parte del programa CAS (creatividad, acción y servicio), obligatorio para obtener el diploma del Bachillerato Internacional, es Bergum Mottak. Bergum Mottak es un centro para refugiados, o, mejor dicho, para aquellas personas que han pedido el estatus de refugiados en Noruega. Vienen de Somalía, Sri Lanka, Rusia, Afganistán, Etiopía, Eritrea o de otros países, vienen mujeres, hombres, niños de todas las edades, con y sin estudios, hablando o sin hablar inglés. Llegan, y no saben si van a conseguir el permiso de residencia o no, ni cuánto tiempo van a estar esperando. Viven en una especie de residencias de pasillos altos, estrechos y vacíos, pintados de amarillo, cada uno en sus habitaciones, las familias en pequeños apartamentos, con cocina, baño y salón compartidos, sin posibilidad de trabajar o de hacer nada salvo algunos cursos de inglés o noruego en el mismo centro, siempre esperando e imaginándose el futuro de diez maneras distintas. Nosotros los visitamos dos veces al mes, un grupo cada segundo martes, el otro casa segundo jueves, e intentamos sacarlos de la monotonía, darles conversación y jugar con los niños.

Para mí supone un montón de energía, romper el ritmo de la vida en el campus, viajar dos horas en autobús y cambiar tan repentinamente de contexto, y hasta ahora estaba segura de que estábamos haciendo algo beneficioso, pero hoy después me he puesto a pensar después de escuchar los comentarios de mis compañeros explicando a un nuevo miembro del grupo los objetivos de la actividad. Me he quedado sorprendida por la especie de complacencia que hemos adquirido, de la idea de que “hacemos el bien” a nuestros protegidos, que la gente nos debería estar agradecida porque vayamos y hablemos con ellos, y que es normal que cuando no los entendamos bien sonriamos y asintamos con la cabeza, cuando, en mi opinión, tienen un nivel de inglés impresionante para las situaciones de las que han venido, y la mayoría está más que dispuesta a entablar conversación con nosotros, nos ofrece comida y té y no parece importarles que “invadamos” sus casas sin preguntar, que en cierto modo, es lo que hacemos. Creo que tenemos que replantearnos para qué estamos realmente allí, y darnos cuenta de que somos nosotros los que obtenemos el mayor beneficio, los que deberíamos estar agradecidos y considerar a los habitantes del Bergum Mottak con más respeto.

Lo estuve comentando con Fannie, porque nos imaginábamos que ellos quizá nos estarían viendo como visitantes de un zoo, que vienen a observar especies exóticas que no tienen en casa, y que probablemente no siempre que aparecemos por allí e imponemos nuestra presencia tienen ganas de recibir visitas. ¿Es mejor quedarnos nosotros en una habitación y esperar a que ellos vengan a nosotros? ¿Vendría alguno?



una invitación

11 ene

 

New Year’s Prom at the Dale Sports Centre
Saturday the 15th of january 20.00-01.00

 

 

Dear all,

On behalf of the RCNUWC Student Council and the Dale VGS Student Council, I am pleased to invite you all to a formal party on Saturday the 15th of January in the Dale Sports Centre to celebrate the new year. The event lasts from 20.00 to 01.00 and transport will be provided by the school both ways.

There will be a short seated dining with food and drinks are sponsored by a grocery in Dale. Shortly after, live dance music and social games will take over. The dress code will be a formal one similar to those you see at the proms in American movies: shirts for the boys and dresses for the girls. (For more information on this point, contact any American on campus.)

[...]

Esta invitación enviada por el Consejo Escolar me la he encontrado en mi bandeja de entrada del correo del colegio esta tarde, y por supuesto,gran parte del campus está emocionado con la posibilidad de ir a cualquier cosa parecida a una fiesta.

Sin embargo, yo la he leído conun escepticismo creciente… ¿me lo tomo demasiado en serio? ¿A vosotros os llama la atención algo? Porque a mí, no sé por qué, me irrita algo… El baile, que parece una recreación perfecta de un baile de Navidad de un instituto americano (ya véis que para cualquier duda sobre la etiqueta, contactemos a un americano en el campus), está pensado para que socialicemos con los chicos de nuestra edad de Dale, algo que en principio es una muy buena idea, ¿no? Pero no me convence del todo. Por los comentarios de segundos que he escuchado en la cena, bastante desinteresados sobre los chicos de Dale, que por lo visto son todos unos borrachos y pegajosos (¿puede ser cierto? quizá sí, quizá no…), nadie tiene mucha intención de socializar con los “nativos”. ¿No estamos entonces usando un evento al que nos han invitado para divertirnos nosotros, salir una noche del campus, variar un poco y dejar que cada uno vaya “por su lado”?

