Ha ido casi demasiado rápido. Después de unas vacaciones de baños en el Cantábrico, excursiones, muchas galletitas y un pavo respetable, visitas, una sesión en la Filmoteca, algunas carreras en trineo y un muñeco de nieve, ya estoy de vuelta en Flekke. Llegué el domingo a las cuatro de la mañana, y al ver mi cama llena de cajas y un sillón, acepté con alegría el ofrecimiento de mi compañera de cuarto y me derrumbé en su cama. Hubo algunas visitas extrañas en mitad de la noche (que después resultó ser las nueve de la mañana) de otros recién llegados, que tuvieron que contentarse con un abrazo soñoliento, y sólo volví a caminar entre los mortales alrededor del mediodía. El trabajo de desempacar todas las cajas, maletas y armarios y volver a ponerlo todo en su sitio fue más rápido de lo esperado, y mientras sacaba mi lámpara naranja, estiraba mi manta encima de la cama y ordenaba mi extensa colección de tés en el estante, ya me comencé a sentir en casa otra vez. Fue una sensación un poco irreal cuando me di cuenta de que un par de horitas más tarde, ya estaba todo preparado para empezar el colegio y para mi supervivencia en Flekke. Vinieron distintas personas a visitarme e incluso me dio tiempo para una sesión de piscina caliente y sauna.
Ayer comenzaron las clases. La verdad es que tengo ganas de trabajar y he disfrutado volver al colegio propiamente dicho. ¡Menos mal, porque me espera un montón de trabajo! Lo que me ha costado un poco más, es acostumbrarme a estar otra vez alrededor de tanta gente en tan poco espacio. Me ha alegrado volver a ver a todos, pero después de pasar un mes de “detox” en el mundo real, se necesita un poco de tiempo para aceptar las peculiaridades en las relaciones humanas en esta burbuja. Pero bueno, me lo tomaré con tranquilidad y humor y me sentaré aquí a mirar el fiordo de vez en cuando, dar traguitos a mi coca cola, que quizá me dure hasta Semana Santa, mínimo.
Linton Kwesi Johnson
Ayer en clase de inglés comenzamos con el último libro del curso, Mi revalueshanary fren, del poeta jamaicano Linton Kwesi Johnson. Es absoutamente genial. Ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra y es el poeta negro más influyente del país (de acuerdo con la contraportada de mi libro). Escribe en criollo jamaicano, un idioma mezlca de los que se juntaron cuando los esclavos africanos llegaron a la América colonial. Tiene suficiente parecido con el inglés como para que podamos entenderlo sin muchos problemas, pero la gramática es más simple, las palabras se escriben tal y como se pronuncian (o como las escribiría yo si fueran palabras españolas) y la pronunciación me parece mucho más relajada y rítmica. Por ejemplo, el título de la colección de poemas que trabajaremos, “Mi amigo revolucionario”, en inglés estándar se escribiría “My revolutionary friend”.
Sus poemas pertenecen al género de “dub poetry”, es decir, que se escriben para ser recitados y acompañados por música reggae y tienen en general un contenido de protesta social o política. ¡Me encanta!
Aquí os dejo el primer poema que he leído de él y un vídeo de uno de sus conciertos, donde lo recita. El poema es una protesta contra la “Ley de vagos y maleantes”, una ley inglesa que permitía el arresto de personas basado solamente en su aspecto sospechoso. Es una carta que Sonny le escribe a su madre desde prisión, explicándole las circumstancias de su detención y la de su hermano pequeño. Cuenta que estaban esperando al autobús cuando un coche de policía se acercó y quisieron llevarse a su hermano por sospechoso. Ante la negativa de éste, le golpean y cuando Sonny sale en su defensa, mata a un policía en la refriega. dem charge Jim fi sus, dem charge mi fi murdah.
Sonny’s lettah
(Anti-Sus Poem)
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Brixtan Prison
Jebb Avenue
Landan south-west-two
Inglan
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Dear Mama,
Good Day.
I hope dat wen
deze few lines reach yu,
they may find yu in di bes af helt.
.
Mama,
I really dont know how fi tell yu dis,
cause I did mek a salim pramis
fi tek care a likkle Jim
an try mi bes fi look out fi him.
.
Mama, I really did try mi bes,
but nondiles
mi sarry fi tell yu seh
poor likkle Jim get arres.
.
It woz di miggle a di rush howah
wen evrybady jus a hosel and a bosel
fi goh home fi dem evenin showah;
mi an Jim stan-up
waitin pan a bus,
nat cauzin no fus,
wen all af a sudden
a police van pull-up.
.
Out jump tree policeman,
di hole a dem carryin batan.
Dem waak straight up to mi an Jim.
.
One a dem hol awn to Jim
seh him tekin him in;
Jim tell him fi let goh a him
far him noh dhu notn
an him naw teef,
nat even a butn.
Jim start to wriggle
di police start to giggle.
.
Mama,
mek I tell yu hwe dem dhu to Jim
Mama,
mek I tell yu whe dem dhu to him:
.
dem tump him in him belly
an it turn to jelly
dem lick him pan him back
an him rib get pap
dem lick him pan him hed
but it tuff like led
dem kick him in him seed
an it started to bleed
.
Mama,
I jus coudn stan-up deh
an noh dhu notn:
.
soh mi jook one in him eye
an him started to cry
mi tump one in him mout
an him started to shout
mi kick one pan him shin
an him started to spin
mi tump him pan him chin
an him drappan a bin
.
an crash
an ded.
.
Mama,
more policeman come dung
an beat mi to di grung;
dem charge Jim fi sus,
dem charge mi fi murdah.
.
Mama,
dont fret,
dont get depres
an doun-hearted.
Be af good courage
till I hear fram you.
.
I remain
your son,
Sonny.
Linton Kwesi Johnson
Para aquellos que quieran indagar más en las particuliaridades del criollo y compararlo con el inglés “normal”, aquí podéis encontrar una traducción del poema al inglés y, ya de paso, una traducción al español.
Primera semana de escarcha. Hasta la fecha, he conseguido salir airosa de caídas y deslices, así que aún estoy disfrutando de la belleza del invierno sin la influencia negativa de un moratón en la cadera o una espalda dolorida. Amanece con una niebla densa, en se ve poco más que unas auras naranjas que marcan la posición de las farolas. Desde los ventanales de la clase de español tengo una vista al fiordo impresionante, y cuando tengo allí el primer bloque, es gracioso ver las gaviotas planeando sobre el agua: parecen estar volando en la nada, en una especie de limbo gris e indefinido. Entre la “pausa de las galletas” después del primer bloque y la comida después del tercero, el sol poco a poco escala las montañas por el Este y cambia los tonos blancos de la orilla de enfrente a una gama verde y marrón más otoñal, mientras nosotros seguimos esperando en la sombra. A la hora de comer es nuestro turno por fin. Los últimos cúmulos de neblina que resistían sobre el fiordo se van levantando y la escarcha comienza a brillar y relampaguear sobre las hojas y ramas, el banco y el tejado de la kantina, que es el límite para el sol. Más allá de eso – tinieblas constantes.
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.La niebla, el frío y la escarcha me encantan, pero me recuerdan a un poema muy triste de Goethe, Der Erlkönig, El Rey de los Elfos (aunque una traducción más exacta, aunque quizá menos poética, sería El Rey de los Alisios), compuesto en 1782 como parte de la balada operística Die Fischerin (La Pescadora), en la que la protagonista canta la historia mientras trabaja. Trata de un padre y un hijo que viajan juntos a caballo en el frío y la oscuridad de la noche, y el hijo comienza a ver al rey de los elfos, quien le ofrece llevarlo a su reino, donde sus hijas lo están esperando y le arrullarán y cantarán y bailarán para él. El padre trata de clamarlo y convencerlo de que sólo es el sonido de las hojas secas, las siluetas que forma la niebla. Pero el poema se torna más y más oscuro y al final el rey de los elfos usa la fuerza y el hijo grita que ha sido herido. El padre acelera su caballo, pero cuando llega a casa, el hijo ya ha muerto en sus brazos.
La leyenda del rey de los elfos parece venir de la mitología danesa y fue traducida por primera vez por Johan Gottfried Herder en su colección de canciones populares Stimmen der Völker in Liedern, publicada en 1778. Aparentemente, la palabra “Erlkönig” surgió a partir de un error de traducción de la palabra danesa “elle” o “eller” (“elfo”) en “Ellekongen” o “Ellerkongen” (rey de los elfos), por “Erle” (“aliso”), en vez de “Elb” o “Elben”.
Esto nos lo explica el Diccionario Alemán de Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, que he encontrado de casualidad y me encanta. En lo que se refiere a cuentos y mitos, me imagino que habrá que creerles, ¿no?