La tentación de quedarme en casita y hacer algo productivo es casi irresistible, sobretodo en un fin de semana de por sí cargado de actividades. Nuestra amiga Annette me ha mandado un documental sobre un projecto de la bailarina y coreógrafa Pina Bausch en el que trabaja con jóvenes de Wuppertal, que bailan una de sus creaciones; me apetece muchísimo verlo. Pero he decidido (a medias) que iré. Iré con mi mejor talante y ánimo de socializar, para comprobar aliviada que todo eran tonterías mías y en realidad es muy fácil mezclarse y conocerse, o para utilizarlo como un estudio sociológico del comportamiento de estudiantes UWC fuera de su hábitat natural e interactuando con otra especie. ¿Valdrá la pena? ¿Debería negarme por principios porque las chicas no podemos llevar pantalones? ¿Eso es normal? ¿Debería aparecer allí con mis preciosos pantalones de Desigual? Como véis, estoy confusa y llena de dudas…

En caso de que no cambie de opinión hasta el 15 de enero, no esperéis señales de vida. Para se parezca “a los bailes que se ven en cualquier película americana”, tengo sólo cuatro días para organizarlo todo: dejarme crecer el pelo y teñírmelo, para tener una melena rubia, comprarme zapatos de tacón de medio metro y un vestido cuanto más corto y ajustado mejor y que, por favor, no sea de Pippi Calzaslargas, y conseguir que suene una canción pop cuando me baje de la limusina. ¡Eso sin contar con que todavía me tengo que buscar a un chico alto, moreno y jugador de fútbol americano que me saque a bailar!

Bye-bye, darlings!

Jul på RKN

10 ene

Uno de los motivos por los que os he tenido tan abandonados estas últimas semanas, a la merced de la desinformación y quizá pensando que había muerto de frío, que no había conseguido sobrevivir los 14 ºC bajo cero que tenemos aquí en las horas más calurosas del día, han sido las celebraciones navideñas, que hemos explotado al máximo, en parte como excusa para alejarnos de los libros en nuestras útimas semanas de clase.

Nuestro German-Club: a los lados nuestras alemanas auténticas, Meta (izquierda) y Angelika (derecha), en el centro los añadidos: nuestro sueco rubio-casi-blanco Axel, Ben, de Croacia, yo y Rosana, de Palestina. Todos con nuestras mejores galas en la cena de Navidad.

Sobre todo el German- Club ha destacado, tanto por el despliegue de acciones navideñas como la productividad de las mismas: aprovechando que Maret, la mujer de uno de nuestros profesores de Matemáticas, es alemana y pone a nuestra disposición su casa, hicimos varias sesiones de repostería, cuyo resultado final fue una magnífica casa de galleta, como la que tenía la bruja en el cuento de Hänsel y Gretel, decorada con ladrillos de nueces, tejas de almendras, ventanas de glaseado, florecillas de azúcar y habitantes de gominola. Aunque luego quedó tan bonita que nos dio pena comerla, seguimos la tradición noruega y Angelika blandió con valor el martillo y la destruyó de un solo golpe, lo que nos permitió disfrutarla sin remordimientos. Desde luego, me quedo con la pareja que Meta colocó al lado de la puerta, ataviados con la vestimenta típica bávara. La comida hecha arte.

Proceso de construcción en dos pasos documentados

Decoración masiva de paredes y tejados, imposible sin el material de construcción que trajo Meta desde Alemania: bolitas de colores, tubos de glaseado para escribir, almendras, nueces, gominolas…

Maret y Angelika se ocuparon del delicado proceso de pegado con ayuda de un cemento muy dulce y un sofisticado sistema de sujeción.

Resultado final

Los hombres de gominola vestidos con trajes bávaros de Meta, los habitantes perfectos para nuestra casita.

Angelika y yo, no contentas con esto, usamos la receta y los ingredientes enviados desde casa para intentar reproducir las famosas a la par que deliciosas galletas de chocolate y licor de Andrea, algo que, además de amasar, desmenuzar y mezclar, implicó ir a casa de Mariano, un profesor de español argentino que es el responsable de la casa en la que vive Angelika, para preguntarle (descaradamente) por alcohol. Una de las desventajas de vivir en un campus sin alcohol es encontrarse con las manos en la masa (literalmente) y sin el chorrito de licor necesario. Menos mal que Mariano tiene sentido del humor, aunque sólo pudo darnos aroma de ron, que usamos generosamente (“total, no es alcohol de verdad…”) lo que proporcionó a las galletas un sabor un poco más fuerte de lo deseado…

El calendario de adviento

Además de nuestra actividad pastelera, nos hicimos un calendario de adviento, una cuerda tendida de una punta a la otra de mi esquina (tuve la suerte de ser elegida como “guardiana” por la comodidad de mi habitación y el elevado número de germano-parlantes en nuestra casa) y que con el peso de todos los saquitos se bajaba cada vez más y me rozaba la coronilla cuando estaba sentada al escritorio, haciéndome compañía. Cada uno recibimos un regalo de cada uno de los demás, y aunque acabamos abriendo nuestros paquetes antes de tiempo como los niños curiosos a los que Papá Noel no les trae nada, fue muy divertido. Así que nos animamos y le hicimos uno a Maret, que le gustó mucho.

Maret, feliz poseedora de un auténtico calendario de adviento UWC. Más variado, imposible.

La aportación nórdica a las celebraciones fue una preciosa procesión en la mañana de unos de los primeros días de diciembre: en los países escandinavos es muy importante el día de Santa Lucía, en el que las chicas se visten de blanco y se elige a una, que encabeza la marcha llevando una corona de velas, mientras cantan canciones navideñas y reparten dulces. La verdad es que quedó muy bien, y el parecido de los chicos, que llevaban capirotes blancos, a miembros del Ku Klux Klan, sólo la vieron los ojos más malintencionados.

Noruegos, suecos, fineses, daneses y… gente de Groenlandia haciendo crujir el hielo que cubre los caminos del campus

Los últimos días los dedicamos a los eventos más “oficiales”. La cena de Navidad, seguida por el Christmas Show, es decir, el Chow Navideño, y el café organizado por Safuge, para el cual estuve una mañana haciendo galletas como una loca con algunas otras chicas (ni un chico a la vista, prefirieron montar las mesas) en casa de María Teresa, mi profesora de español y responsable de grupo de Safuge. El café acompañó a un karaoke de villancicos, que por suerte no cayó en lo cutre, porque tuvimos música en directo ofrecida por nuestra querida agrupación de cuerda. Fue bastante divertido, porque a la hora de cantar Noche de Paz en distintos idiomas, encadené un dúo con Angelika en alemán (que creo que estropeé un poco con mi incapacidad de llegar a las notas altas) con un “veinteto” con los latinos, en el que cada uno cantaba una versión un poco distinta partiéndose de risa.

Bocadillo de pan italiano y tortilla española, una combinación irresistible. A mis dos veras, mis coaños Claudia y Marco.

La cena de Navidad sí que fue digna de ver. Vaya despliegue de trajes, corbatas, tacones más o menos altos, maquillaje más o menos brillante, pintalabios más o menos intenso, vestidos más o menos largos, con más o menos lazos, piedras incrustadas y capas de seda. Incluso yo me dejé llevar por el torbellino de preparaciones, aunque me autolimité a una hora y aparecí con un vestido con un impreso de Pippi Calzaslargas casi a tamaño natural en la parte delantera, que provocó el entusiasmo de algunos nórdicos muy orgullosos de su personaje. El caso es que por algo nos habíamos puesto nuestras mejores galas: la kantina parecía sufrir el embiste de una terrible tormenta eléctrica, que resultaron ser los flashes de cien cámaras disparando varias veces por minuto. Entre foto y foto, tuvimos tiempo para probar un poco de la “típica cena navideña noruega” que nos prepararon nuestros cocineros y que, por una vez, recibieron reconocimiento por su trabajo. Para mí, lo mejor fue la lombarda.

Del “chow navideño”, me quedo con esta reinterpretación del Haka, el baile neozelandés al que nuestro segundo año Motaz ha dado mucho bombo en el colegio. Delante Jana, disfrazada de jugadora de rugby y dejándose el alma, detrás las bellezas rubias en un Haka bastante más delicado y femenino…

No es de extrañar, por lo tanto, que después de tanta fiesta, y trayendo una sensación muy veraniega por el sol de Palestina, llegara a España sin muchas ganas de fiesta y pasara los días con kuku-acciones y quemando vijaneros en vez de entregarme al consumismo y a los buenos sentimientos como gran parte de la población mundial.

intermedio V: la nieve contraataca

23 oct

Lo primero que tengo que hacer es pedir disculpas: antes de ayer, que fue el día donde más nieve había, casi no saqué la cámara de la habitación, así que las fotos más bonitas nunca las he hecho. De todas formas, creo que habrá días de nieve todavía. Antes de ayer por la noche todavía nevaba trapos, pero ayer ha hecho sol y luego ha empezado a llover, con lo que la orgullosa capa de nieve de veinte centímetros ha menguado y se ha vuelto bastante desagradable. Por lo menos todavía sirve para bolas de nieve. Eso sí, yo he descubierto que sólo valgo para batallas pacíficas y guerras amigables, en las que no se desarrollan sentimientos de odia hacia el enemigo. Me sorprendió enormemente encontratme el jueves en una lucha encarnizada en la que bolas de nieve hacían temblar los cristales y se podían oir cuando pasaban zumbando cerca de tu cabeza, gafas se rompían, gorros se perdían, tobillos se torcían y predominaba la cobardía y los ataques a traición: la primera batalla de bolas de nieve del invierno, y la última para mí. Cuando volví a casa y me sacudí la nieve introducida debajo de mi chaqueta y dentro las orejas, iba pensando en la discusión que, si no recuerdo mal, habíamos tenido ese mismo día en clase de Historia acerca de las leyes en la guerra, hasta qué punto es hipócrita legislar la guerra, en qué ocasiones estas leyes no tienen sentido y cómo se puede garantizar que se cumplan. En este caso, creo que también hay que poner reglas a guerras de bolas de nieve oficiales, para que se parezcan más a torneo de caballeros medievales, todos montados a caballo e intercambiando elegantes estocadas por el pañuelo de sus damas, que una batalla de la primera guerra mundial, en la que se construían una trinchera a cada lado y cada vez que asomabas la cabeza, te intentaban coser a tiros con una metralleta. En fin, menos mal que aquí sólo usamos nieve: los “desperfectos” se arreglan con una ducha caliente, un poco de chocolate y una capita de crema hidratante en la cara. Ha sido una experiencia incluso interesante por la sensación tan fuerte de surrealismo que tuve, aunque he decidido conscientemente olvidarla para siempre. Si quiero seguir sentándome al lado de mis amigos en clase de Historia, es mejor no acordarme a cada momento de que algunos de ellos tienen una sorprendente y fuerte vena Yeti que normalmente permanece oculta.