ERLKÖNIG, m. s. erlenkönig. in HERDERS stimmen der völker (1778) wurde das dän. ellerkonge, ellekonge, d. i. elverkonge, elvekonge, also elbkönig, elbenkönig, beherscher der elbe (sp. 400) falsch übersetzt, was hernach auch GÖTHEN verführte. einen erlkönig gibt es in keiner sage.
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Deutsches Wörterbuch von Jacob Grimm und Wilhelm Grimm
Por cierto, para quien se esté preguntando, como me lo he estado preguntando yo hasta hace un segundo, qué es un aliso, es un tipo de árbol o arbusto que florece en racimos largos y delgados. En las leyendas danesas, el rey de los elfos se aparecía a aquellos que iban a morir y en su rostro se podía leer si la muerte iba a ser pacífica o violenta. El espíritu que presagia la muerte es una figura recurrente en diferentes culturas. En Irlanda, por ejemplo, son las banshees, mujeres del más allá que anuncian con gemidos la muerte de un pariente, mientras que en Asturias el sonido que hace la llavandera al golpear la ropa es el indicio de un fallecimiento.
Se dice que la inspiración para este poema le vino a Goethe durante su estancia en Jena, una ciudad en el estado alemán de Turingia, cuando una noche vio una figura lejana cabalgando a toda prisa hacia la ciudad. Recibió noticia de que se trataba de un padre del cercano pueblo de Kuniz que llevaba a su hijo enfermo a los médicos en la universidad de la ciudad. En el siglo diecinueve se erigió en Jena un monumento en honor del poema y su autor. Es una estatua representando al rey de los elfos, situada entre los barrios de Kuniz y Wenigenjena, en un lugar donde es frecuente la niebla que describe el poema…
Después de esta pequeña investigación, os dejo el poema en alemán, en español y en inglés. En inglés especialmente porque Wiktoria y yo queremos recitarlo en el poetry slam de la semana que viene. ¿Os parece que suena lo suficientemente bien?
Der Erlenkönig
Wer reitet so spät durch Nacht und Wind? Es ist der Vater mit seinem Kind; Er hat den Knaben wohl in dem Arm, Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.
“Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht?” “Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht? Den Erlenkönig mit Kron und Schweif?” “Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif.”
“Du liebes Kind, komm, geh mit mir! Gar schöne Spiele spiel’ ich mit dir; Manch’ bunte Blumen sind an dem Strand, Meine Mutter hat manch gülden Gewand.”
“Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht, Was Erlenkönig mir leise verspricht?” “Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind; In dürren Blättern säuselt der Wind.”
“Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn? Meine Töchter sollen dich warten schön; Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn, Und wiegen und tanzen und singen dich ein.”
“Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort Erlkönigs Töchter am düstern Ort?” “Mein Sohn, mein Sohn, ich seh es genau: Es scheinen die alten Weiden so grau.”
“Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt; Und bist du nicht willig, so brauch ich Gewalt.” “Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an! Erlkönig hat mir ein Leids getan!”
Dem Vater grauset’s, er reitet geschwind, Er hält in Armen das ächzende Kind, Erreicht den Hof mit Müh’ und Not; In seinen Armen das Kind war tot.
El rey de los elfos
¿Quién cabalga tan tarde a través de noche y viento? Es un padre llevando a su hijo pequeño; sujeta al niño delante de sí con sus brazos, lo asa firme, lo mantiene cálido cálido.
«Hijo mío, ¿por qué ocultas tu rostro con miedo?» «¿Es que no ves tú, padre, al rey de los elfos, al rey de los elfos, con corona y con séquito?» «Hijo mío, es la niebla, reptando entre abetos.»
«¡Oh, tú, niño amado, ven, ven conmigo!; jugaré muchos juegos hermosos contigo; hay coloridas flores en mis prados; mi madre te dará atavíos dorados.»
«¿Y no puedes tú oír, oh padre mío, lo que el rey de los elfos promete a mi oído?» «Niño mío, cálmate ya, tranquilizarte procura: es el viento, que entre las hojas susurra.»
«¿Me seguirás, dulce niño, a mi hermoso bosque? Mis hijas te aguardan con grandes honores; ellas conducirán el séquito nocturno cantarán, danzarán y te arrullarán hasta el sueño.»
«¿Y no puedes tú ver, oh padre mío, a las hijas del rey elfo, en el paraje sombrío?» «Mi pequeño, lo veo todo muy claro: son viejos sauces que se mecen, grisáceos.»
«Te amo, me cautiva tu figura tan bella; si no vienes por gusto, te llevaré por la fuerza.» «¡Padre mío, padre mío, ahora me está agarrando! ¡El rey de los elfos me está haciendo daño!»
El padre se estremece, cabalgando sigue, con sus brazos aferra a su hijo, que gime; llega al palacio, con pesar y fatiga, entre sus brazos encuentra a su hijo sin vida.
The Fairy King
Who’s he that doth travel the woods late by night? It is the father, his son by his side. A-holding the little boy all in his arm, he’s wrapped him up tightly, he’s keeping him warm.
»My son, pray tell me, what frightens you so?« »Beholdst thou not, father, the Fairy King’s glow? With his crown made of fire, his shimmering frock?« »My son, this is naught but a phantom of fog.«
My lovely child, come follow me! Most pleasant games I’ll play with thee. The flowers are bright where the river runs down, my mother’s got many a glistening gown.
»My father, my father, pray canst thou not hear, the Fairy King’s promises, soft in my ear?« »O don’t be afraid, little stupid, be calm! ‘Tis naught but the wind that is shaking the elm.«
Willst thou, fairest manchild, not come and be mine? My daughters will dress you in satin so fine. At night, when my daughters are leading the ball there’s laughter and singing and joy in my hall.
»O father, my father, pray canst thou not see, the Fairy King’s daughters are smiling at me?« »My boy, little boy, I can tell you quite sure, ’tis naught but the willows that wave by the moor.«
I love your fair features, your grace I behold, and if you’re not willing, you’ll never grow old. »My father, my father, he’s touching my arm! The Fairy King’s holding me, doing me harm!«
The father a-shudders, he speeds like the wind, a-clutching his son, never looking behind, he reaches his home at his horse’s last breath - but the face of his son now is shadowed by death.
Johann Wolfgan von Goethe
Para descansar los ojos, os dejo dos composiciones bastante distintas. La primera es una adaptación del poema de Franz Schubert y la segunda es una canción del grupo alemán Rammstein, en la que cambian la leyenda del rey de los elfos a la de un rey de los vientos que se le aparece a un niño que está volando en un avión. El título de la canción, Dalai Lama, hace referencia a la aerofobia o miedo a volar del que sufre el dalai lama…
A principios de octubre llevamos más de mes y medio de clases. Eso significa que ya nos conocemos, hemos entrado en la rutina dentro de los cuartos y las casas, nos hemos acostumbrado a la convivencia, a nuestras clases, a un ritmo de trabajo, cada uno el suyo… Se han acabado las primeras semanas en las que todo el mundo es increíblemente interesante y simpático (o por lo menos más increíblemente interesante y simpático de lo normal), el trabajo comienza a amontonarse, escasean los días de buen tiempo y el campus parece hacerse más y más pequeño hasta que nos empezamos a revolver incómodos como bestias enjauladas hartas de estar sentadas una encima de la otra, lanzándonos de vez en cuando un mordisco. Un espectáculo nada bonito.
Una nube en llamas. ¡De las que se comen, claro!
Vale, ahora mismo tengo en la cabeza la imagen de cinco hienas metidas en una jaula de cinco metros cuadrados, mordiéndose y arañándose las unas a las otras, así que quizá lo he exagerado un poco. Pero es cierto que la PBL de octubre llega como agua de mayo (toma ya refranero español, lo he buscado en google antes para asegurarme, eso sí). Las PBLs o Project Based Learning Weeks son semanas en las que en vez de ir a clase, participamos en distintos proyectos. La oferta es muy variada: tres días de yoga para los que quieran relajarse en el campus, un taller de cuentacuentos (ese grupo luego hizo un espectáculo muy bonito con cuentos de todo el mundo), seminarios sobre resolución de conflictos, mediación, entendimiento intercultural; simulaciones de las Naciones Unidas u otros juegos de rol para los apasionados de la diplomacia y el debate, una excursión a una granja o a un criadero de caballos para los interesados en la agricultura y el trabajo en el campo, y por último están las más orientadas al deporte y al ejercicio físico, que son mis favoritas. Por un lado, porque durante el resto del semestre no hago tanto deporte como me gustaría y estos últimos años me he aficionado más y más a algunos deportes al aire libre; y por otro lado, porque es una oportunidad de irme unos días del campus y no pensar en otra cosa que clavar los crampones bien en el hielo, o, como fue el caso este año, encontrar el siguiente agarre en la roca y no dejarme arrastrar por las olas.
La vista desde el acantilado que escalamos…
… y la playa desde la que nos lanzamos a las olas enfurecidas.