Así que vamos a pasar a otra cosa… Hoy hemos tenido Latino Brunch. ¡Ojo!, repito: Latino Brunch, no una comida latina, o una reunión latina o algo parecido, no, un LATINO BRUNCH, que por supuesto es único e imitable. Claudia y yo hemos demostrado nuestros talentos con la tortilla española y montaditos de jamón serrano con tomate. La verdad, un lujo y un placer. Además, me lo he pasado mucho mejor esta vez que las anteriores. Quizá ha sido porque a conozco mejor a todos, o por la felicidad que me produjo el que mi tortilla llegara sana y salva todo el camino helado desde la casa de Claudia, o que después de pasar aquí dos meses, me he dado cuenta de que no tienes que ser como los demás para encajar. Algo que entre los latinos en más difícil de ver, porque todos saben bailar salsa, pero que sigue siendo cierto. De todas formas, comparto “cruz” con Karl, de Brasil, que es latino por simpatía y que tiene, como yo, un carácter bastante distinto, y con Gareth, que es latino por, ejem, ejem, familia/noviazgo y no podría sentirse más incómodo. Para él es como encontrarse con diez hermanos mayores de su chica. Si yo estuviera en la situación de la chica en cuestión, me cabrearía un poco.

Los latinos+co.

Primeros años: 1. Ricardo (Argentina), 2. Gareth (Gales), 3. Samuel (Venezuela), 6. Katherine (Honduras), 7. Joaquín (Uruguay), 9. Álvaro (Paraguay), 12. Marilyn (Ecuador), 14. Una servidora (fifty-fifty), 15. Ervin (Colombia), 19. Karl (Brasil), 20. Daniela (El Salvador) y no podemos olvidar a Rodrigo (Costa Rica), que ya habéis visto por aquí, probablemente haciendo el tonto.

Segundos años: 4. Rafael (Venezuela), 5. Mariana (Uruguay), 8. Anyuri (Panamá), 10. Irene (España), 11. Xavier (Guatemala), 13. Vanessa (Méjico), 16. Renata (Chile), 17. Jennyfer (Nicaragua), 18. Claudia (Bolivia), 21. Aurora (Perú).

 

salvando la historia

23 sep

Bueno, aquí van algunas fotos del curso de canoa, después del cual todos superamos satisfactoriamente la pequeña prueba que nos hizo Jan Erik, el monitor, más en broma que en serio. Por lo tanto, ya podemos llamarnos Líderes en Canoa y llevarnos a nuestros amigos de excursión por el fiordo. Rinchen y Karolina han tenido cumpleaños esta semana, y a Rinchen le hemos regalado entre otras cosas un vale para un paseo en canoa este fin de semana.

Nos llovió sin piedad, los dos días. Cosa que por un lado nos hizo más fácil el tirarnos al agua para dejarnos rescatar y por otro nos dio la oportunidad de apreciar diferentes combinaciones de ropaa impermeable: ponchos gigantes, botas de agua, bañadores…

Gray, de Estados Unidos, y Victor, que es de Dinamarca pero habla español perfectamente con un acento mejicano de telenovela.

Remamos mucho, no es que estuviéramos haciéndonos fotos los unos a los otros todo el tiempo.

Entre una cosa y otra no he dormido lo suficiente ni una sola noche, pero ha valido la pena. Los dos cumpleaños han sido un éxito. El de Rinchen ha sido más tradicional, con una fiesta “sorpresa” en la Kantina, tarta, canciones de cumpleaños en diferentes idiomas, un poco de agua del fiordo… A Karolina le preparamos algo más especial. Hablamos con su novio, con el que lleva una difícil pero estable y, en mi opinión, duradera relación a distancia y nos prometió que estaría conectado a Internet a las doce de la noche. Preparamos el aula de Filosofía con cojines y velas y toda la parafernalia y le regalamos cinco minutos en Skype, usando la pantalla de la pizarra digital. Por la cara que puso, creo que le gustó. Además, su novio debió de soltarle un discurso muy romántico, porque ni siquiera le salían las palabras, sólo podía asentir con la cabeza. Pero al fin y al cabo Karolina está aquí, así que después de cinco minutos la raptamos y tuvo su fiesta “de verdad”. Después fuimos al fiordo y dejamos flotar sobre el agua algunas bengalas, cosa que suena un poco más espectacular de lo que realmente fue… Acabamos saltando al fiordo, por supuesto. La verdad es que disfrutamos preparándolo, aunque ahora tengo el doble de trabajo que hacer.

Por cierto, he empezado con kárate, los lunes. Es de estas cosas que nunca piensas que vas a hacer… La actividad la empezó Jezko, un segundo-año de Eslovaquia que es un profesional en el estilo más agresivo de kárate, el que realmente incluye lucha. Así que nuestros entrenamientos consisten, entre otras cosas, en darnos patadas los unos a los otros para endurecer nuestros músculos. La verdad es que es muy satisfactorio, y en vez de quitarte energía, te la da. Además nos está enseñando técnicas de autodefensa, y las chicas estamos muy orgullosas de nuestras capacidades. A los chicos les da más igual, son básicamente los “secuestradores”  y “violadores” a los que preguntamos “A ver, atácame”.

Break-dance en distintos estilos, hip-hop, house, Michael Jackson… Cada uno aportó su toque personal

El Norwegian-Pack en el Show: nuestros co-años de Noruega, siempre haciendo piña

Fann, de Noruega, y Nguyen, de Vietnam, con “Hit me baby one more time”

Empezando por atrás: Stella, Alma, Fann y Fannie, danza contemporánea y bodypainting.

Nuestro show ha sido un éxito: los artistas han hecho arte, los organizadores han organizado, el dictador ha dictado, los técnicos han tecniqueado y el público ha aplaudido. ¿Qué más se le puede pedir a un show? No se si ya os he contado sobre el número que montamos nosotras. Nosotras, que fuimos Karolina, Mende, Wiktoria, Ragna, Astrid, Réka, Marie, Meta y yo. Usamos citas de libros, canciones y películas que enlzamos buscando una relación más o menos lógica y creamos tres capitulos cortos, separados por un sonido de intermitencias. Leímos las citas alternándonos, con el escenario a oscuras y alumbrándonos con pequeñas linternas. Fue un número más hecho para sorprender que para gustar, porque contrastaba mucho con las demás partes del show. Dejamos al público un poco con la boca abierta.  A mí me pareció que nos quedó muy bien. Desde luego, todos los números fueron maravillosos: desde los break-dancers que rompieron el hielo, nunca mejor dicho, hasta las voces graves y atractivas de Romy y Alma, desde la danza del vientre, la coreografía de hollywood y la danza contemporánea hasta los sketches de Adán y Eva (con desnudos reales), Mario Bross y por supuesto los segundos años, que después de reírse de nosotros también se llevaron lo suyo. Las fotos son de Jakub, un segundo-año de la República Checa.

Danza contemporánea, toma 2

Danza contemporánea, toma 3

Desde Bollywood: Kanchan y Pema

Aquí se avecina la PBL, es decir, Project-Based Learning Week: una semana en la que no tenemos clases, sino que nos apuntamos a un proyecto a elegir entre unos veinticinco, cada cual más interesante que el anterior. Ya he dicho que una de las cosas más difíciles aquí es decidir, y yo para decidirme por mis cuatro preferencias las he pasado canutas. Menos mal que por lo menos tengo claro que quiero salir del campus, y luego me he dejado llevar un poco por el instinto. Ya he enviado la respuesta: en orden de preferencia…

1. Una excursión de cuatro días al glaciar más grande del continente europeo, con mochilas y caminatas y noches en tiendas de campaña.

2. Rutas en kayak por la zona, incluida una salida a mar abierto, durmiendo también fuera.

3. Escalada y surfing, donde dormiremos en una cueva.

4. Taller intensivo de cortar cuellos. Sí, de cortar cuellos, más precisamente, cuellos de barcos…

Ya os contaré en cuál me aceptan, pero realmente me apetece la caminata por el glaciar. Aunque todas son muy interesantes.

Para finalizar, decir que estoy disfrutando mucho de la gente que estoy conociendo aquí. A parte de las vidas tan interesantes que han llevado muchos, las sorprendentes habilidades y talentos que tienen y las cosas que ya han hecho, es emocionante reconocer humildad, resspeto, generosidad y solidaridad en tantas personas. Por supuesto hay situaciones tensas, comentarios inapropiados, discusiones, desacuerdos y malentendidos, pero no es de eso de lo que te acuerdas por la noche, cuando estás sentada en tu cama, escribiendo en tu blog.

Yo de lo que me acuerdo hoy es de lo que me ha pasado en clase de Historia. Estábamos trabajando en nuestros ordenadores y el profesor se había ido a hacer unas fotocopias. A mi ordenador se le estaba acabando la batería, pero yo no me di cuenta hasta que ya era demasiado tarde: tenía el documento abierto, sin guardar, y el cable guardado en la mochila. Viendo ya que se me apagaba, lancé un grito de frustración parecido a “¡Mierda, la batería!” (el profesor no estaba, recuerdo). Y entonces Victor, que estaba sentado al lado mío, desenchufó el cable de su portátil rápido como el rayo y lo puso en el mío, salvando mi trabajo. Puede parecer sólo una tontería, pero no sé si era por el sueño o qué, casi  me eché a llorar de la emoción. Vale, definitivamente suena tonto, pero qué le vamos a hacer… Todo es taaaan bonito…

¡Buenas noches!

als hätten wir nichts besseres zu tun…

10 sep

Eso, como si no tuviéramos nada mejor que hacer una tarde entre semana que pasar una hora sentadas en el sofá, haciendo punto. Pues quizá no teníamos nada mejor, porque a mí me ha gustado muchísimo. Ha sido relajante (por el movimiento uniforme y el contínuo “contar hasta diez”), productivo (he hecho como unas quince líneas de lo que será una bufanda ancha y multicolor, pues no creo que haya lana suficiente para acabarla en gris y turquesa) y sociable. Lamentablemente no hemos contado con la presencia (que hubiera sido admirable) de un chico, pero a cambio hemos tenido una agradable charla, medio en alemán, medio en inglés, y me he sentido muy unida a mi abuela, que me enseñó a hacer punto, y muy a gusto, casi como en casa. Sólo nos faltaba el té, la manta y la chimenea, pero quizá eso se vaya sumando en invierno. Yo ya he decidido que me llevaré mis ovillos de lana y mis agujas a las reuniones del Cuerpo de Estudiantes (sí, sí, el Student Body) y a World Today (el foro de debate de los viernes), para evitar tensiones innecesarias. Y si tuviera sentido llevármelo al cine, pues también lo haría, porque para las películas que ponen…

Meta, mi coaño alemana.