Este año, me fui cuatro días a escalar y surfear con el profesor de Física, Chris Hamper, y otros cinco compañeros: Andris (Latvia), Ingrid y Olve (Noruega), Fidel (Chile) y Jonah (Canadá). Salimos el lunes poco antes de mediodía, después de cargar la camioneta con tablas de surf, trajes de neopreno, cascos y arneses, cuerdas y pies de gato, agua y comida, ojeando con emoción las latas de chocolate en polvo y las bolsas de salsa de tacos pre-cocinada. Nos dirigíamos al norte: primero pasaríamos dos días y dos noches cerca de Stryn, una pequeña ciudad donde también nos quedamos durante nuestra semana de esquí el invierno pasado, durmiendo al aire debajo de un acantilado que escalaríamos durante el día, y después continuaríamos hasta Vestkap, uno de los mejores lugares para hacer surf, y nos quedaríamos en una pequeña casa rural.
Fueron unos días maravillosos, tan llenos de momentos divertidos, “koselig”, intensos, satisfactorios, tantos paisajes preciosos, tanto viento y buena comida, que no sé por dónde empezar…
No fueron más que cinco segundo se sol, en serio, y hacía un frío que pelaba, pero me imagino que había que aprovechar.
Ingrid estimulando sus ideas.
El sitio donde estuvimos escalando me encantó. Había que subir una cuestecilla entre árboles y arbustos para llegar al acantilado, lo que daba una sensación de protección y de distancia a la carretera que se agradeció sobre todo al dormir, pero las ramas no nos quitaban la vista al fiordo y a las montañas de la orilla de enfrente, y cuando subíamos por la roca, podíamos darnos la vuelta de vez en cuando y observar al granjero que vivía justo al otro lado de la carretera conducir su pequeño tractor por los campos de cultivo. Tuvimos algunos momentos de sol y poca lluvia, lo que hizo nuestra estadía aún más agradable. Disfruté muchísimo volver a escalar algo que no fueran las pequeñas paredes equipadas con presas que tenemos en el colegio, y fue interesante probar otro tipo de roca. En Recuevas y en Gama, que es a lo que estoy acostumbrada, los agarres son más pequeños y se trata de colocar bien los pies, pegarse a la roca, encontrar el equilibrio… Este acantilado tenía grandes salientes y grietas, muy buenos agarres, pero a la vez muchas tripas que superar. Tenía que usar más la fuerza y no era tan fluido, ya que hacía grandes esfuerzos y una vez superado el paso, descansaba un momento los brazos. Era otra forma de considerar una vía de escalada. Si tuviera que elegir, creo que prefiero las vías en las que el esfuerzo es constante, donde puedes encadenar y subir muchos metros sin parar, pero este acantilado también me gustó un montón – era más alto que la mayoría de las paredes que he escalado hasta ahora, y de algunos pasos estoy bastante orgullosa, especialmente del momento en el que superé un saliente de esos que hace medio año miraba y pensaba “eso tiene que ser imposible”. Intenté subirla varias veces sin conseguirlo, ya cansada de otras subidas, pero no quería bajar sin intentarlo. Estaba cada vez más frustrada, hasta el punto de morderme el labio y hacerme sangre (jo, que orgullosa estoy de mí misma…), pero después de no-sé-cuántos intentos, simplemente me dije “bueno, ahora lo haces”, y “ataqué la roca” casi literalmente con uñas y dientes. Pegué un grito y estaba arriba – casi se me saltaron las lágrimas de alegría y orgullo. No porque pensara que el paso fuera muy difícil para un escalador, probablemente cualquiera con un poco más de fuerza en los brazos lo haría con relativa facilidad, sino porque sentí que realmente me había superado a mí misma.
¡Buenos días! – Lo primero que vimos después de una noche emocionante.
Ohhh…
¡qué alto!
Yuhuuuu
Anochecía ya bastante pronto, y alrededor de las seis empezábamos a preparar la cena. Había que bajar a la furgoneta y decidir qué paquete sacrificar de la caja de víveres, encender el fuego y cocinar lo que sea que habíamos elegido sobre una parrilla improvisada. Fueron perritos calientes y hamburguesas que devorábamos con hambre después de sobrevivir el día sólo con agua y bocadillos de queso. Bajábamos todos los días al centro comercial de Stryn, donde usábamos el baño, y en uno de esos viajes aprovechamos para comprar cebolla frita, ketchup y mostaza, así que los perritos calientes no estaban nada mal. De postre tuvimos también nubes semiderretidas y tostadas sobre el fuego – una delicia. Todo sabe el doble de bien si se come al aire libre, alrededor de un fuego, satisfecha con el día y contigo mismo, y en buena compañía… Nos íbamos a la cama bastante pronto. Total, no había nada más que hacer, y se estaba más calentito en el saco de dormir que fuera de él. El acantilado cubría lo justo para que no nos mojáramos con la lluvia, pero nos dejaba ver las estrellas cuando no estaba nublado, y así nos quedábamos mirando hacia arriba y hablando en susurros hasta dormirnos. Dormí genial, a mí me encanta lo de dormir fuera y despertarme sin alarma, con la luz y los sonidos de la mañana, aunque tengo que reconocer que la primera noche fue bastante emocionante. Justo cuando me estaba durmiendo, comenzó de repente un viento muy fuerte que revolvía la arena sobre la que dormíamos y arrastró las brasas que quedaban en e fuego, que comenzaron a volar alrededor de nosotros. Cuando nos levantamos a tratar de apagarlas, las colchonetas salieron volando. Al final sólo nos movimos un poco más hacia la pared del acantilado, nos apretujamos sobre las colchonetas que nos quedaban y lo dejamos todo para la mañana siguiente. Encontramos una colchoneta en un arbusto, una bolsa en un árbol un poco más allá y no perdimos nada importante, por suerte.
SOL
Paisaje rural desde arriba.
El miércoles por la mañana volvimos a meter todo en la furgoneta y emprendimos el viaje al Vestkapp. El viaje no se me hizo largo. El paisaje noruego es precioso, y disfruté del viento – en Flekke casi nunca hace viento. Además nos acompañaba Radio Norge, una emisora de radio que pone sólo clásicos: Bob Marley, Bob Dylan, Metallica, Guns’n'Roses, Pink Floyd, The Hooters… Bastante épico.
Un poco de nuestra banda sonora…
La cabaña en la que nos quedamos era encantadora. Desde ella se podía ver las montañas y un lago, tenía dos habitaciones, baño, un espacio diáfano que servía de cocina, comedor y sala de estar a la vez, con sofá y una televisión que ignoramos todos, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Desde ese espacio se subía una escalera in tanto inestable para llegar a una especie de balcón interior, directamente debajo del tejado, con otras cuatro colchonetas. Por supuesto, subí mi mochila enseguida y la puse con decisión sobre una de las colchonetas – no quería dormir en ningún otro sitio que no fuera ése. Me dormía con el sonido de la lluvia golpeando el tejado y a veces me despertaba por la noche porque el viento se había hecho más fuerte, y entonces cerraba la ventana y me quedaba escuchando…
Un cementerio precioso, aunque situado en un lugar un tanto macabro, justo encima de una de las playas de surf.
Durante la segunda mitad de la semana, el tiempo no acompañó tanto. Llovía, hacía mucho viento y las olas eran bastante fuertes y de alguna forma desordenadas. Era impresionante verlo, pero para hacer surf no eran las mejores condiciones, sobre todo para principiantes. Nos metimos en el agua el miércoles por la tarde y el jueves por la mañana (qué tortura ponerse el equipo, la camiseta interior, el traje de neopreno, botas y guantes y una capucha, especialmente cuando está mojado). No conseguí levantarme sobre la tabla más que unos segundos, pero la sensación cuando pillas bien la ola y sientes el tirón debajo de ti es genial, como si estuvieras volando, aunque estés tumbado o de rodillas. Una vez salí demasiado, y me vi atrapada en las olas. Venían tan seguidas que no tenía tiempo para pillar una y dejar que me arrastrara a la playa, y lo que avanzaba remando con los brazos lo retrocedía con la corriente. Al final logré llegar a la playa, usando toda la fuerza disponible, pero pasé bastante miedo.
Esta es la carretera que teníamos que bajar y subir cada vez que íbamos a surfear. ¿Quizá el cementerio era más por esto que por el surf en sí?
Volvíamos a la casa completamente exhaustos. Por suerte a Chris le gusta cocinar, y lo hacía tan rápido y bien y rechazando toda ayuda que era casi imposible echarle una mano. Acabábamos el día acurrucados en el sofá, leyendo Siddharta unos, un libro de economía el otro y mi colección de cuentos noruegos yo. La cena estaba deliciosa, y después casi no me podía mover, disfrutando de esa combinación maravillosa de cansancio físico, una ducha caliente, el estómago lleno y un cojín mullido en la espalda. Madre mía, la vida es un continuo sufrimiento, ¿eh?