Ulrika, la maestra, con Meta.

Angie, una profesora de inglés, y Ashley, una voluntaria. Contamos además con la presencia de Maria, una voluntaria alemana, y Tory, mi segundo-año de Estados Unidos.

Mi obra.

Por la noche fui al Hoegh, donde tuvo lugar la celebración del Año Nuevo judío. Un grupo de estudiantes, que vienen de familias judías, organizaron una cena típica e invitaron a unas veinte personas para acercarnos a las tradiciones relacionadas con la fiesta. Primero disfrutamos de un auténtico banquete, empezando por unas pocas lágrimas de granada, para que hagamos tantas acciones buenas como semillas tiene la fruta, y manzanas untadas en miel, para que nuestro año sea igual de dulce y bueno. Continuamos con pescado, del que en realidad se come la cabeza, pastel de miel y pan hecho por ellos mismos. Todo estaba sencillamenre delicioso. Sólo nos faltó el vino, pero no está el patio como para hacer muchas bromas con eso. Una vez terminamos de comer, nos sentamos en un círculo y ofrecimos chocolate a aquellas personas a las que queríamos bendecir. Fue muy bonito: una persona cogía el plato y se sentaba delante de aquél al que estaba destinado el deseo, le contaba algo, le daba las gracias por un favor, le deseaba lo que quería desearle y le pasaba el plato para que a su vez escogiera una persona. Podríamos haber seguido bendiciéndonos los unos a los otros durante un buen rato, pero se nos acabó el chocolate.

Desde aquí un trozo de chocolate virtual, y feliz año 5771. ¡Shaná tová!

P.S.: Por cierto, estoy en clase de español. María Teresa se ha ido al dentista. Todos los latinos armando escándalo, discutiendo a ver quién pone la música y haciendo esas cosas que hacen los alumnos cuando no está la profesora. Estudiar responsablemente, claro. Eso es igual en todos los colegios, da igual si son del Mundo Unido o no. Y yo que había venido a pasarlo bien, escuchar salsa y demás… Mejor no digo nada, que esté donde esté, en este sitio siempre soy minoría.

Evolución de Lea a lo largo de la parte seria de la clase (informal). Serie tomada a traición por Rodrigo, mientras argumento con pasión sobre los temas comunes de La gallina degollada, A la deriva y Almohadón de plumas, de Quiroga. Si es que soy una alumna ejemplo: levanto la mano, intervengo, escucho y tomo notas.

sleep bomb, sleep bomb…

5 sep

Hoy no ha sido uno de los mejores días de la RCNUWC-Experience, y eso que ha sido un domingo. Véis, si es que al final va a resultar que los fines de semanas son malos. Aquí son un poco malos porque no se duerme lo suficiente. Ayer me fui a la cama tarde, no me acordé hasta el último momento de que hoy teníamos Advisor-trip, es decir, que nos fuimos todos los que tenemos el mismo tutor/Advisor de excursión a un lago no muy lejos de aquí. Lo que podrían haber sido unas bonitas horas al sol en un marco incomparable se convirtió en un auténtico rollo por mi dificultad en mantener los ojos abiertos. La falta de sueño produce un comportamiento anti-social, después de un baño en un lago noruego es imposible entrar en calor, el taco de deberes se distorsiona y parece el triple de grande, el Bachillerato en general crece hasta convertirse en una montaña de 12º grado, imposible de escalar, y nadie te quiere.

Mañanas de niebla…

Vamos, que no estaba del mejor humor y tenía que hacer deberes, así que encima cometí el terrible error de intentar estar con la gente y hacer deberes a la vez, cosa que con algunos “elegidos” funciona bien, con el resto de la gente, mal. Ya os podéis imaginar que en las próximas dos horas las pasé sin hacer ni lo uno, ni lo otro, atascada en mi análisis literario y odiando el mundo en general. Porque nosotros en España lo único que hacemos es sacar patatas de la tierra, hacer tortilla de patatas, comer tortilla de patatas, cantar flamenco y torturar toros, y un análisis literario como Dios manda no lo he hecho en la vida y mañana a primera hora tengo clase con María Teresa y vaya primera impresión voy a dar y a ver qué reflexión profunda me suelta.

Es que estoy en una edad muy difícil.