El jueves por la tarde fuimos a la playa a echar un vistazo, y la visión de las olas rompiendo en la playa y el recuerdo de la sensación del neopreno mojado nos disuadió de volver a meternos en el agua. Pero como habíamos pasado algunas horas dormitando en la casa después de almorzar, no me apetecía volver enseguida, y decidí caminar los tres kilómetros de vuelta a la casa en vez de ir en coche. Se sumó primero Andris y acabó con Chris conduciendo solo…
Vestkapp
Realmente se notaba que estábamos más al norte que en Flekke. Las montañas no estaban cubiertas de árboles como lo están aquí, sino sólo de hierba y algunos arbustos desperdigados, y el paisaje parecía más expuesto, de alguna manera desgastado por el viento. Decenas de torrentes bajaban las montañas para desembocar en el fiordo a un lado o al otro y asemejaban venas o líneas dibujadas con tinta. No había muchas casas y la mayoría eran pequeñas, de una planta y se mimetizaban con los colores oscuros, viejos en los que estaba pintada la madera. Daban la impresión de agacharse para estar lo más cerca del suelo posible y evitar el empuje del viento. Creo que incluso las ovejas increíblemente lanudas que pastaban por todos los lados hacían lo mismo. Me gustó mucho la sensación de despejado en el mirador en el que paramos para “evaluar la situación”, la humildad de las casas, la gama simple de colores: el blanco de las ovejas, el verde de la hierba, el gris del fiordo, las nubes y la carretera, y los tonos oscuros de las casas. Por supuesto, nos llovió, y llegamos empapados, aunque contentos.
Me tocó un grupo muy bueno: no conocía muy bien a ninguno de los primeros años, y Andris, el único segundo año que vino, es la mezcla perfecta de alguien con el que no paso mucho tiempo pero que me es familiar: fuimos a Ridderrennet juntos, estamos en las mismas clases de Biología e Historia… Me cae bien y nos conocemos lo suficiente como para que no sea incómodo ni tengamos que hablar todo el tiempo. Me di cuenta más tarde de que fuimos nosotros los que cortamos la leña para el fuego, los que subíamos y bajábamos la comida los días que pasamos en el acantilado… Creo que nos era más fácil trabajar en equipo por el hecho de haber pasado un año en el mismo sitio, trabajando de forma parecida. En resumen, tenía el espacio que necesitaba después de mes y medio de burbuja, y al mismo tiempo alguien con quien podía contar. También nos lo pasamos muy bien con Chris. Es uno de los profesores que prefiere mantener distancia con el campus y no saberlo todo acerca de nosotros, pero al mismo tiempo nos entiende bastante bien. Tiene un humor sarcástico y nuestras conversaciones sobre las leyes de la física, los agujeros negros, la seguridad social noruega y el sistema de bienestar durante la cena fueron muy interesantes y en ocasiones, cuando derivaban hacia gatos que brillan en la oscuridad y memorias de cuando nuestro colegio era mucho más relajado en cuanto a reglas, nos dolía la tripa no sólo de mantener la tensión sobre la tabla de surf, sino también de los puntuales ataques de risa.
Nosotros (de izquierda a derecha: Olve, yo, Ingrid, Chris, Andris, Jonah y Fidel) por delante…
… y por detrás.
El semestre que viene tenemos dos PBLs, que los primeros años ocuparán con el curso intensivo de primeros auxilios y el Modelo de las Naciones Unidas. Durante la primera, yo estaré impartiendo el curso, ya que soy parte del grupo de primeros auxilios del colegio, y en la segunda me he apuntado para ayudar con la logística (hacer de guarda jurado, mensajero, etc.), ya que me apetece observar la simulación desde fuera y, a decir verdad, ver cómo se desenvuelven mis primeros años… Así que mis PBLs “de verdad” se han acabado. He tenido una suerte tremenda, conseguí mi primera opción en ambas y fueron experiencias increíbles, dos de las mejores semanas de estos dos años. El año pasado fue la expedición al glaciar y esta vez, una semana de escalada y surf, y aunque fueron dos excursiones muy distintas, en las dos aprendí mucho y las disfruté al máximo. Me alegro de estar segura de eso, porque ahora que estoy en la segunda mitad de mis dos años y me asalta a veces una sensación casi de despedida o de final, sé que no tengo una segunda oportunidad para mejorar o corregir… Esto es lo que hay, y estoy satisfecha con lo que he hecho.
Hoy es domingo. Ayer volvieron casi todos los viajantes. Gray me trajo chocolate Ritter Sport de Berlín; Mette, Mia y Kris tenían algunas buenas historias que contarme de Praga… Quien ha venido también es el invierno, con su habilidad de helarme la nariz en los dos minutos que tardo de la kantina a Denmark House y su manía de convertir las cuestas del campus en toboganes mortales, casi imposibles de superar. Con la primera helada nos damos cuenta de que todos los años empezamos de cero el apredizaje de mantener el equilibrio sobre él. Mañana comienzan las clases, y no tengo nada de ganas. Pero bueno, hoy Wiktoria y yo nos hemos dado cuenta de que teníamos que abrir cuatro puertecitas del calendario de adviento porque se nos ha pasado la fecha, y sólo quedan tres semanas y media para las vacaciones, endulzadas por el trozo de chocolate que nos toca cada mañana…
*P.S.: Algunas fotos son de Andris e Ingrid – ¡Muchas gracias!
Hace ya casi tres semanas tuvimos European Day en el colegio. Es uno de los “días culturales”; los otros tres son African Day, Asia and Pacific Day, y Las Américas Day. Son días en los que los estudiantes de los países incluidos tienen la oportunidad de mostrar a los demás su cultura, el lugar con el que se sienten identificados, de contarnos lo que consideran importante, interesante, divertido o fascinante de la sociedad de la que vienen y de alguna forma, explicar por qué ellos mismos son como son, y se comportan como lo hacen. Hay un día cultural al semestre, de forma que a lo largo de los dos años que pasamos aquí, cubrimos todos los países y cada persona tiene la oportunidad de representar el suyo.
Solemos seguir siempre un esquema bastante parecido, con una sorpresa para despertar a la gente y empezar bien el día, un bazar con un puesto para cada país, en el que se muestran fotos, presentaciones, instrumentos de música, folletos turísticos, libros, un aperitivo… En la cena se sirven platos típicos del continente en cuestión y después viene el show, lo más esperado del día, con bailes, canciones, sketches y todo tipo de actos y “performancias”.
La intro a nuestro European Show – Fannie, Alma y Fann con su cabaret
Para mí fue una experiencia muy interesante, ya que representé a España y a Alemania a la vez, aunque de forma muy distinta… Quizá debería explicar para aquellos lectores que me conocen menos, que a pesar de haber vivido siempre en España, me siento muy alemana. Cuando me presento, sobretodo aquí, donde el país es la coletilla que se le añade al nombre, digo que soy “mitad-mitad”, y a veces me molesta el un poco comentario crítico de “pero tú has vivido toda tu vida en España, ¿no? ¿Y en tu pasaporte dice que eres española?”, porque para mí todos los libros que me leyó mi madre durante mi infancia, desde Robin Hood hasta el Rey Arturo, pasando por todas las Aventuras de los Cinco de Enid Blyton; las galletas de Navidad, calendarios de adviento y cartas del Christkind; las páginas que escribía refunfuñando, montando bronca y a duras penas todos los días en mi cuaderno de alemán; el conejo de pascua, que encuentra el camino a nuestra casa todos los años, sin importar que tuviera que esquivar los coches y autobuses de la Avenida de los Toreros o se le helaran los pies en la nieve de Puentetoma; los veranos que pasé en Ennepetal, visitando a Oma Herta; todos los libros, canciones, películas, bromas; nuestro grupo de alemanes aquí en RCN… No sé, es mucho más que un pasaporte o un país en el documento de identidad. Es algo que creo que la gente entiende cuando me pregunta, y siento que es algo que yo y las demás personas aquí que son “mezclas”, que no hay pocas, aportamos a esta burbuja de descubrimientos y nuevos puntos de vista.
Priit y Marit, de Estonia, con un ritual pagano – algo completamente nuevo. Me recordó un poco a una coreografía de Pina Bausch que vi una vez en youtube. La voy a colgar aquí, aprovechando… De show en show…
También soy consciente de que tengo una imagen bastante idealizada de Alemania. Al fin y al cabo, las únicas impresiones que tengo del país son las vacaciones libres de preocupaciones en casa de mi abuela, con autobuses que siempre llegan puntuales y helado con sabor a chicle, y sus paquetes llenos de ingredientes para galletas que llegaban unas semanas antes de Navidad, mientras que de España conozco también los aspectos negativos. Me sigo sintiendo española, por supuesto, pero cuando se trata de patriotismo en el sentido más típico de la palabra, me cuesta incluso más en el caso de España que en el caso de Alemania.
A lo que iba. Comenzamos el día con un desayuno en el salón de nuestra casa, con chocolate caliente y panecillos, y cuando entramos en la kantina al mediodía, pudimos admirar el trabajo del comité de logística – cadenas de banderas colgaban de una esquina a la otra de la sala, las paredes estaban decoradas con las siluetas de edificios famosos de Europa, y las mesas estaban dispuestas en forma de avión. Nuestro leitfaden era la idea del Eurotrip, del viaje por Europa que hacen tantos estudiantes de nuestro colegio durante las vacaciones.
Yo me encargué del puesto español en el bazar, ya que mi primer año no pudo estar ese fin de semana. No tuve mucho tiempo para prepararlo, pero mi tercer año me había dejado castañuelas, una baraja española y algunas otras cosas, y yo tenía mi abanico. Alberto me dejó su traje regional andaluz, con la faja roja y el sombrero negro, y como no tenía otra cosa más española que ponerme, decidí llevarlo. En conjunto me di cuenta de que la España que estaba representando no tenía mucho que ver con la España de la que realmente me siento parte. Además, como es natural, la gente un sábado por la tarde viene a curiosear, a echar un vistazo, y estaban más interesados en mis bocaditos de pan tostado con aceite de oliva y jamón serrano (que, hay que reconocerlo, estaban para chuparse los dedos) que en mis descripciones de Madrid o las fotos de Puentetoma con medio metro de nieve. Así que ahí estaba yo, con pinta de torera, enseñando a tocar las castañuelas, y la gota que colmó el vaso fue cuando Mais, de Jordania, me preguntó cómo se decía algo en español, y la palabra comenzaba por r, y me salió el acento alemán con especial fuerza. Me sentí una española un poco fracasada, una representante bastante mediocre…
Nuestros muchachos noruegos. En el orden final: Eivind, Olve, Halfdan, Henrik, Fredrick y Andreas.
Menos mal que la parte alemana fue mejor, desde las cervezas sin alcohol que compartimos Meta, Mia, Raphael y yo acompañando a lo que quedó de mi paquete de lomo ibérico. La cena europea quedó bastante deslucida, más que nada por los recortes de presupuesto que ha habido este semestre. En mi opinión, fue bastante injusto que se aplicaran también a nuestra cena, que no se pudo comparar con la cena africana o la asiática del año pasado.
Por fin, el show. Fue muy, muy bueno, en eso estuvieron de acuerdo varios profesores, que son la fuente más fiable, ya que lo pueden comparar con otros shows europeos. Casi todos los países estaban representados, y aunque fue bastante larga, no se hizo aburrida. Desde cabaret hasta un ritual de Estonia; desde una canción irlandesa que trataba de convencernos acerca de las ventajas de un caballo sobre cualquier tipo de coche hasta una canción y un baile tradicional del este de Europa muy simples de ritmos y movimientos, pero que creaban un efecto precioso cuando se combinaban y alternaban las voces de los distintos grupos, juntándose y separándose; desde un encantados sketch noruego, que, cómo no, fue muy, muy “koselig”, hasta nuestra increíble “performancia” alemana…
Tuvimos miedo desde el principio a que nuestro show se hiciera aburrido. Una de las desventajas del hecho de que la cultura occidental se haya expandido tanto (nótese el elegante eufemismo que evita el término “colonizado”) es que es difícil mostrar algo nuevo. Sin embargo, quiero pensar que logramos sorprender a nuestro público al menos tanto como nos sorprendimos nosotros de nuestra propia variedad…
El número alemán lo creamos a partir de una canción que circuló por el colegio estos meses, sobre un tipo que realmente no quiere irse de la discoteca, sin importar que sea una chica la que intente llevárselo a casa, o el guardia de seguridad trate de echarle, y simplemente quiere seguir bailando, y un baile tradicional del sur de Alemania. Así que combinamos la vida nocturna de Berlín con la fiesta tradicional de las montañas bávaras, y el resultado fue bastante gracioso. El caso es que nos lo pasamos muy, muy bien pintando, practicando, golpeándonos los muslos y probando el efecto de distintos bikinis (por cierto, ¡la del bikini soy yo!). Este año, el grupo “germano-parlante”, como nos obliga a llamarlo Raphael, de Suiza, es genial. Os dejo con los vídeos de la canción original, del baile en el que se inspiró nuestra coreografía y del resultado de la combinación. Al igual que los otros vídeos, los grabó Naomi, de Hong Kong… ¡Muchas gracias!
Nein Mann – Laserkraft 3D
Los mozos de Kohlrösl-Buam Gilschtal “schuhplattlereando”"
Nein mann… Integrantes: Ben, Raphael y una servidora “luminosos” y Meta, Mia, Max, Josy y Raphael de nuevo, dándolo todo en el Schuplattler.
Me he dado cuenta de que los vídeos no hacen mucha justicia a los números. En el momento, fue mucho más emocionante – ¡al menos esaimpresión tuve con los demás!
DH203
Las vacaciones van bien. No estoy trabajando tanto como había planeado en un principio, pero bueno… El martes volvió Wiktoria, mi compañera de habitación, de pasar unos días con su familia, y trajo un montón de decoraciones navideñas, unas pegatinas de pájaros de estilo japonés y un ambientador de vainilla, además de calendarios de adviento para todas. Ahora vivo en una habitación que parece la tela de una araña ligeramente drogada por el consumo descontrolado de galletas navideñas, con una cadena de luces que va de una esquina a la otra, dando dos vueltas a la lámpara central. Y cuando entras en el baño, casi puedes oír las cataratas de Japón y el piar de los ruiseñores, mientras tienes a la vez la sensación de flotar en pudin de vainilla. Por el ambientador, se entiende. Es precioso, porque cuando las luces se reflejan en mi ventana, parece que los árboles de fuera estén decorados. Así al menos nos alegra un poco el anochecer, que llega ya a las cuatro y media. En cuanto a los calendarios de adviento, hemos decidido que nuestra cuenta atrás será a la cena de Navidad. Eso significa que empezaremos a abrir puertecitas casi como que ya… Algunos envidiosos se burlan, pero ya sabéis, ándeme yo caliente (léase “iluminado”), y ríase la gente. Nunca es demasiado pronto para estas cosas.
Ya que estamos musicales, aquí la banda sonora de nuestra acción de decoración. Prueba cantar esto subida en una silla montada en una mesa, son un martillo en una mano y una chincheta en la otra, tratando de hacer una estrella gigante encima de la puerta del baño…
Aparte de convertir nuestra habitación en una fábrica de espíritu navideño, también hemos tenido nuestros propios festivales de cine individuales, que en mi caso ha consistido de una revisión de Star Wars con Rodrigo, para la que he hecho palomitas de verdad, de esas que salen del maíz y no de una bolsa marrón que se mete en el microondas. También nos comimos medio fuet y varios bollos de canela. Un festín, vamos. Ayer vi Boondock Saints con Wiktoria, Álvaro y Alonso, una mezcla muy buena entre humor, violencia y amistad, con la mafia rusa, dos hermanos irlandeses y un forense apasionado de la música clásica de moral un tanto peculiar. Muy buena. También han caído dos películas alemanas: Hace un año en invierno, de Caroline Link, una película preciosa sobre la pérdida, el arte y las relaciones entre los miembros de una familia, y Querido muro, una comedia romántica que tiene lugar a ambos lados del muro de Berlín. Un poco típica y superficial, pero entretenida. Oh, y el martes tuvimos una noche de Bollywood en nuestro cuarto. Cocinamos una olla enorme de arroz (¿soy la única que siempre calcula mal con el arroz?) con curry y pimientos y vimos una película escogida por Sangita, de Nepal, experta en este tema.
El fin de semana que viene será menos fiesta, y más trabajar.
Último video, ¿vale? Pero encontré esto buscando la canción anterior, y no pude resistirme. Vaya madre más atrevida…
¡Vacaciones de noviembre! Esa semana sin clase para la que ya estábamos contando los días hace un mes. Desde el jueves se han ido yendo los distintos grupos, mañana se va el resto: el de Praga, los que se van a Berlín, de los que me he despedido con un poco más de envidia (de la buena, por supuesta), los nórdicos, de los que la mayoría se va cada uno a su casita… Las comidas son mucho menos ruidosas, el campus está más vacío y no es tan difícil pillar una lavadora libre en Uncle Tom’s Cabin. La verdad es que cambia todo el ritmo del colegio, sobretodo durante el fin de semana, los dos primeros días de las vacaciones. La piscina está llena de gente, se usan más las cocinas de las casas para hacer bollos de canela y calentar pizzas y cuando bajo al pasillo de Denmark House, parece que Dios acaba de repetir la jugada de la torre de Babel: todos aprovechan para “eskypear” con sus familias, que seguramente ya los daban por desaparecidos: Omar en árabe, Jimmy en español, Axel en sueco… Se agradece mucho este ambiente relajado, después de los últimos meses…
Para mí no ha sido un comienzo tan idílico, ya que ayer escribí mi SAT (pronunciesé “eseití”) 1, un examen necesario para estudiar en los Estados Unidos. Es algo a lo que he tenido rabia desde que comenzó el año. El SAT, o Standard Aptitude Test 1 es un examen que supuestamente evalúa nuestro conocimiento básico en matemáticas, comprensión lectora y escritura, pero en realidad no funciona, al menos no para nosotros. Viene de un sistema educativo completamente distinto tanto del que estábamos acostumbrados en nuestros países de origen como del que usamos aquí. En los colegios de secundaria estadounidenses se prepara a los estudiantes para estos exámenes con prácticas constantes, metiéndoles la estructura, la forma de contestar, el control del tiempo en la cabeza, mientras que para nosotros es algo completamente nuevo que se añade a todo el trabajo que tenemos ya de por sí, que además tenemos que pagar y para lo que adquirimos un conocimiento que no nos sirve para nada más que para esas seis horas. Eso sin contar que para nosotros el inglés es nuestra segunda o tercera lengua.