Bueno, mi salvación fue un encuentro en el Silent House (lo siento, pero la traducción suena demasiado tonta) sobre el significado del Ramadán, que me vació un poco la mente de mis pequeños problemas y me hizo pensar en otra cosa. Fue una experiencia muy interesante, no tanto por los pequeños matices que se añadieron a mi imagen del Islam como por la participación de diferentes personas que aportaron cada uno su punto de vista, a veces muy distintos entre sí. un claro ejemplo de que la religión puede ser después de todo flexible y abierta a interpretaciones personales… Después limpié el baño, lo cual me hizo sentir mucho mejor (sí, sí, alegráos en Puentetoma, cuando vuelva me podéis poner a fregar el váter) y después Karolina y yo nos fuimos al Hoeg a hacer nuestros deberes “de verdad”. He escrito seis páginas sobre un texto de medio folio, lo cual no quiere decir nada, pero por lo menos me hace sentir satisfecha conmigo misma. Así que aunque la vida sigue sin ser fácil por estos lares, ya me he recuperado del pequeño bajón, también gracias a las ingentes cantidades de chocolate que he devorado y al blog, que se está convirtiendo, como ya predijo Andrea, en una especie de terapia.

… tardes de paseo. Vista desde nuestro lugar de escalada.

Procedo pues a contaros lo que he estado haciendo estos dos días, que no ha sido poco.

El viernes probé la actividad extra-académica de escalada. Nos fuimos por dos horas a unas rocas no muy lejos del campus y nos dejaron probar algunas vías. Las rocas son diferentes a la caliza familiar de Recuevas, pero he hecho las dos vías que he intentado y me he acordado de Javi, mi “maeztro”.

Lo he disfrutado mucho y estaba firmemente convencida de que ésta iba a ser una de las actividades elegidas para este trimestre, cuando vi al volver un papel colgado en el tablón de la kantina que anunciaba una actividad de construcción de barcos. Concretamente, se trata de hacer una réplica de un barco tradicional del siglo XVIII con otros cinco estudiantes y la ayuda del especialista Ove Losngard. Como necesitaban a muy poca gente, no lo pensé mucho y me apunté. Me ha dado pena por la escalada, pero ya lo haré en otro trimestre. Ahora estoy emocionada ante la expectativa de ponerme a serrar, martillear, medir, pegar y crear un auténtico barco vikingo. Sólo espero que valga la pena y haya tomado la decisión correcta. La esclada la dejo para el semestre siguiente.

El viernes tuvimos también nuestro primer World Today. World Today es un foro de debate semanal que trata temas de actualidad y proporciona un espacio para discutir, argumentar, escuchar, informarse y aprender a debatir. Empieza siempre con una breve introducción al tema, presentada por el grupo que lleva el foro y después sigue un sistema estricto de intervenciones y réplicas. Está liderado por Angelika, mi segundo-año de Alemania y tiene lugar en el auditorio, lo que le da un aura de importancia. Esta semana se ha tratado la guerra de Afganistán, cómo esta se puede ver afectada por el descubrimiento de enormes reservas de minerales en territorio afgano y cuáles deberían ser las reacciones de las potencias involucradas. Yo fui sólamente para escuchar y me pareció muy interesante. Se quedó un poco atascado en el medio, dando vueltas y vueltas a lo mismo y de vez en cuando me pareció que se hacía demasiado personal, pero por lo demás fue estupendo.

Luego el club de cine proyectaba una película, como todos los viernes. Pero no parece que la calidad vaya en aumento, así que yo me decidí a formar parte de la resistencia y negarme a ver “Crepúsculo”, ni siquiera por su dudoso valor cómico. Sinceramente, me sorprende la selección de películas del club del colegio. Sin tener nada en contra de “Crepúsculo” y sus miles de millones de fans, creo que es una película que se puede ver perfectamente con unos amigos en una habitación mientras se usa el salón de actos para algo más provechoso. Pero en fin… Degusté los pancakes de mi compañero danés Oliver (aquí ya ha comenzado la fiebre por las cosas precocinadas y la pasta con sabores artificiales) y a las once me fui al café Snikkarbua, donde la tarta de queso estaba de nuevo exquisita.

¿Qué hace una medio alemana, medio española, de 47 kilos en la barra de un parque infantil?

El tonto.

Ayer por la mañana nos fuimos a Dale, a ver los bailes tradicionales de las Islas Faroe, que se presentaban en un evento cultural. Lo que nos encontramos fue un grupo de personas mayores bailando en círculo, cogidos de las manos, siempre un paso a la derecha y dos a la izquierda, mientras uno de ellos cantaba canciones. Nos unimos y nos lo pasamos bastante bien, aunque los latinos no se pudieron reprimir comentarios mordaces acerca de la pasión y la sensualidad nórdica. Pero a mí me gustó el baile por parejas que nos enseñaron al final. No era especialmente rápido ni complicado, pero parecía ser muy bonito si se hacía bien. A veces las insinuaciones sutiles, la elegancia y las miradas entre los dos bailarines me parecen más interesantes que “menear el bullarengue” todo el tiempo. Tengo una respuesta estándar preparada para cuando me recriminan mi “frialdad europea” y mi poco espíritu latino, y es que nosotros tenemos otro tipo de llama, que no es tan obvia pero que cuando finalmente arde, calienta tanto como cualquier fuego latino. En fin, de alguna manera hay que defenderse, y a mí los ojos azules y fríos del chico ruso me parecen tan atractivos como los verdes y cálidos de mi compañero de Costa Rica…

¿Y qué hace un costarricense de… ¿60 kilos? en la barra de un parque infantil?

Pues el tonto también.

Por la tarde estuvimos viendo “Friends”. Sí, ya véis que estoy llenando los imperdonables huecos en mi cultura general… He hecho una inusual cantidad de fotos de personas (Ben y yo somos los fans del detalle y de las “fotos de cosas”).

Así empezamos, y después de cuatro episodios estábamos despatarrados los unos encima de los otros. La vida del estudiante es dura, de vez en cuando es necesario distraerse un poco… De izquierda a derecha: Rafael de Venezuela, Rodrigo de Costa Rica, Samuel de Venezuela también, Mende de Bután y Karolina de Polonia.

Por la noche tuvimos el show de los segundos-años, que fue impresionante. Es increíble lo que un grupo de chicos de dieciocho, diecinueve años puede montar en dos semanas. Por un lado la parte técnica (el sonido, las luces, las mezclas, todo encajaba a la perfección) y por otro, las actuaciones: auténticos talentos en el baile, el canto, la comedia, el teatro… Desde una preciosa danza que hicieron el chico de Sri Lanka y la chica de Pakistán hasta un pequeño sketch sobre los “nuevos vikingos”. Desde el Waka Waka bailado con mucha gracia entre otros por Irene, mi segundo-año, hasta una canción de Tracy Chapman interpretada por Irina, de Nepal. Desde chicos desnudos hasta genios de la geografía… El público aplaudió hasta rabiar y encontró inspiración de sobra para nuestro show, que es en dos semanas y que tiene que ser todavía mejor, si es posible. Lamentablemente, mis fotos del evento no valen para nada. Astar lo tiene grabado en video, así que a ver si podemos publicarlo de alguna manera…

Como se puede ver, tampoco se está tan mal por aquí. Sólo hay que dormir de vez en cuando, así que ¡buenas noches!

fiesta

29 ago

La semana de introducción se ha acabado el viernes y el martes ya empiezan las clases “de verdad”. Aunque esto para la mayoría sigue siendo muy nuevo y desconocido y todavía no tenemos la sensación de estar en un colegio, el día a día comienza a insinuarse por debajo de las fiestas, discursos y presentaciones. A parte de que nuestros “segundos años” desaparecen varias horas al día en dirección laboratorios y aulas para trabajar en sus IAs, EEs y demás  asuntos oscuros, poco a poco empezamos a ver colgados en el tablón de noticias de la Kantina carteles de eventos semanales, encuentros de diferentes grupos, etc. Ayer, por ejemplo, fuimos a ver “El Príncipe de Persia” en el salón de actos, aportación del Club de Cine, que tiene lugar todos los viernes. No voy a hacer más que nombrar la película porque la verdad es que no se puede decir más de ella. Quiero decir, que es una película de verano, de aventuras, de actores más o menos atractivos y de argumento “indisoluble”. Todo eso se sabe desde que se ve el cartel, así que ninguno de nosotros esperaba más y por lo tanto tampoco nos decepcionó. Después nos fuimos todos al café que llevan los estudiantes en una pequeña caseta, Snikkarbua, donde la tarta de queso es excelente, los precios menos dolorosos y el ambiente muy interesante. Sobre todo el segundo piso es bonito. Está justo debajo del tejado, por lo que más vale agachar la cabeza y encontrar rápido un hueco donde sentarse. Todo es de madera y está iluminado por velas, por lo que la luz tiene un agradable tono naranja. Probamos la ya alabada tarta de queso y charlamos un rato, pero al ser el primer día del café, la cabaña estaba llena hasta arriba y nos fuimos después de un rato, cuando nos dimos cuenta de que casi no podíamos oír las voces de las personas sentadas al lado nuestro.

Ayer sí que tuvimos fiesta. Y es que cada sábado hay una en el “Hoeg”-Center, aunque normalmente no asiste mucha gente. Volvió a pasar lo mismo: era la primera del año y todo el mundo tenía aún energía, ganas de fiesta y el ánimo fresco. Era una fiesta “temática” por habitaciones: la mitad de la diversión fue encontrar un tema y hacer los disfraces. La habitación 104 de Denmark House se llenó pronto de hojas de helechos y de flores, el baño, de pintura negra y verde y las residentes, de todo junto. ¡Nos convertimos en auténticas amazonas!

Grrrr izquierda groaaarrr derecha: Melisa (Zimbabue), Yo, Natalia (Noruega), Anyuri (Panamá) y Sophie (Suecia).

La fiesta en sí también fue muy divertida. Podías ver a rusos  peleándose con americanos en una réplica de la guerra fría, a pitufos bailando con vampiros, piratas, mimos, hippies, hindúes, profetas, camas andantes, árboles, la banda Kiss, chicas de los 80 preparadas para la clase de aeróbic, ángeles y demonios, pikachu tirando aviones de papel amarillos contra sus enemigos, otros pokemon, sacerdotes atrevidos, ninjas, scouts, policías atractivos, mafiosos… Todos juntos y revueltos, todos bailando con todos, sobre todo una chica salvaje a la que hoy le duelen los pies que no veas, y que después de la fiesta saltó al fiordo, tal y como hicieron otras cincuenta personas (por lo menos). ¡Fue emocionante!

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