La experiencia en realidad no fue tan mala. No estaba nerviosa, porque estaba convencida de que había hecho lo humanamente posible por estar preparada, y sabía más o menos lo que me esperaba. Además, no era la única, éramos como treinta personas los que nos levantamos el sábado a las siete de la mañana y nos fuimos con nuestra calculadora, dos lápices del número dos, una goma, un sacapuntas y algo para picar al Hoegh. El corrillo que se formaba en los descansos alrededor de una bolsa de pan de pipas del Hacendado casi se podría describir como “koselig” (unos post atrás escribía sobre la imposibilidad de traducir este adjetivo, que se puede usar para describir tanto un gato ronroneando en tu regazo como una tarde que pasas en tu rincón con té, chocolate y una buena amiga). El examen consiste de diez secciones de preguntas tipo test: tres de matemáticas, tres de escritura (una de las cuales es un ensayo), tres de comprensión lectora y una décima que puede ser de cualquier grupo y se usa para estadísticas, pero no influye en nuestra nota. Claro que nosotros no sabemos cuál es. Las secciones duran 20, 25 o 10 minutos y lo que más fastidia no es la dificultad de las preguntas, sino el poco tiempo que hay para contestar y la velocidad a la que hay que pensar. En general, creo que no me salió mal. Las secciones de matemáticas fueron mis preferidas, ya que no eran especialmente retorcidas y siempre me ha gustado resolver problemas. Sin embargo, en las secciones de inglés hubo algunas preguntas en las que dudé bastante. Por un lado, encontrando minúsculos errores de gramática y eligiendo la mejor alternativa entre cinco opciones que en muchos casos eran bastante similares, o encontrar la palabra que mejor encaja en un hueco entre un puñado de términos que parecen sacados de un tratado sobre lingüística, escrito encima por alguien extremadamente redicho. Menos mal que al menos tenía la ventaja de hablar una lengua romance, con lo que pude reconocer las raíces latinas y deducir los significados de algunas palabras, pero aún así… Por otro lado, había preguntas sobre la intención del autor en distintos textos, la relación entre dos extractos, etc., y las opciones eran tan parecidas y abstractas que a veces tenía la sensación que al menos tres de ellas eran perfectamente válidas y justificadas, y no se trataba de responder lo que creías correcto, sino lo que creías que el SAT consideraba correcto… En fin… Luego las universidades son comprensivas y tienen en consideración que tenemos desventaja, pero es frustrante estar sentada ahí seis horas y pagar 78 dólares sólo porque quieren que pasemos todos por el mismo canal. Me pregunto a dónde va todo el dinero…
Como dice nuestra profesora de español, aquí todo con alegría. Así que mañana me apuntaré para los SAT 2 de diciembre. Esos son más cortos y van por asignaturas. De nuevo, da absolutamente igual que asignaturas escoja – lo que quieren es un papel que diga que he tomado dos SAT 2. Así que para mí será alemán y mates, probablemente. Casi me da vergüenza, pero bueno…
El caso es que lo he sobrevivido sin más secuelas que una sensación general de embotamiento y un ligero dolor de cabeza, pero creo que los daños no son permanentes. Así por lo menos tuve la excusa perfecta para no hacer nada de utilidad el resto del día. Me dejé mimar por Mia, mi primer año alemán con un té sabor a “flirteo atrevido” (suena mejor en alemán), me quedé dormida en la cama de Rodrigo mientras veíamos V de Vendetta por ser el 5 de Noviembre, me duché, me fui a cenar, pasé mi turno de socorrista escuchando el nuevo disco de Tom Waits que me ha pasado Max. Buenísimo, por cierto. Todavía no lo he escuchado suficientes veces como para acordarme de todas canciones, pero al menos New Year’s Eve es preciosa. Entre el saxo que se puede distinguir en el fondo, la letra y la voz del cantante casi se puede sentir sobre la piel la melancolía que aparece a veces alrededor de la Navidad… Los latinos andaban haciendo el tonto con las piraguas, la habitación 201 de Denmark House estaba intentando convencer a Ben de que se metiera en la piscina fría y Ieva y Vita, primer y segundo año de Lituania, disfrutaban de los chorros de agua.
Más tarde hice una olla enorme de palomitas, que sabían muy, muy, muy parecidas a las de Juanjo, y Rodrigo y yo nos las zampamos durante los primeros veinte minutos de El ataque de los clones. Casi me siento como si estuviera en Puentetoma, y estos días que tenemos visita de Elsie, la hermana pequeña de Olga, mi compañera de cuarto, es una pena que no pueda venirse Uli. Tengo la impresión de que se llevaría genial con gente como Rodrigo. Hoy probablemente haremos la otra mitad del paquete de maíz para acompañar La amenaza fantasma. Se han sumado también Álvaro y una promesa de bollos de canela… A ver si es verdad.
A partir de mañana sí que voy a ponerme a trabajar, pero de vez en cuando estos fines de semana sabáticos no vienen nada mal… Me tomaré el tiempo de escribir más a menudo, al menos durante esta semana. Un beso desde el relax absoluto…
“Vale, genial, aguanieve. Me muero de emoción”, fue el comentario de los más sarcásticos. “Ya sabes lo que significa eso,¿no? ¡INVIERNO!” me amenazó Wiktoria, y algunos noruegos solamente sacudieron la cabeza y murmuraron algo como “Pfft, turistas…”. Pero si realmente no se dejaron arrastrar por la alegría que causaron los primeros copos de nieve del invierno que cayeron por cinco minutos alrededor de la medianoche, mira, peor para ellos.
Sí, ya sé que tendré más que suficiente de esto en los próximos siete, quizá ocho meses, pero eso no quita que la primera vez sea muy emocionante. Estaba concentrada en la lectura de “The White Tiger”, el libro que estamos analizando en inglés, y tenía la mente llena de rikshas, de olor a especias y de los hoteles y bares de Delhi, cuando comencé a oír gritos y risas fuera, levanté la mirada y vi los copos, no, los trapos cayendo fuera de mi ventana. Grité “¡está nevando!”, cosa que no causó ninguna reacción en mis compañeras, y bajé corriendo las escaleras. Antes de abrir la puerta de Denmark House ya podía oír las risas y gritos de os latinos, para los cuales era la primera vez que veían nieve… Me abrazó Jimmy, de Costa Rica, después Alonso, Felipe… Muchos africanos estaban allí de pie, sin saber muy bien qué hacer, mirando maravillados hacia arriba, algunos asiáticos se sacaron una foto con el móvil… Y los segundos años nos empezamos a abrazar también, bromeando, pero sinceramente felices. Sí, ya lo habíamos vivido una vez, pero era uno de esos momentos en los que los recuerdos del año pasado se mezclaban con lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor, que era similar y al mismo tiempo completamente diferente. Uno de esos momentos que se graban en la memoria.
Foto de Tian Ge (China)
Es el comienzo del invierno, un invierno que traerá mucho, mucho frío, que cubrirá de hielo rampas, escalones y carreteras, que casi no nos dejará ver el sol en meses… Pero mientras mirábamos hacia arriba, hacia el remolino de copos, y atrapábamos algunos con la lengua, sólo pensábamos que también vendrán las guerras de bolas de nieve, el patinaje sobre hielo, el sonido del hielo resquebrajándose sobre el fiordo, las noches de luna, en las que sales del cine y el campus parece espolvoreado con azúcar en polvo, los enormes cristales de hielo, la Navidad…
Ahora ha vuelto la lluvia, pero para mí esos cinco minutos han sido como una promesa, un avance de la belleza que sustituirá a esta lluvia, que ya me está cansando un poco…
Deep in our sub-conscious, we are told
Lie all our memories, lie all the notes
Of all the music we have ever heard
And all the phrases those we loved have spoken,
Sorrows and losses time has since consoled,
Family jokes, out-moded anecdotes
Each sentimental souvenir and token
Everything seen, experienced, each word
Addressed to us in infancy, before
Before we could even know or understand
The implications of our wonderland.
There they all are, the legendary lies
The birthday treats, the sights, the sounds, the tears
Forgotten debris of forgotten years
Waiting to be recalled, waiting to rise
Before our world dissolves before our eyes
Waiting for some small, intimate reminder,
A word, a tune, a known familiar scent
An echo from the past when, innocent
We looked upon the present with delight
And doubted not the future would be kinder
And never knew the loneliness of night.
Cuando comencé este post hoy por la mañana, no pensé que tenía todo esto guardado, que escribiría tanto, pero me ha salido un artículo bastante largo. Ni siquiera tengo fotos para aliviar entre párrafo y párrafo los ojos cansados, así que… Bueno, ¡quedáis avisados! A veces toca esto, entre tardes de Bob Marley y excursiones de escalada…
“Lovely Lea! See you soon! Enjoy the weekend. <3 – Sangita & Sukeji”, dice la nota que me he encontrado en mi escritorio al volver de un desayuno tardío o un almuerzo temprano. Es de mis dos maravillosas compañeras de habitación del primer año, a las que ya he cogido un montón de cariño. La verdad es que he tenido una suerte tremenda con mis compañeras de cuarto, y Denmark House 203 es la mezcla perfecta de aire fresco y olor a velas o perfume, de pequeños detalles y decoraciones que la hacen acogedora, como nuestra tetera en la mesa central o los farolillos chinos que cuelgan de la lámpara, de estudio y diversión, de arte y música, ni demasiado desordenado, ni demasiado estricto, con un baño limpio y caótico en su justa medida. Siempre dejamos un mensaje de despedida en la puerta o en las mesas de los demás cuando nos vamos por unos días, deseando un buen fin de semana o prometiendo traer helado si vamos a la ciudad, así que la nota en mi escritorio no tendría por qué ser nada especial. Sin embargo, el motivo por el que Sukeji y Sangita van a estar fuera estos dos día sí es bastante especial: como la inmensa mayoría de los primeros años, van a participar en un juego de rol sobre refugiados, una actividad organizada por la cruz roja que tiene lugar en nuestro colegio todos los años. El año pasado yo participé, pero creo recordar que no llegué a escribir sobre ella, así que he pensado que ahora que veo a mis amigos aprendiéndose los nombres y edades de sus “familiares”, de la gente en su grupo, llenándose los estómagos de arroz con leche, vestidos como una cebolla, nerviosos y expectantes, cuando vuelven recuerdos y sensaciones del año pasado, aparece una preocupación casi maternal (¡preocupante!) y me pillo preguntándoles si han comido suficiente, si llevan ropa interior térmica y guantes, ahora sería un buen momento para escribir sobre mi experiencia…
El juego de rol se llama “på flukt”, que en significa algo así como “huyendo”, y, como mencioné antes, es organizado por la Cruz Roja. Se trata de experimentar durante 24 horas la vida de un refugiado que está huyendo de un conflicto o de una situación de miseria y viene a otro país buscando asilo. Los controles, la discriminación, el maltrato, las dificultades para encontrar un sitio donde dormir y comida, la ayuda de organizaciones humanitarias, que a pesar de ser limitada, siempre es bienvenida, el miedo, es estrés, el no saber dónde estás ni qué hora es ni lo que va a pasar, la necesidad de esconderse cada vez que pasa un coche, de correr cuando viene la policía, de cuidar de otros en una situación extrema, de caminar y caminar por la noche, sin dormir apenas… Estas 24 horas te proporcionan una pequeña dosis de cada una de estas sensaciones.
Yo no me arrepiento de haberlo hecho el año pasado, aunque desde luego no fue una experiencia que disfrutara. Tampoco está hecha para ser disfrutada. La peor parte para mí no fue el andar por horas en la nieve, subiendo montes y entrando y saliendo del bosque, sin una meta exacta, o seguir la carretera de noche sin reconocer a nadie más que a quien está caminando a tu lado, y esconderse o echar a correr cada vez que viene un coche… Mientras estaba fuera y podía respirar aire fresco y moverme con relativa libertad, no me sentía demasiado mal. Fue el tiempo que pasamos dentro lo que más me afectó. Primero los controles antes de poder salir del país: vaciar nuestras mochilas una y otra vez y tener que buscar nuestras pertenencias entre un montón enorme de ropa, para luego tener que volver a echarlas diez minutos después, ser cacheados y que nos quitaran los relojes, alguna comida que habíamos intentado llevar, pasar por el médico y algunas pruebas físicas completamente carentes de sentido… Mientras esperábamos en los pasillos llenos de gente, vestidos con demasiada ropa, apretados y agobiados me invadió una sensación febril, fue horroroso. Los guardias, oficiales y médicos devoraban hamburguesas y platos de comida mientras los mirábamos y después de ser empujados de una habitación a otra por horas, ya no sabía qué pensar o hacer.
También la simulación de la frontera fue bastante impresionante. De noche caminamos a Flekke y sabíamos que podríamos dormir por un tiempo en un “campamento de la Cruz Roja” después de la frontera, y que nos darían comida, pero antes estuvimos esperando quizá media hora o una hora entera, con militares gritándonos, forzándonos a hacer dominadas, a arrodillarnos, a levantar las manos, todo por capricho…
En conjunto creo que fue una experiencia valiosa, aunque no estoy segura de que realmente mejorara tanto mi comprensión de la vida de un refugiado. Es cierto que vivirlo es distinto a imaginárselo, pero nada de lo que me ocurrió fue sorprendente o completamente inesperado. Sorpresa en ese momento, sí, pero no inesperado. Otra cosa que caracterizó nuestra experiencia fue, que algunos de los actores o instructores de la actividad fueron nuestros segundos años. Normalmente se supone que son todos externos al grupo de participantes, de forma que no los conoces y no los ves después, pero aparentemente no tienen suficiente gente para hacer eso. No creo que sea una buena idea. Quizá lo exagere un poco, porque al fin y a cabo todos sabemos que es un juego de rol y por supuesto no lo extrapolamos a la realidad, pero no puedes evitar personalizarlo. El año pasado, sé que para los actores fue una experiencia tan intensa como para nosotros. El ser tan crueles e injustos y casi violentos con nosotros los afectó de varias formas. Algunos consiguieron verlo como un ejercicio y superar el mal sabor de boca con una buena noche de sueño, otros se asustaron al pensar que quizá se estaban metiendo demasiado en el papel, que no se daban cuenta de que eran personas, sus amigos, esa gente a la que estaban maltratando, que consiguieron eliminar eso de sus mentes durante el ejercicio, y unos pocos casi se derrumbaron después de horas de intimidar a sus amigos y a la gente con la que vivían.
A mucha gente le resultó fácil “cambiar el chip” una vez acabado el juego de rol. A mí no tanto, y sé que a otros les pasó lo mismo, de ambos grupos, de los actores y de los participantes. No me sentí distanciada ni mucho menos de los que habían sido mis “maltratadores”, más al contrario: la experiencia nos unió mucho en al menos dos casos. Pero durante días tuve esta sensación surrealista, y me sentía triste sin saber realmente por qué, y me asaltaban los recuerdos de vez en cuando.
Tengo que admitir que este año, cuando anunciaron que necesitaban a gente para ayudar en la organización, sentí curiosidad. Una parte de mí quería saber lo que se siente, si sería capaz de hacerlo, cómo reaccionaría en esa situación. Pero mi curiosidad, por muy grande que sea, tiene límites, y este es uno de ellos. Nunca había probado los juegos de rol, y la idea de estas dos realidades solapadas para mí es muy extraña, y me da miedo. Probablemente no sea tan extremo como lo siento ahora, pero tengo la impresión de que es muy fácil cruzar el límite, aunque sea por muy poco, y que entonces es difícil volver atrás y la situación cambia a algo completamente distinto. De todas formas, soy consciente de que es una impresión muy personal, y de para mucha gente probablemente sea más fácil controlar y separar estas dos realidades que para mí.
Aprovecharé el fin de semana para trabajar. La diferencia se nota un montón, el campus parece vacío. Pero no puedo evitar que mis pensamientos vuelvan con frecuencia al año pasado, o me imagine a mis amigos que están pasando por algo parecido mientras escribo. Vamos a calmarnos, que al fin y al cabo sobrevivirán, y sé que mis preciadas compañeras de habitación volverán sanas y salvas… Espero que salga bien y sea una experiencia interesante y valiosa para todos.
¡El primer día de helada! Sólo una fina tela de araña de escarcha, casi imperceptible, que cubría el prado entre las casas y la kantina , pero ya había sucumbido al sol cuando volví. Sí, habéis leído bien – sol hoy también en Flekke. Qué gran despedida del calor. Esta mañana me he levantado sintiéndome fatal, y no he ido a clase, pero el buen tiempo realmente puede con todo. Ahora estoy sentada con Kris debajo de un manzano, envuelta en una manta y con varias capas de ropa, mientras Ashley, de Serbia, y Mirza, un kurdo establecido en Suiza, juegan al baloncesto en la canasta que cuelga de Uncle Tom’s Cabin. Todo el mundo está en sus actividades, de vez en cuando pasa alguien y se une para unos tiros a canasta, o intercambia algunas palabras con nosotros y sigue su camino. Pero la mayor parte del tiempo sólo se oyen los pájaros, los golpes del balón, el pasar de páginas de Kris y mis golpecitos en el teclado. Ya entiendo por qué da la impresión de que realmente los pasamos mal aquí… Un asco de vida, vamos. Si ahora que lo pienso, incluso estar enferma no está mal. Las clases que me he perdido no son tan graves, algún profesor incluso me ha mandado un correo deseándome que me mejore pronto, he llegado a disfrutar de ese momento de estar en la cama sin dormir, de sentir las mantas y almohadas calentitas alrededor de mí y la luz que se filtra por mis cortinas, algo inexistente en mi día a día… Me he levantado a las doce y media, cuando la vista de mi ventana era ésta,
me he dado una ducha y me he ido a comer. Comí en una kantina vacía, con Eivind, que también está enfermo, y después he pasado la tarde en un limbo temporal, sin ninguna reunión a la que acudir, ninguna actividad en la que participar, sin sentirme estudiante del IB. Por la silla a mi lado pasaron Kris, con el que estuve charlando un buen rato y comiendo el chocolate alemán que nos donó Meta; Álvaro, que está intentando resolver el Cubo de Rubik y lo lleva a todas partes; Prince, que es casi dos metros de materia adorable de Swazilandia; y ahora Mia, mi primer año alemana, que está leyendo para Literatura Mundial. Pero ahora el sol está bajando y mis pies se están enfriando. Así que daré fin a una tarde idílica de dolor de estómago, y me iré a mi cuarto a trabajar. Me imagino que este será el último post sobre mis ensoñaciones doradas, que ya vale. En realidad siempre me siento con el propósito de escribir sobre la semana de proyectos, o sobre las visitas de universidades, pero luego me gusta tanto escribir y tengo tantas cosas que contar y la cabeza tan llena de pensamientos y emociones que acabo escribiendo de lo que está pasando ahora mismo a este lado de la pantalla. Intento capturar los juramentos en árabe cuando el balón rebota en el aro de la canasta, el sudor sobre la piel negra de Leo, el sonido de la puerta de Norway House al abrirse, el acento vietnamita de Nguyen, la imagen de Kris revolviéndose en la silla porque no sabe qué hacer con sus piernas demasiado largas, la visita relámpago de Karolina… A veces pienso que es lo que realmente cuenta de estos dos años, todas esas pequeñas impresiones, las películas y el café de los viernes, esa noche en la que se veía la Vía Láctea, esa conversación a la hora de la cena sobre pudin de vainilla, cuando alguien me pasa la mano por el pelo, que Scott me ha vuelto a cortar corto, corto, corto… ¿Os llega? Quiero recordar todo esto tan bien como las grandes fiestas, las excursiones, las discusiones intensas, los encuentros y choques de culturas… Sé que lo echaré de menos.
Me voy, qué fresco hace ahora. Al contrario que los jugadores de baloncesto, que se están calentando más y más. No es por confirmar estereotipos, pero de verdad, los árabes… Ahora el balón ha llegado hasta nuestras sillas y casi morimos aplastamos. Creo que es una señal de los dioses. Abandono mi puesto y le doy al botón de “publicar”.
Kristoffer (Dinamarca) y yo delande del edificio de ciencias (¡esto es lo que vemos cuando desviamos un poco la mirada durante las clases!) el sábado pasado. Otra mañana regalo del viento del norte. La foto es de Mette, también de Dinamarca.
A pesar de los abetos que cubren las montañas alrededor de Flekke, y que “son tan verdes en verano como en invierno, cuando nieva” (preguntad a lo alemanes por su “O Tannenbaum, O Tannenbaum”), sí se nota la diferencia con las tonalidades frescas del verano…
Sol, sol, sol. Hace un día tan espléndido en nuestro fiordo que incluso el peregrinaje de las sábanas es un placer. Desde que han abierto el nuevo edificio de mantenimiento un poco más alejado de las casa, ya no cambiamos nuestras sábanas en Uncle Tom’s Cabin, sino que tenemos que andar un poco más lejos. Un corriente constante de peregrinos, cada uno con su saco blanco a la espalda a la ida (las sábanas metidas en la funda de la almohada) y un taquito impecablemente doblado en las manos a la vuelta, pasa debajo de mi ventana todos los miércoles. Un miércoles es a gente de Norway, Sweden y Finland House, el siguiente somos nosotros de Denmark House y nuestros vecinos de Iceland House. A mí personalmente no me importa andar, es más, me gusta, especialmente cuando hace un tiempo como hoy. Cielo azul, sol, un poco de viento fresco y unas nubes blancas y algodonosas como ovejitas, por una vez nada amenazantes. Kristoffer me estaba explicando hace un momento que hoy hace buen tiempo porque sopla el viento del Norte, y es un viento seco y frío, al contrario que el viento del suroeste que sopla normalmente y que nos trae esa capa pesada de nubes grises y los chaparrones de los últimos días. Mira que siempre nos reímos de los estudiantes de Environmental Systems por ser no ser una “ciencia de verdad”, ya que en principio es una asginatura pensada para estudiantes más enfocados en las humanidades, pero a veces parece que aprenden más cosas útiles para la vida…
Las de esta semana han sido unas lluvias torrenciales, incluso ha granizado. Somos conscientes de que días de sol como hoy son un milagro, un regalo antes de que venga el invierno largo, oscuro y frío, que ya se puede oler en el aire y que nos empieza a retrasar los amaneceres. Son las últimas oportunidades de dar un paseo a la isla tranquilamente, o sentarse delante del edificio de ciencias, en el embarcadero, de cenar fuera, de llevarse los libros y ocupar una de las rocas en las que rompen las olas de miniatura, de ponerse un vestido de verano y pintarse las uñas de los dedos de los pies para despedir las sandalias, de abrir la ventana y de escuchar la música de Sweden House 201 durante el peregrinaje, que varía desde los clásicos del colegio a Vivaldi, del hip-hop a los Ramones… Así que aprovechamos bien estos días que nos ofrece el Viento del Norte. Hoy después de limpiar la habitación me fui con Bennie a Flekke, y cuando superamos la colina a la entrada del campus, pasamos la primera curva y vimos los valles con sus pequeñas granjas, las ovejas pastando a la orilla del fiordo y el lago al otro lado de la carretera, todo bañado por el sol de la tarde me di cuenta de lo mucho que me guste este sitio. A veces tengo la sensación de estar encerrada, a un lado roca, al otro el fiordo, y por encima las nubes y una masa de trabajos y exámenes, de relaciones complicadas y pequeños dramas que en ocasiones casi me aplasta. La burbuja se ma hace demasiado pequeña y tengo ganas de irme, de hacer otras cosas… Pero en días como éste sé que de alguna manera lo conseguiré, y que en realidad, como diría mi padre, todo es nada (en el buen sentido de la expresión), de que hay un montón de cosas que disfrutar y vivir aquí, de lo contenta que estoy de estar en Flekke y no en otra parte, y con estas doscientas personas y no otras. Y de que mi ventana de al fiordo.
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Hablando de ventanas…
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Caminé con Bennie hasta Flekke Shop, y vuelta, y aunque a veces nos caían un par de gotas que quizá se confundieron de valle, aunque teníamos el anorak de invierno puesto y se nos enfriaron las mejillas, fue una tarde maravillosa. Se me había olvidado la cámara, siempre me da una rabia tremenda, y cuando llegamos al campus, salí otra vez para hacer algunas fotos. En realidad pensaba subir al blog las fotos de mi PBL, de mi semana de escalada y surf, pero al final me ha salido este torrente de palabras… Igual que las fotos nunca captan los tonos exactos de los árboles otoñales, los matices cálidos de la luz y mucho menos la sensación del sol sobre la piel, creo que por mucho que escriba, no voy a poder transmitir la felicidad que flota de casa en casa, por las calle principal del campus, se cuela por las ventanas y agita un poco las cortinas de las camas… De forma que lo dejo así – espero que os gusten las fotos, que no os parezcan aburridas. ¡A ver si consigo subir las de la PBL hoy también!
Flekke. No sé si soy yo y mi tamaño de hobbit por el que soy conocida entre mis amigos nórdicos, o esto podría ser la Comarca. Una cueva por aquí y un trol por allá (aunque quién dice que no estén ya por ahí…)
Hablan otros vikingos...